España no dejó dudas. Borró a la Argentina de Lionel Messi y es el nuevo campeón del mundo. La Roja suma su segunda estrella mundial.
Eso sí, el partido fue mucho más ajustado en el resultado que en el rendimiento. España merecía golear. Maniató a su rival, pero tuvo que esperar hasta el segundo tiempo del alargue para celebrar.
Desde el arranque contó con el manejo del balón. El principal aliado del juego de la Roja europea es la posesión. Ahí está su idea matriz. Mientras que Argentina estaba compacta en su terreno, saliendo a apurar a los centrales en la salida. En un contexto donde el primer tiempo fue de más a menos, la tenencia de los hispanos fue del 65% en los 45′ iniciales.
En los 5′, la primera de España estuvo en los pies de Lamine Yamal, cuyo remate, desviado en Lisandro Martínez, fue contenido por “Dibu” Martínez. El joven prodigio del Barcelona, demasiado estacionado en la derecha, animó un intenso duelo con Tagliafico, quien no le perdía el rastro.
Eso sí, España jugaba con fuego al nunca renunciar a salir jugando desde su área. En esa instancia, los atacantes transandinos salían a apurar y presionar. Messi, jugando su tercera final del mundo (igualando a Cafú) entró poco en contacto con la pelota en la primera mitad. Aunque, conociendo al rosarino, aquello no era mayor problema para la Albiceleste. Las escasas emociones del lapso inicial se dieron en el área argentina, con las aproximaciones españolas. Los de Scaloni no remataron a portería.
Dentro de las pocas jugadas hilvanadas, en los 39′ desperdició una opción Mikel Oyarzabal, cuyo remate no salió potente y fue controlado por Martínez. Con un Marc Cucurella activo como agente ofensivo, España “ganaba por puntos”, aunque le faltaba la puntada final. El plan defensivo argentino tuvo una sensible baja antes del descanso, porque salió lesionado Lisandro Martínez.
Luego de un entretiempo que duró 27 minutos, incluyendo el show musical, la final continuó con la misma tónica. España como dominador del balón, y una Argentina queriendo contragolpear, aunque no contaba con valores suficientemente veloces. De hecho, Scaloni sacó a Nico Gonzalez para incluir a un sobregirado Leandro Paredes. Fue evidentemente llamativa la postura conservadora de la Albiceleste. La pelota le duraba muy poco.
La posesión era roja, no obstante dio más con el marco. Eso sí, no lograba vulnerar al “Dibu” Martínez. Si en los 46′ lo tuvo Baena, en los 64′ fue un remate de Olmo que contuvo el meta del Aston Villa. España dominaba y merecía abrir la cuenta, aunque seguía fallando en la concreción. De la Fuente quería ganarlo en el tiempo regular. Por lo mismo metió a Pedri, Merino y Nico Williams.
Por su parte, los transandinos veían pasar la pelota. No lograba obstruir la idea de los hispanos de otra manera que no fuera esperar en su campo. No intentó apostar en pelearle la disputa del balón. Quizás, era una batalla perdida desde esa vereda. ¿Messi? Caminando. A lo mejor, ideando algún truco. Tampoco la fortuna estaba del lado sudamericano, toda vez que Scaloni perdió a sus dos centrales por lesión (Medina entró por Romero en el complemento). Argentina apostaba por el alargue.
En el tiempo añadido, el campeón vigente se quedó con 10 por la expulsión de Enzo Fernández. Recibió la segunda amarilla tras bajar a Cubarsí. En la última del tiempo regular, nuevamente el “Dibu” se levantó como el salvador al atajar un tiro libre de Yamal.
El monólogo se intensificó en la prórroga. Argentina, abroquelada, encomendada a San Emiliano (Martínez). España, paciente, buscando una y otra vez. Con uno más. Le anularon el 1-0 a Williams, porque cobraron falta de Merino. Comenzando los 15′ finales, por fin se le dio el gol a los ibéricos. Minuto 106 y Ferran Torres marcó con un potente remate tras pivoteo de Nico Williams. Era lo justo por el desarrollo del encuentro.
Recién ahí Argentina pudo empezar a intentar atacar. Messi recién empezó a poder tocar el balón, pero no le alcanzó.
Argentina, eso sí, tuvo una chance clara, pero el remate de Simeone no tuvo puntería.
Así, el gol de Ferran entra en los libros de la gran historia del fútbol español, así como el de Andrés Iniesta en Sudáfrica. Después de 16 años, la Roja de Europa vuelve a subirse al Olimpo. Suma su segunda estrella, despegándose de Inglaterra en el palmarés general, y alcanza a Francia y Uruguay.