Con aulas y ambientes repletos de historia; cuna de más de una decena de expresidentes del Estado y en cuyos salones se conformó el Batallón Illimani, que combatió en la Guerra del Chaco, el Colegio de Ciencias y Artes “San Simón de Ayacucho” cumple 200 años de historia y labor educativa.
El Colegio Ayacucho fue fundado mediante Decreto Supremo del Mariscal Antonio José de Sucre. El 27 de abril la norma fue finalmente ejecutada y el Colegio nació a la vida en el mismo lugar donde está hoy en día: al lado de la Iglesia de Santo Domingo, en pleno centro paceño.
Su historia va de la mano con la propia historia del país. No solo fue el “número 1 en iniciar sus actividades”, sino que por sus aulas pasaron al menos 13 expresidentes del Estado, entre ellos Agustín Morales, José Manuel Pando, Ismael Montes, Bautista Saavedra, José Luis Tejada Sorzano, Enrique Peñaranda, Tomás Monje Gutiérrez, Hugo Ballivián Rojas, Alfredo Ovando Candia, Wálter Guevara Arce y Guido Vildoso Calderón.

El Batallón Illimani: cuando las aulas se convirtieron en trincheras
Otras de las páginas doradas del Colegio Ayacucho se remonta a la década de los 30, a la misma Guerra del Chaco.
Y es que según rememoran textos y libros históricos del país, en 1934, en los momentos más duros de la Guerra del Chaco, estudiantes, scouts y profesores del colegio conformaron el Batallón Illimani, comandado por Gastón Velasco y Armando Escobar Uría, y marcharon al frente a defender el país. No fueron solo jóvenes: sus propios maestros los acompañaron al campo de batalla.
El periódico estudiantil ABC, decano de la prensa escolar boliviana y también nacido en las aulas del Ayacucho, documentó aquella gesta publicando nóminas de alumnos y profesores que partieron a la guerra, combatieron en el Chaco o cayeron heroicamente. Entre ellos, Alberto Salazar, conocido como «Manolito», que murió en combate; el Scout Juan Monje, que cayó herido y prisionero; y Waldo Almaraz, a quien el colegio rindió homenaje póstumo en 1936.
Una crónica de aquella época lo retrató de la siguiente manera: “cuando retumbaban los cañones y las ametralladoras rompían el silencio del Chaco, los ayacuchenses lanzaban dos gritos al unísono: «¡Viva Bolivia!» y «¡Viva el Gran Colegio Ayacucho!». El profesor Froilán Pinilla, autor de la letra del Himno del Colegio, inmortalizó esa entrega en uno de sus versos: «En tus aulas se formaron los valientes paladines que en los campos de batalla sucumbieron cara al sol»”.
El símbolo del proyecto que imaginó el Mariscal Antonio José de Sucre
Dos siglos después de su fundación, el Colegio Nacional San Simón de Ayacucho sigue siendo mucho más que una institución educativa: es el símbolo viviente del proyecto de nación que imaginó el Gran Mariscal Antonio José de Sucre, así lo retrata el destacado periodista e historiador boliviano José Manuel Loza Oblitas.
A través de un escrito publicado en sus redes sociales, Loza traza un recorrido por la historia y el significado de este establecimiento que, desde su fundación, fue concebido para algo más que enseñar: «transformar súbditos en ciudadanos”.
Según Loza Oblitas, el Ayacucho no nació para ser un colegio regional más. Citando al historiador Arturo Costa de la Torre, recuerda que fue diseñado como el exponente máximo y el modelo nacional del sistema de Colegios de Ciencias y Artes, con un carácter eminentemente nacional que trascendió las fronteras de La Paz para convertirse en la columna vertebral de la intelectualidad boliviana.
El autor subraya que la visión de Sucre era clara: las bayonetas conquistaban la independencia, pero las aulas aseguraban la República. En ese marco, afirma, el Ayacucho representó la ruptura definitiva con el oscurantismo colonial, al introducir las ciencias exactas y la filosofía moderna en una Bolivia que apenas comenzaba a construirse como Estado.
Loza Oblitas también rescata el vínculo entre el colegio y figuras históricas como el su propio antepasado, José Manuel Loza —representante paceño que firmó la primera Constitución Política del Estado—, como ejemplo del espíritu cívico y patriótico que la institución buscó infundir desde sus primeros años.
Para el historiador, el legado del Ayacucho es inseparable de la historia del país. “De sus claustros salieron las mentes que ocuparon los tres poderes del Estado, convirtiendo al establecimiento en la piedra angular de la institucionalidad boliviana. El espíritu de la ilustración europea no solo llegó a estas tierras, sino que se adaptó a la realidad andina para forjar una identidad propia”.
“Celebrar el Bicentenario del Colegio Ayacucho es celebrar a la patria misma. Es reconocer que el «Ayacucho» es más que un nombre; es un símbolo de resistencia, de ciencia y de libertad. Hoy, al mirar sus muros centenarios, renovamos el compromiso con aquel ideal de Sucre: que el saber sea la base de nuestra soberanía”, cerró.