EL INTERROGATORIO
CONVERSACIÓN POLÍTICA / ENTREVISTA
Politólogo, analista, consultor, exvocero presidencial y excandidato junto a Eva Copa, Jorge Richter recorre en esta conversación la biografía personal y política que lo llevó de Cochabamba a la primera línea del poder: la separación temprana de sus padres, el exilio de su padre y la crianza de sus abuelos; el descubrimiento casi accidental de la ciencia política; Tiempo de Opinión y El Juguete Rabioso; sus simpatías iniciales por Evo Morales; el paso por Nueva Fuerza Republicana, su distancia ideológica de Manfred Reyes Villa, la inhabilitación de su candidatura y las negociaciones con el MNR; la invitación de Morales a sumarse a su proyecto, las acusaciones de 2003 y los años en que se retiró de la escena pública para criar a sus hijas; su definición de 2019 como golpe de Estado, la responsabilidad que atribuye al propio Morales por su caída, Jeanine Áñez, Sacaba, Senkata y el «noviembrismo»; la llamada de Luis Arce para convertirlo en vocero, el margen que tuvo para decir lo que pensaba, la ruptura entre Arce y Morales y lo que observó dentro del gabinete cuando, según él, el país ya no tenía norte ni voluntad para enfrentar las crisis; su apuesta posterior por Eva Copa y Morena; el conflicto permanente, la desigualdad, la relación entre sectores dominantes e indígenas, originarios y campesinos; la crisis de proyecto de la izquierda, la vigencia de Evo Morales, su arrepentimiento por NFR y la posibilidad de volver a intentar una intervención política.
IDENTIDAD
P ¿Es usted Jorge Richter?
— Soy Jorge Richter.
P ¿Politólogo?
— Sí, politólogo.
P ¿Comunicador?
— No de profesión.
P ¿Periodista?
— Tampoco. Solo politólogo.
P ¿Analista político?
— Sí. Esa es mi actividad. Y consultor también.
P ¿Exvocero?
— Sí, del presidente, del expresidente Arce.
P ¿Y excandidato con Eva Copa?
— Sí.
P ¿Se presenta como independiente?
— Yo soy política e ideológicamente libre. Tengo esa ventaja: no arrastro militancias.
P ¿Incluso después de haber hablado por un Presidente?
— Incluso, porque con ese Presidente en realidad fuimos socios políticos de un proyecto político.
P ¿Qué palabra usa cuando no quiere decir que fracasó?
— Siempre me remito a decir que hay que mirar los procesos y sus características.
LA POLÍTICA ANTES DE LA POLÍTICA
P Nació en Cochabamba. ¿Cómo describiría a su familia?
— En una linda familia. Sobre todo la viví con mis abuelos. Mis padres se separaron muy jóvenes y tuve una abuela que me dio un amor que podría alcanzar para diez vidas.
P Su padre vivió en el exilio.
— Sí. Varios años: primero en Argentina y, con García Meza, en Perú.
P ¿Qué entendía en su niñez por persecución política?
— No tuve esa palabra. Cuando mis padres se separaron yo no había cumplido siquiera un año. Todas las consecuencias y la dureza de la política las viví después.
P ¿Qué marcó más su idea de la política: el exilio de su padre o el amor de su abuela?
— Mis abuelos eran españoles y mi abuelo también era político. Pero mi encuentro con la política tuvo otras características, no vinculadas a la acción ni al hecho político. Fue un hecho casual.
P ¿Cuál fue esa casualidad?
— Yo estaba estudiando Ingeniería, para lo cual no tengo ninguna vocación. Cuando decidí cambiar de carrera tenía temor de decírselo a mi madre. Fui a la universidad porque me habían hablado de una carrera que se llamaba Ciencia Política. Miré el pénsum de materias y fue amor a primera vista. «Esto es lo mío», dije.
MEDIOS, NFR Y LA PRIMERA POLITIZACIÓN
P ¿Qué era Tiempo de Opinión?
— Fue primero un programa de televisión de análisis político y después se convirtió en un semanario.
P ¿Se consideraba anti-MNR Tiempo de Opinión?
— Me politicé mucho y escribí bastante contra lo que fue el proceso que comandaba Sánchez de Lozada.
P ¿Qué pensaba realmente de Evo Morales en 2002?
— Tenía simpatías por lo que estaba haciendo Evo Morales.
P ¿Y el semanario?
— También lo apoyó bastante. Hubo dos tapas fundamentales. Una lo mostraba, porque las tapas eran montajes, con la banda presidencial y un título que decía: «¿Será?». Y después fue.
P También colaboró en El Juguete Rabioso.
— Primero, antes de escribir en Tiempo de Opinión, colaboré en El Juguete Rabioso. Éramos bastante amigos y teníamos muchas coincidencias con Walter Chávez y con Sergio Cáceres.
P ¿Utilizó alguno de sus espacios en medios para construir una candidatura?
— Creo que no. Los medios no es que te abran la puerta a la candidatura. Lo que te abre la puerta a la candidatura es lo que tú dices.
P ¿Esas columnas lo llevaron a Nueva Fuerza Republicana?
— No. Lo que me llevó a Nueva Fuerza Republicana fue que la televisión primero y después el periódico empezaron a tener dificultades de financiamiento y, por lo tanto, para sostenerse. Yo ya estaba muy politizado y quería buscar un escenario desde el cual pudiera expresar lo que pensaba. Ese escenario era el viejo Congreso. Tuve varias invitaciones y me pareció factible la de NFR, con la idea de que después yo iba a seguir mi camino.
P ¿Entonces no fue por Manfred Reyes Villa?
— No. El partido era de Manfred Reyes Villa en aquel momento, pero yo no veía en él una solidez ni una consistencia ideológica que permitiera decir: «Acá hay algo de largo aliento». Lo que necesitaba en ese momento era una buena palestra para poder seguir dirigiéndome políticamente al país como lo hacía desde la televisión y desde el periódico.
P ¿A pesar de que no empataba ideológicamente con Manfred?
— A pesar de eso, yo tenía el ánimo de llegar a la Asamblea, al viejo Congreso.
P ¿El MNR casi observa su candidatura o termina inhabilitándolo?
— El MNR me inhabilita. Fue una acción interpuesta ante la Corte Electoral. Yo también dirigía el medio y la inhabilitación estuvo bien: el Código Electoral decía que no podías dirigir un medio. Yo no tenía conocimiento de aquello y continué una semana más como director de la publicación. De eso se valieron, a raíz de que yo había escrito o dicho algunas cosas en contra de Sánchez de Lozada.
P ¿Se considera ambicioso?
— Sí. Tengo una ambición sana en la vida. Creo que es una ambición sana, meditada también por muchos años.
P ¿Oportunista?
— No. No me considero oportunista. Los enemigos o adversarios políticos lo han querido posicionar.
P ¿Respaldó la alianza entre NFR y Gonzalo Sánchez de Lozada?
— No. Estuve absolutamente en contra.
P ¿No negoció usted entonces esa alianza?
— Era parte del equipo negociador porque, una vez que Reyes Villa terminó tercero en la elección, se abrieron negociaciones para un cogobierno. Allí estábamos Gonzalo Quiroga, Jorge Richter y Erick Reyes Villa. No hubo acuerdo porque el MNR se resistía a la Asamblea Constituyente.
P ¿Qué se negocia en esos espacios? ¿Cargos?
— No se llegó a negociar cargos. Se llegaron a negociar elementos programáticos, políticas y decisiones a implementar. Solamente se llegó a esa etapa. Después NFR, un año más tarde, ingresó al Gobierno y negoció cargos porque tuvo ministerios, pero yo no estaba ahí.
P ¿Ya compartía el proyecto del MAS en esa época, ideológicamente?
— Ideológicamente tenía simpatías muy grandes. Evo Morales también me invitó a sumarme a su proyecto. Pero allí, con la inmadurez todavía del análisis, veía que había muchas dificultades para que ese proyecto tuviera porvenir.
P ¿Evo Morales habló de usted?
— Éramos amigos. Éramos amigos.
P ¿No hubo responsabilidad política suya por febrero y octubre de 2003, como dijo él en algún momento?
— Jorge Richter no ocupaba ningún cargo en el país en 2003. Absolutamente ninguno. Eso lo conversé con Evo después. Un día le dije: «Si tanto has hablado de mí, ¿qué estás haciendo tú llamando a una persona a la cual señalaste de neoliberal?». Me tuvo sometido a una campaña de calumnias y desprestigio que duró al menos cuarenta días, como el diluvio. Él me respondió: «No, esos fueron los momentos», como si no hubiera tenido importancia.
LA VIDA FUERA DE ESCENA Y 2019
P Después desapareció hasta 2019. ¿Dónde estuvo?
— Ocurrió un hecho familiar. Me divorcié y mis tres hijas se quedaron conmigo. Ese fue el espacio de tiempo en el cual estuve dedicado exclusivamente a su educación, a su formación, a criarlas y a ser un padre presente. Ese era mi interés.
P ¿Qué ocurrió en Bolivia en 2019?
— Un golpe de Estado.
«Un golpe de Estado.»
P ¿Puede existir una ruptura, un golpe de Estado y una sucesión en el mismo proceso?
— Puede existir, pero no hubo una sucesión. A la señora Áñez no le correspondía la Presidencia del Estado. Hay algo en la Constitución Política que dice que los presidentes tienen que tomar juramento. ¿Quién les toma juramento y dónde? En la Asamblea Legislativa. El juramento es una declaración de fe de que vas a cumplir y hacer cumplir la Constitución. ¿Por qué la señora Áñez no juró?
P Usted pasó por los medios argumentando que no había sido un fraude. ¿Lo sigue sosteniendo?
— Absolutamente. Porque un fraude, en la forma en la que ellos lo presentaron -Carlos Mesa decía «me han robado la elección»- significa que tuvo que existir una transferencia importante y definitoria de votos de una candidatura hacia la otra para que esa otra candidatura, la de Evo Morales, se beneficie. Eso no lo han podido demostrar nunca, y no lo demostraban porque no existió.
P ¿Fue golpe incluso con la legitimidad de la protesta ciudadana?
— Sí, claro. El golpe de Estado tiene una conceptualización. Si no nos acercamos a los conceptos y a las definiciones estudiadas, vamos a terminar llamándole golpe de Estado a cualquier situación. El golpe requiere dos cosas: uno, la interrupción del mandato de quien es el titular del Poder Ejecutivo; y dos, la presencia directa o indirecta de las Fuerzas Armadas. Esos dos factores estuvieron presentes.
P ¿Eso libera a Evo Morales de alguna responsabilidad en su caída?
— No. Porque el golpe de Estado se produce a consecuencia de que Evo Morales, primero, había burocratizado enormemente su Gobierno y, segundo, y sobre todo lo más fuerte, había desconocido el 21F. Pero más que desconocer el 21F, desconoció una tradición en Bolivia: los bolivianos no somos amigos ni tolerantes con las prórrogas y con las estadías indefinidas en el poder.
P ¿La Justicia se equivocó con Jeanine Áñez entonces?
— Siempre he dicho que la señora Jeanine Áñez tenía que tener un juicio. Siempre lo he sostenido. También antes de ser vocero, cuando ella estaba en la Presidencia, dije en una entrevista que lo que estaba haciendo era absolutamente peligroso. Me refería a Sacaba y Senkata. Porque después el tiempo transcurre, nunca en la historia de la humanidad se detuvo, y ella iba a tener que enfrentar consecuencias legales y estar ante la Justicia. Ese hecho ocurrió, posiblemente no en los términos que en lo personal me hubiese gustado. Yo formaba parte del Gobierno y le había sugerido al presidente Arce que había que buscar condiciones para que ese juicio no estuviera contaminado por la política y por las sensaciones de persecución.
EL «NOVIEMBRISMO»
P ¿Qué es el noviembrismo?
— Una forma de hacer política que desprecia la democracia, que desprecia la institucionalidad, que desprecia lo popular y que desprecia las instituciones.
P ¿Quién es noviembrista?
— Jeanine Áñez, Carlos Mesa también, Samuel Doria Medina, Luis Fernando Camacho a la cabeza posiblemente, y un grupo de gente que hoy está amparada, cobijada y en acción política en los partidos más conservadores del país.
P ¿Cobró derechos de autor por Noviembrismo?
— No. Lo publicó la Vicepresidencia del Estado.
P ¿Le parece legítimo que instituciones públicas publiquen opiniones personales?
— La Biblioteca del Bicentenario tenía una naturaleza de edición de este tipo de materiales. Yo fui, consulté y me dijeron que sí, que era factible. Un tiempo después le pregunté a José Antonio Quiroga si Plural se hubiera animado a publicarlo y me dijo: «Lo hubieras traído y lo publicábamos con nosotros». Es indistinto. Reconozco el valor que tiene Plural, pero también me gusta mucho lo que hizo en la anterior etapa la Biblioteca del Bicentenario. Estoy honrado de que lo hayan hecho.
DENTRO DEL GOBIERNO DE LUIS ARCE
P ¿Quién lo llamó para ser vocero?
— Para ser vocero me llamó el presidente Luis Arce. Pero previamente, esto creo que no lo he mencionado, me invitaron a ser cónsul general en Chile, con rango de embajador. Después me llamaron un día y me dijeron que el Presidente me quería recibir. Yo pensé que era para el tema de Chile. Allí el Presidente me señaló que le gustaría que pudiera colaborarlo en el tema de la vocería.
P ¿Vocero del Gobierno o vocero del Presidente?
— Eso mismo le pregunté. Él me contestó: «Vocero del Presidente». Terminé siendo vocero del Gobierno.
P ¿Estaba convencido de aceptar ese cargo?
— No estaba muy convencido porque no llegué a la reunión sabiendo que eso iba a ser un ofrecimiento. Pero tenía una preocupación que arrastraba: los hechos que generaron los sucesos de 2019 todavía estaban activos. Desde un escenario tan importante como una vocería presidencial yo podía advertir sobre los riesgos que todavía se cernían sobre nuestra democracia. Esa era una de mis tareas principales, tal vez hasta de orden personal, por mi convicción democrática.
P ¿Quién le decía qué decir: usted a Luis Arce o Luis Arce a usted?
— Muy pocas veces Luis Arce me sugirió qué debía decir. Yo siempre he dicho las cosas que pienso. Cuando el Gobierno no estaba en sintonía con lo que yo pensaba, pues no he dicho nada.
P Entonces, ¿qué hace un vocero presidencial si no es decirle al país lo que dice el Presidente?
— Hay una idea en el país de que el vocero tiene que ser casi una suerte de recitador del Presidente o de la Presidenta. Eso ocurre en muchos lados. Y después, que tiene que ser una voz de alabanzas continuas hacia la figura del Presidente. No ha sido mi caso. Yo he mantenido siempre una voz, una personalidad propia y mis ideas en todo lo que he dicho. He tenido también opiniones autocríticas estando en el Gobierno, algo que no se suele ver. Por ejemplo, sobre lo que hacían las jerarquías de la Policía respecto de los autos robados en Chile. Lo dije públicamente. Tampoco estaba de acuerdo con la aparición de detenidos con el cartel de «aprehendido». Dije que esa era una práctica del señor Murillo y me generó una indisposición con el ministro de entonces.
P ¿Cuándo se dio cuenta de que ese Gobierno ya no era su lugar?
— Ingresando hacia el final del segundo año de Gobierno ya tuve algunas miradas e intenté tener alguna incidencia sobre ciertas decisiones. El otro elemento fue la lucha fratricida entre Evo Morales y Luis Arce. Terminando el segundo año ya estaba claro que allí no podía continuar por mucho tiempo.
P ¿Qué sabía usted que el país no sabía cuando era vocero?
— Sabía que el país no tenía norte en el liderazgo de la autoridad política. Seguramente el país no lo percibía; yo ya lo tenía claro. También entendía las crisis que podían venir en el país y que no había voluntad para resolverlas.
«Sabía que el país no tenía norte en el liderazgo de la autoridad política.»
P ¿A quién le faltaba esa voluntad?
— Al Presidente. Después, a otros colaboradores. Pero yo siempre voy a entender que el Presidente es el que manda y el que ordena. Tengo ese convencimiento porque miraba las reuniones de gabinete casi como un concilio Vaticano, donde muy pocos hablan y solamente reverencian la voz mayor, que es la voz del Presidente. Entonces él tenía que ejercer ese liderazgo.
«Miraba las reuniones de gabinete casi como un concilio Vaticano.»
P ¿Luis Arce está donde debería estar?
— No. A mí no me gustan los presidentes presos y detenidos. No me gusta porque eso habla de la calidad de nuestra democracia. Preferiría que, si existe una detención, primero haya un juicio justo y correcto para todas las exautoridades de ese nivel y, segundo, bien se les podría otorgar detención domiciliaria.
P ¿Cómo se siente la impotencia de no poder cambiar el país estando en la esfera del poder?
— Genera demasiadas ansiedades y también momentos de amargura.
P ¿Y lo intentó otra vez?
— Sí. Y posiblemente lo vuelva a intentar hasta que de pronto no tenga fuerzas o ocurra algo y diga: «Esto merece más mi atención, porque ya hay otros que se encargan de aquello».
EVA COPA, MORENA Y EL INTENTO SIGUIENTE
P ¿Qué vio en Eva Copa y en Morena?
— Era la mejor sigla y era una posibilidad, primero, de que lo social-popular tuviera continuidad con una mujer de origen indígena y campesino. Eso era importante en mi entender. Y, segundo, Morena tenía todo para ser lo que después fue el PDC. Esa masa de la corporatividad social y popular que había votado durante tantos años por el MAS estaba errante, no tenía dónde cobijarse. No era Andrónico. Estaba todo dado para que fuera Morena, pero la señora Eva Copa tomó otras decisiones.
P Algunos dicen que usted mandó a la banca a Damián Condori. ¿Fue así?
— No. No fue una decisión mía; fue una decisión de la dirigencia, de la cúpula dirigencial.
BOLIVIA Y EL CONFLICTO PERMANENTE
P ¿Sabe qué va a pasar ahora con el país?
— El país no ha resuelto lo estructural y lo importante. Y lo estructural y lo importante es, fundamentalmente, la convivencia social y los factores que la condicionan. Tampoco hemos resuelto aquellos elementos que generan desigualdades y desequilibrios en favor de grupos poderosos económica y políticamente. Mientras eso no se resuelva -estado de excepción, bloqueos, etcétera-, el país va a andar de conflicto en conflicto. Es algo que yo he llamado el conflicto permanente.
P ¿Nos gusta el conflicto?
— Pareciese que está en la cultura, pero no es así. Sucede que hay gente que siente desprecio por ciertos sectores en el país. Esta pluralidad y diversidad de nuestra sociedad está dada así; no la elegimos. Si esto no encuentra cauces de buena convivencia, de horizontalidad en la vida social y de complementariedad entre unos y otros, y se intenta continuar construyendo con marginaciones y exclusiones, eso no es el gobierno de todos. Tampoco es la patria. Tampoco es el país.
P ¿El desprecio está de los dos lados de la brecha o solo va de un lado a otro?
— El desprecio, en los hechos, ha sido desde los sectores dominantes hacia ciertos sectores indígenas, originarios y campesinos, a los cuales históricamente han considerado no aptos para la vida pública. Los han considerado salvajes y, en menciones más recientes, delincuentes; por lo tanto, no incorporados a la vida política.
P ¿Es posible tener una sociedad tranquila donde hay privilegios tan marcados?
— No. No es posible. Lo dice la historia universal. Mientras esto no se resuelva, el conflicto está instalado. No es cultural: son demandas insatisfechas.
«No es cultural: son demandas insatisfechas.»
LA IZQUIERDA DESPUÉS DEL PODER
P ¿La izquierda en Bolivia tiene una crisis discursiva?
— Tiene una crisis de proyecto de Estado. No hay referencias políticas de las que uno pueda decir: «Esta persona tiene este proyecto político que podría conducir, en la vía del progresismo, de la izquierda, del socialismo, de la socialdemocracia, hacia un horizonte aceptable para todos los bolivianos», o utópico en el buen sentido, que atraiga a los bolivianos hacia ese país que queremos construir. Ya está sedimentada la presencia de la izquierda. Los sectores sociales ya saben lo que es el poder, lo que es movilizarse, cuál es la fórmula para alcanzarlo, qué es la unidad. Eso ya lo conocen. Y saben quiénes son sus enemigos, quiénes no quieren esa unidad, quiénes no los quieren incorporados en la vida política. Es una condición distinta a lo que era en los años noventa.
«La izquierda en Bolivia tiene una crisis de proyecto de Estado.»
P A pesar de haber sido Gobierno veinte años, ¿los sectores sociales siguen siendo un grupo no dominante en el país?
— Hoy no son dominantes porque no tienen el poder, no tienen las instituciones, no tienen el Estado y no tienen el poder económico. Pero tienen la movilización y el territorio. Y tienen algo más fuerte que todo eso: conciencia de clase e identidad cultural y social. Eso es mucho más potente y seguramente les va a permitir rearticularse para ser opción de poder político otra vez. Tienen que saber construir un pensamiento adecuado a las necesidades del país. No es el año 2002, no es el año 2003, ni 2004 ni 2005. Es distinto y hay que saber interpretarlo.
P ¿Quién tiene más ganas de que Evo Morales salga del país: la derecha o la izquierda?
— La derecha. Totalmente.
P ¿Hay sectores de izquierda que quisieran construirla sin Evo Morales?
— Sí, sin duda. Pero todavía las referencias o los nombres más conocidos no tienen esa talla en pensamiento, en dimensión de estadista, en mirada de país, en idea de Estado y de sociedad, como la tuvo en su momento Evo Morales. Y él es dueño, en buen sentido, de unas identidades que todavía son muy potentes electoralmente.
EL FINAL
P ¿Volvería a decirle que sí a Luis Arce si le ofrece la vocería?
— No. Hay algo que se denomina hipótesis contrafáctica. Esa es una hipótesis contrafáctica. No tendría sentido que yo responda más porque no va a ocurrir.
P ¿De algo se arrepiente Jorge Richter hoy?
— Sí. La gente suele decir: «No me arrepiento de nada porque de todo uno aprende». He aprendido, pero me arrepiento de haberle dedicado exactamente un año de mi tiempo a lo que fue Nueva Fuerza Republicana.
P ¿Hay algo que sostenía Jorge Richter cuando empezó en política que hoy ya no sostiene?
— Yo tengo una lealtad muy fuerte a mi formación y a mi pensamiento crítico e ideológico. Comulgo con las ideas humanistas, con el progresismo humanista, y sigo siendo el mismo de aquel entonces. No me interesan las personas políticas ni los líderes políticos; me interesan los proyectos políticos, fundamentalmente. También me interesa que la voz de quien puede ser disruptivo y decir cosas no se apague. Sigo siendo el mismo: más viejo en años, con muchísimas más canas y menos cabello, pero sigo siendo.
P ¿Bolivia tiene salvación?
— Absolutamente.
P ¿Y usted lo va a volver a intentar?
— Si puedo contribuir, voy a volver a intentar. Hay muchas formas de hacer esto; no es solamente una candidatura. Hay que saber proponer, hay que saber decir cosas. Había gente que dijo que una vez que me fuera de la vocería ya nadie me iba a invitar ni iba a tener espacios. Y aquí me tiene usted, porque digo algunas cosas y seguramente seguiré diciendo otras.