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Por: Luis María González

Argentino con más de 25 años de residencia en Bolivia. Es Socio Fundador de theDUEco., firma boutique especializada en Gobernanza, Inteligencia de Riesgos & Compliance. Actualmente se desempeña también como Compliance Officer y Director de País de TMF Group en Bolivia. Cuenta con un Máster en Compliance, con especialidad en Prevención de Fraude, Lavado de Dinero y Protección Electrónica de Datos, además de un MBA por EALDE Business School de Madrid y la Universidad Católica de Murcia (UCAM), España. A lo largo de su trayectoria, ha ocupado la Gerencia General en diversas empresas líderes de La Paz y Santa Cruz, entre las que destacan el Periódico La Prensa, Grupo Unión Columbia, la aerolínea Aerocon, CIMAL y Cellular. Es un reconocido especialista en Gestión de Crisis, Integridad Corporativa y Estrategia Empresarial.

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Hablemos de Compliance

En lenguaje claro y práctico.
A partir de hoy inicio una serie de notas breves para compartir qué es esta actividad y por qué es una pieza clave en la gestión de riesgos actual.
La idea es simple: menos teoría densa y más casos reales para mostrar que el Compliance es mucho más que leyes. Es estrategia y cultura.
Una guía directa para profesionales y líderes que buscan fortalecer decisiones responsables, éticas y, sobre todo, sostenibles.
Los invito a seguir las publicaciones, comentar y enriquecer el debate.

Qué es el compliance
Compliance no es “papel en regla”. Es capacidad real de decidir bien bajo presión. La palabra compliance viene del verbo inglés to comply (cumplir, acatar, ajustarse). Ese origen importa porque explica su núcleo: asumir obligaciones y ejecutarlas de forma verificable. A nivel empresarial, el concepto evolucionó desde “cumplimiento normativo” hacia un sistema de gobernanza que integra legalidad, ética y gestión de riesgos. Por eso, cuando una organización dice que “tiene compliance”, la pregunta técnica no es cuántas políticas tiene, sino si su sistema previene conductas indebidas, detecta alertas tempranas y corrige causas de fondo.
La referencia internacional de base es la Norma ISO 37301:2021, que exige liderazgo ético ejemplificador, enfoque basado en riesgos, controles, canales de reporte, investigación, mejora continua y evidencia. En la práctica, esto se traduce en mapa de riesgos dinámico, due diligence de terceros, formación segmentada, monitoreo con KPIs/KRIs y trazabilidad de decisiones. Sin estos elementos, lo que existe es cumplimiento formal, no compliance efectivo. Y el cumplimiento formal falla justo donde más se necesita: frente a conflictos de interés, presión por resultados y sesgos como la ceguera motivada.
La conclusión sustantiva es simple: el compliance no es un “costo legal”, es arquitectura de confianza. Protege la reputación, el patrimonio y continuidad del negocio porque convierte la integridad en una capacidad operativa, no en una declaración.
¿En tu organización el compliance está diseñado para ser auditado, o sólo para “mostrar” que existe?

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