Senador, activista del 21F y dirigente de Libre, José Manuel Ormachea recorre en esta conversación el tránsito que lo llevó de la academia y las plataformas ciudadanas a la política institucional: su recuerdo de octubre de 2003; la elección de Evo Morales en 2005; el 21F, al que atribuye un efecto generacional y regional; su lectura de la crisis de 2019, que define como fraude y no como golpe de Estado; el papel de Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho; la sucesión de Jeanine Áñez y su evaluación de aquel gobierno; el retorno del MAS con Luis Arce; la relación entre democracia y estabilidad económica; su posición frente al gobierno de Rodrigo Paz; la vigencia de Jorge «Tuto» Quiroga y la mirada de Libre hacia 2030. También habla de la derecha, de lo que cree deberle a Evo Morales y a Carlos Mesa, del costo familiar de la política, de los acuerdos que aceptaría con sectores del antiguo MAS y del país que quiere dejarle a su hijo.
Entrevista: El Interrogatorio / O Stream
Esta edición conserva las preguntas, el orden y el sentido de la conversación original. Solo se corrigieron muletillas, repeticiones accidentales y errores evidentes de transcripción. En el cuerpo de la entrevista, las afirmaciones, interpretaciones y datos no verificados externamente se presentan siempre como respuestas del entrevistado; la contextualización editorial se limita a la entradilla.
IDENTIDAD: ACTIVISTA Y POLÍTICO
P ¿Ya se considera político?
— Sí. Me considero político, pero soy un activista con instrumentos políticos y un político con alma de activista.
P ¿Le gustaban los políticos cuando era activista?
— No todos y no todo el tiempo.
P Es senador. ¿Quiere poder?
— Poder hacer.
P ¿Ambicioso?
— La ambición de poder hacer siempre es buena.
P ¿Le gusta confrontar?
— Confrontar ideas y confrontar a la injusticia, siempre, venga de donde venga.
P ¿Impulsivo?
— A veces. Cada vez menos.
P ¿Le han dicho arrogante alguna vez?
— Muchas. Pero no soy de las personas que se toman a pecho eso. Más bien, siempre es una buena oportunidad para corregirse a uno mismo: uno es una obra en progreso permanente. Por tanto, no me duele, no me resiento y utilizo esas críticas para mejorar.
P ¿Un político necesita grandes enemigos?
— Un político necesita grandes causas.
OCTUBRE DE 2003, EVO Y EL 21F
P ¿Dónde estaba usted en octubre de 2003?
— Estaba encerrado en mi casa con mi padre, mi madrastra y mis dos hermanos. No entendía demasiado porque era bien joven. Lo único que sabía era que era una convulsión más del país, pero que se estaba saliendo de las manos.
— Realmente me cayó la verdad de lo que estaba pasando cuando mi papá nos reunió en la mesa al cenar y nos dijo: «Tenemos una semana más de comida. Después no sé de dónde voy a sacar, porque este país está cayendo a pedazos».
— Yo era muy joven, tenía 13 años, algo así. No me imaginaba lo que estaba ocurriendo realmente hasta que salí en Achumani a la calle simplemente para ver qué estaba pasando en la avenida y toda la avenida estaba con llantas prendidas con fuego. Ahí dije: «Uy, esto es serio, de verdad». Eso es lo que recuerdo. Estaba roto el país en ese momento.
P ¿Necesitaba un cambio?
— Necesitaba un gobierno más representativo.
P ¿La elección de Evo Morales en 2005 fue histórica?
— Fue histórica en el sentido neutro de la historia, no en la acepción positiva o negativa. ¿Por qué? Porque fue histórica. Y con el pasar del tiempo fue histórica para mal.
P ¿El 21F lo hizo político?
— Sí. El 21F me ha hecho político. El 21F ha sido un llamado de la historia, de la coyuntura, para dejar lo que realmente amo, que es la academia, e ingresar a la calle pensando en el futuro de mi familia y de toda la gente que quiero, dejando de lado lo que yo realmente quería hacer, que básicamente es lo que me hace más feliz en la vida: ser docente universitario.
P ¿El 21F fue una victoria de los activistas o una derrota de Evo?
— Fue una victoria de una nueva generación porque nosotros movimos la aguja, desequilibramos el tablero de tal forma que cambiamos la historia, y no solamente la historia de Bolivia, sino la historia de Latinoamérica. Y no quiero ser arrogante con eso.
— La generación del 21F le pertenece a un grupo de almas muy decididas que finalmente derrotaron a alguien que era imbatible con sus propias reglas, en su propia cancha, con una cancha completamente desnivelada, con recursos, no te miento, por lo menos 200 a uno a favor de él en plata, logística y recursos humanos. Conseguimos una hazaña gigantesca que tuvo repercusiones a nivel latinoamericano porque todos empezaron a cuestionar si la reelección indefinida en otros países también era algo positivo o no.
«El 21F me ha hecho político.»
P ¿Bolivia está mejor que en 2019?
— Bolivia está mejor en el entendido de que ya se volvió parte de la cultura nacional comprender que la acumulación de todo el poder no hace bien ni en tiempos de vacas gordas ni en tiempos de vacas flacas. La democracia, la rotación en el poder y, obviamente, el recambio generacional y político ya son un patrimonio de los bolivianos.
2019: FRAUDE, PROTESTA Y SUCESIÓN
P ¿Cuándo decidió que 2019 era un fraude? ¿Cuándo se convenció de que eso era así?
— Estábamos aquí, en el Mediterráneo, en Costanera -ya no existe-, un salón de eventos. Ahí el conteo rápido, el famoso TREP, dio cuenta de que íbamos a segunda vuelta sí o sí. Nos dimos cuenta de que fue fraude cuando, al empezar el cómputo oficial, el escrutinio se corta en la noche y, cuando reaparece, Morales aparece matemáticamente, de una manera muy artificial, por encima de Carlos Mesa, rompiendo un patrón de comportamiento.
— No puede ser que desde el momento en que se corta el conteo hasta el momento en que retorna el 100% de los votos hayan ido para un solo candidato: Evo Morales. Eso probabilísticamente es prácticamente imposible. Y eso lo corroboró después el informe preliminar y luego el final de la Organización de Estados Americanos y su misión electoral, que detectaron incluso servidores externos extranjeros que habrían ingresado al sistema del Órgano Electoral durante el proceso de cómputo.
P ¿Había alguna organización o alguien dirigiendo a la gente que reclamaba el fraude?
— Era muy orgánico, muy natural. Pero cuando la gente está sumergida en un caos de estas características y no tiene a quién acudir, acude a quienes son los actores principales de la situación. Claramente acudieron a las palabras y al liderazgo de Carlos Mesa para que capitanee, para que sea el timonel, porque él era un protagonista. A él le estaban robando la elección junto al voto de la gente.
P Pero el que entró a Palacio fue Camacho.
— El que entró a Palacio fue Camacho. Camacho, por supuesto, en el Oriente lideraba la rebelión ciudadana. No hay ninguna duda de aquello. Camacho llegó también, entró a Palacio. Ese fue un acto simbólico y nosotros fuimos a festejar al Prado con Carlos Mesa. No tocamos la puerta del Palacio ni nada; esa fue una decisión de Camacho.
P ¿No hubo racismo durante esos días?
— Nosotros siempre nos hemos desvinculado de cualquier expresión de racismo. En Bolivia el racismo es una triste realidad que no se ha superado a día de hoy. Y la lucha contra el racismo supuestamente abanderada por el MAS nunca fue tal, porque en muchas ocasiones acudían al racismo a la inversa para justificar la lucha contra el racismo tradicional, de una élite contra los sectores más humildes y más necesitados de nuestro país.
P Entonces, ¿no fue golpe?
— Por supuesto que no fue golpe. Fue un fraude gigantesco. Fue un fraude que tiene que tener acusados y consecuencias para quienes lo han perpetrado.
P ¿Cómo puede ser un fraude, una rebelión y un golpe o autogolpe al mismo tiempo? ¿Cómo puede ser todo al mismo tiempo?
— No creo que haya sido todo al mismo tiempo, bajo ningún punto de vista. Yo creo que aquí se produjo un fraude, un típico fraude, sobre todo maniobrado digitalmente, como se hace en el siglo XXI. Estoy convencido de que servidores externos a nuestro país han inoculado resultados; que el fraude no ha sido en su mayoría físico -sí ha habido una parte física-, pero sobre todo ha sido digital.
— No ha habido un golpe bajo ningún punto de vista. Se ha manejado en algún momento la idea de que, posterior a la perpetración del fraude, Evo Morales inició un proceso de autogolpe. ¿A qué me refiero? A que quería que renuncie toda la línea de mando de la directiva de la Cámara de Diputados y que posteriormente pase a las Fuerzas Armadas, a Calimán, el mando del país, y que Calimán le devuelva la Presidencia a Evo Morales, con ese método inaugurado por Hugo Chávez en Venezuela y muy probablemente por recomendación de los cubanos, del famoso G2.
— Y yo sé que las Fuerzas Armadas se apegaron a la Constitución, sobre todo mandos medios, y le dijeron al Comando en Jefe que, si le devolvían el poder a Morales en esas 48 horas donde había acefalía de poder, ellos iban a encargarse de arrestarlos. Esa es información que tengo.
— Es por eso que se decidió en una sesión del Congreso que la línea de mando constitucional vaya hacia Jeanine Áñez. Quien aportó muchísimo para que se entienda, por una decisión del Tribunal Constitucional de cuando fue Presidente, que no podía haber acefalía del cargo en Bolivia, fue Tuto Quiroga junto con Lucho Vásquez Villamor, que encontraron esa determinación. Fue uno de los fundamentos por los cuales se entiende y se sabe, y está comprobado, que constitucionalmente le pertenecía la Presidencia a Áñez, más allá de su gestión.
— Su gestión fue muy mala por Murillo; por eso yo le llamo el murillato. Sin embargo, mis respetos por la decisión valiente de haber asumido la conducción del país en un momento tan turbulento.
«Esa es información que tengo.»
EL RETORNO DEL MAS Y EL PRESENTE
P Pero volvió el MAS.
— Ante un gobierno transitorio que no entendió su transitoriedad histórica y que quiso, a la postre, que Jeanine Áñez sea candidata nuevamente, además de los respiradores, los gases lacrimógenos, Murillo y todo lo que conocemos.
— Ese gobierno tan impopular se enfrenta con una pandemia que lo hace más impopular por mala gestión; la crisis económica mundial afecta mucho a Bolivia y la gente piensa: «Este es un gobierno de oposición; volvamos a lo que nos daba seguridad económica». Y repito: no por la buena gestión económica del MAS, sino por las condiciones del momento. Votan por Arce Catacora pensando: «Este era el ministro de Economía, este es el del milagro económico, entre comillas, y seguramente va a ser mejor que lo que nos ha presentado la oposición».
— El problema para la gente ya no era solamente el caudillo. Con Arce Catacora la gente se dio cuenta de que el problema era el partido, las ideas, el estatismo, la sobrerregulación, la hiperburocracia, el centralismo y el modelo del MAS. Eso que le dicen modelo comunitario, productivo, intergaláctico, no sé qué. Ese era el verdadero problema. No era únicamente el caudillo ni el partido, sino también el modelo.
P ¿A quién le conviene más que a Rodrigo Paz le vaya bien?
— Al país.
P ¿Y que le vaya mal?
— A Evo Morales. Tuto es un opositor a este Gobierno, pero un opositor democrático. Evo es un opositor antidemocrático a este Gobierno; es un opositor a lo que se está tratando de construir, que es un proceso de transición hacia la democracia plena en Bolivia.
P ¿Para qué queremos democracia si no tenemos gasolina?
— Porque hay una diferencia entre lo que te brinda la democracia y lo que te brinda la estabilidad económica. Pero una condición sine qua non para eventualmente tener estabilidad económica de larga data es contar con instituciones democráticas. Eso no es inventar la rueda, el fuego o el agua tibia. Es una fórmula que el Occidente del planeta Tierra conoce, aplica y le va bien con ella.
TUTO, LIBRE Y 2030
P Con Mesa en 2019 y 2020, con Tuto en 2025. ¿Con quién en 2030?
— Con Libre.
P Entonces, en la boleta, ¿no se imagina usted a Andrónico, a Del Castillo y a José Manuel?
— Me imagino menos a Andrónico y a Del Castillo.
P A Tuto no le va a gustar su respuesta. O a JP.
— Todo el mundo dice «era con Tuto». Era con Tuto, es verdad, pero sigue siendo con Tuto. Nunca dejó de ser con Tuto.
P ¿Son el gobierno en espera?
— Somos el gobierno en espera.
P ¿Sí van a esperar hasta 2030?
— Esto hay que dejarlo absolutamente claro: nosotros no queremos que caiga el gobierno de Rodrigo Paz porque somos demócratas, porque respetamos la investidura del Presidente. Está cometiendo muchísimos errores, los está cometiendo, pero ha sido electo con más del 50% de los votos del pueblo boliviano y es el Presidente de toda esta patria, y no va a dejar de serlo hasta el 6 de agosto del año 2030. Eso es lo que esperamos, eso es lo que queremos.
— En todo caso, Tuto es una persona que ha decidido que el lugar en el que lo ha puesto la ciudadanía con su voto es el lugar que va a ocupar, y ese es el rol de la cabeza de la oposición. Yo sería el tipo más feliz de que él vuelva a postular a la Presidencia de Bolivia.
«No queremos que caiga el gobierno de Rodrigo Paz.»
DERECHA, EVO, MESA Y EL COSTO PERSONAL
P ¿Cómo se le va a quitar a la gente de la mente que la derecha es corrupta?
— ¿Tú crees que en la cabeza de la gente está que la derecha es corrupta? Es más, ¿qué se entiende por derecha?
P Entonces, ¿los blancos no gobiernan mal?
— ¿Ser blanco es ser de derecha? García Linera no es muy aimara, ¿no? Aguilar, Quintana, Romero, Gabriela Montaño, Adriana Salvatierra… puedo ir uno por uno mencionando a los que rodeaban a Evo Morales. Ellos se hacen decir de izquierda, pero su ideología era el poder.
P ¿Qué le debe Evo a José Manuel?
— Mis años de juventud.
P ¿Y José Manuel a Evo?
— No, yo no le debo absolutamente nada. Bueno, en el plano de mi historia antievo, lo único que le debo es una proposición acusatoria de juicio de responsabilidades. Eso yo le debo a él.
P ¿A Mesa qué le debe?
— Una gratitud infinita. Creo que pocas personas tienen el privilegio de haber sido aprendices de dos expresidentes, de los dos mejores del siglo XXI: Mesa y Tuto.
P ¿A quién le debe una disculpa?
— A mi esposa, por no poder estar tan presente como me encantaría, no solamente durante nuestros dos años de matrimonio, sino ahora en casa con mi hijo, que ha nacido hace muy poco, por las largas sesiones en la Asamblea Legislativa y el arduo trabajo que nos toca realizar en un momento muy turbulento para el país, que necesita del 100% de nuestro esfuerzo. A mis amigos y a mi familia, porque me extrañan muchísimo y yo los extraño a ellos.
ACUERDOS Y EL PAÍS QUE QUIERE DEJAR
P ¿Qué tipo de acuerdo estaría dispuesto a firmar con Evo, el masismo, el bloque popular o como le quiera llamar para que Bolivia salga adelante?
— Si el exmasismo está de acuerdo en ciertos principios republicanos para ir adelante, y eso conlleva que se vuelva una organización política de centroizquierda que respete el Estado de derecho, la separación de poderes, la democracia representativa, la economía de mercado y todo lo que es natural y normal en las democracias contemporáneas, sí, por supuesto.
— Si le ponen la firma y se vuelven un partido progresista, claro, tienen derecho a hacerlo, pero no extremista; que se parezcan más al PSOE de España y no tanto al PSUV de Venezuela. Ahí le pongo la firma.
P ¿Qué país le quiere dejar a su hijo?
— Un país donde él no tenga que postergar sus sueños para ir a las calles a defender derechos tan básicos como la libertad de expresión, la libertad de organización, la libertad de pensamiento, la libertad de ser quien es; para poder llegar a ser la mejor versión de sí mismo y que no tenga que tirar al tacho sus sueños más profundos y sus aspiraciones más auténticas para sacrificarlas en pos de un futuro mejor para su propio hijo, que es lo que me pasó un poco a mí.