La globalización agoniza
A estas alturas occidente ya no puede competir con varios países del mundo, varios de ellos del BRICs, porque se han quedado atrasados en el proceso del capitalismo competitivo. Entonces están acudiendo al expediente nacionalista conservador, para cuidar sus mercados internos de manera imperial y colonial.

La globalización nació como un instrumento de imposición y triunfo del capitalismo sobre el derrumbe del socialismo real. Después de la caída del muro de Berlín en 1989, dicho triunfo de las mentalidades liberales occidentales se plasmaron en las virtudes de la globalización: libre comercio y libre circulación del comercio por el mundo; por supuesto, menos de seres humanos. Ese escenario les favorecía totalmente a los países occidentales, que en los años 90 significaban el 90% de la economía mundial. Hoy esos mismos países ricos sólo representan el 37% de la economía mundial. Por tanto, ya no les conviene la globalización.
Por eso, entre otras cosas complejas, el resurgimiento de los nacionalismos de ultraderecha en occidente. La consigna de Trump es tan simple como eso: primero América. Regresar sus industrias que estaban en China, por los bajos sueldos a nombre del libre comercio, porque China ya no es la misma de hace 30 años, sino una potencia competitiva. Pues China produce los mejores automóviles eléctricos del mundo, con precios accesibles y competitivos que los Estados Unidos ni Europa pueden competir. Por tanto, mejor cerrar fronteras y cobrar aranceles totalmente anti económicos y anti liberales.
A estas alturas occidente ya no puede competir con varios países del mundo, varios de ellos del BRICs, porque se han quedado atrasados en el proceso del capitalismo competitivo. Entonces están acudiendo al expediente nacionalista conservador, para cuidar sus mercados internos de manera imperial y colonial.
Sin embargo, el mundo ha cambiado dramáticamente. No es el mismo de hace treinta años ni en lo político ni en lo económico. Al parecer, las élites de occidente realmente no se han enterado y siguen con sus visiones coloniales e imperiales. Anclados en el pasado de los siglos XVI y XIX, todavía conviviendo con sus señoriales puntos de vista cuando el mundo está cambiando a ritmos veloces.
Una de las exigencias por todo el mundo es la urgente necesidad de transformación de las finanzas mundiales. Hoy totalmente totalitarias y con condicionamientos coloniales, que no permiten competencias limpias y en términos más democráticos. Desde la perspectiva política, el mundo ya empieza a girar hacia multilateralismos donde ningún país y sus satélites, como hasta hoy, se atribuya ser dueño del mundo.
Las guerras de Vietnam y Afganistán han sido un rotundo fracaso para las potencias imperiales. Sin embargo, ni esas experiencias del fracaso les enseñan a sus diplomáticos algo, para entender los profundos cambios en el mundo. Pero es cierto que el sistema se alimenta económicamente de las guerras. Necesita el sistema de guerras. Es lo más atroz y terriblemente cruel, pues el sacrificio de millones de seres humanos, sólo para satisfacer a cúpulas y élites del primer mundo enriqueciendo al infinito.
Lo que estamos pasando es una compleja transición hacia moldes o modelos todavía desconocidos. Tendremos varios años de incertidumbre mundial. Años de reacomodo mundial, donde todos busquemos un mejor lugar. Sin embargo, las contradicciones y choques de intereses poderosos seguirán siendo las constantes en estos cambios.
Bolivia siendo periferia de la periferia muy poco puede contribuir a estos cambios. Sólo ver donde más nos conviene para nuestra sobrevivencia. Sin estrategias de Estado, sin estrategias de sociedad civil, todavía sin resolver nuestros problemas estructurales, sólo nos queda al menos, si es que hay algo de inteligencia, ver donde podemos ganar más dinero y espacios de decisiones políticas acorde a nuestros intereses.
Bolivia tiene que sacar lecciones de estos cambios mundiales e internos. Pero eso es si es que tenemos equipos altamente capacitados y especializados, para estos análisis estratégicos. Hoy, no tenemos estos equipos especializados, sino grupos de politiqueros ideologizados que ya sabemos no sirven de nada. Sin estos análisis necesarios como insumos para planificaciones de país estratégicos, simplemente seguiremos caminando a ciegas y con discursitos coyunturales totalmente desfasados de los acontecimientos mundiales.
En todos los procesos mundiales, como en la globalización, Bolivia sólo es un país periférico extractivista. Aportamos desde la colonia con materias primas sin que eso nos deje riqueza sostenible. Ni siquiera producimos alimentos nuestros. Seguimos como siempre, con los sueños a cuestas; sin aterrizar en proyectos realmente estratégicos y totalmente bolivianos.
La Globalización fue aprovechada por algunos países, que tienen objetivos estratégicos hacia el mundo. Ese fue el caso de China e India. Nosotros no aprovechamos en nada, sino como sobrevivencia y exportadores sólo de materias primas. Ahora la globalización ya pasa y muere; nosotros sólo somos simples espectadores del palco tercermundista, sin personalidad diplomática y peor sin personalidad económica. La pobreza y miseria siguen campeando nuestras calles, nuestras ciudades.
Los cambios que se producen por el mundo no tocan nuestra puerta, porque no tenemos las condiciones básicas para al menos acompañar a esos cambios. Con sistemas educativos caducos e ineficientes, con politiqueros analfabetos que ni idea tienen de planes estratégicos de país, pues nuestro presente y futuro es nomás oscuro e incierto.
La globalización agoniza y otros escenarios se dibujan en el mundo. Los países con objetivos y planes estratégicos ya corren para acomodarse en esos escenarios. Bolivia sigue nomás en el siglo XIX, en la periferia de la periferia: mental, costumbrista, politiquera y absolutamente mediocre. En fin.