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Por: Max Raul Murillo Mendoza

Se termina el mito y su propia tragedia

Se cae a pedazos la revolución cubana, cierto con brutales ataques económicos y de bloqueo gringo. Aunque nunca fue sostenible económicamente, sino con el apoyo de miles de millones de dólares de la Unión Soviética, hasta la caída del muro de Berlín. Se cae a pedazos ese mito latinoamericano, que deslumbró a todo un continente por la hazaña de su revolución en 1959. Hazaña que duró lo que pudo, en su creatividad y baluarte de ese pueblo caribeño que dejó huella y mucho emblema en generaciones enteras.

Desde hace demasiados años, cuando la caída de la Unión Soviética, sobrevive realmente con enormes sacrificios. Algo de apoyo tuvo con los venezolanos y su petróleo barato; pero ya no era suficiente para la sobrevivencia en general. Hoy, en estos días de terribles sufrimientos ya se cuentan los descuentos de ese mito, que después tendrán que escribir sobre ese calvario y sus propios errores internos.

La revolución cubana brilló en los años 60 y 70 del anterior siglo. Exportando músicos de nivel mundial, como la nova trova. Exportando deportistas de talla mundial demostrando la socialización del deporte. Intentaron exportar su modelo revolucionario por todo el mundo, por medio de las becas educativas o el voluntariado de sus médicos. Esfuerzos reconocidos por muchos gobiernos en todo el mundo. Pero, los errores internos también pesaron a la larga pues vivir sólo de mitos no es precisamente estratégico.

El gran escritor y pensador mexicano Octavio Paz, señaló ya en los años 70 del anterior siglo que la revolución cubana había caído en un estalinismo caribeño, encarcelando poetas y escritores críticos. En definitiva, encarcelando disidencias necesarias, que aquel modelo no toleraba. Octavio Paz criticó también a la izquierda latinoamericana, que no haya sido capaz de observar aquellos errores y que sólo de manera tuerta miraba los triunfos, sin ver los pecados. En definitiva, que no haya sido capaz de reflexionar de manera crítica, aquel proceso que se derrumbaba por su propio peso.

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En estas épocas de redes sociales, y otras formas de comunicación inmediata, nos llegan informaciones de la realidad cubana. Pobreza generalizada, miseria en sus calles, rostros alegres; pero en medio de terribles carencias básicas de alimentos. Los discursos ya no pueden tapar ni encubrir lo que se ve: una inmensa miseria absolutamente injustificable por donde se le vea.

Por increíble que parezca, todavía hay alguna izquierda extraviada en sus laberintos de ritos y mitos inexistentes, que siguen hablando maravillas de aquella revolución que no existe. Que si existió, duró muy poco. Lo que duraron las finanzas de la Unión Soviética. Pues ya no es posible soportar discursos de una revolución, donde cadáveres vivientes deambulan en los basureros, buscando algo de comida para seguir viendo la luz del día siguiente. Además, se destapan también como en muchos procesos revolucionarios, tremendos dramas de corrupción de las altas cúpulas dirigenciales. Sin novedad alguna.

Más allá de los temas reales de actitudes imperiales, injustas por cierto, los temas de orden interno son los que llevan a los destinos que llevan, pero con la clásica ceguera y ausencia de crítica interna, de quiénes conducen dichos procesos, encubriéndose con excusas de las actitudes imperiales. Excusas cómodas en todos los tiempos, que justifican el sufrimiento de los pueblos. En este caso del pueblo cubano.

Aquellos errores internos se palparon en Cuba, cuando la caída de la Unión Soviética. Era el momento de una salida más democrática y negociada con aquella coyuntura mundial. En cambio; la cúpula cubana prefirió el sacrificio de aislarse más y no abrirse a otras posibilidades. Prefirió el hambre y la miseria, a buscar otras formas de relacionarse con el mundo. Prefirieron el mito aun a costa del sacrificio del pueblo cubano. 

Hoy el mito se derrumba. Las formas y las maneras ya no importan, son tiempos brutales e imperiales por todos lados. Pero importan los enormes sacrificios humanos, absolutamente injustificables aun por las mejores y estéticas teorías revolucionarias, del pueblo cubano. Que soporta lo insoportable, por mantener un mito que al final sólo es un discurso que sirve a unos cuantos acomodados del sistema. 

Cuando definitivamente caiga el mito, ya escucharemos los relatos reales del pueblo llano. Aquel que cargó como en el mito de Sísifo, la piedra más pesada posible de ese mito que sólo fue una bella poesía pasajera. 

Las lecciones de la historia son demasiadas; la sordera y estupidez humana son más fuertes y tercas. No aprendemos de los hechos, sino es cuando la muerte nos rodea y nos enamora en la miseria, en el hambre y la ausencia de esperanzas en esta vida. 

La revolución cubana se estancó allá en los años 70 y 80 de anterior siglo. Desde entonces, sólo es mito construido for export. Para deleite de los revolucionarios de café latinoamericanos, de clases medias y altas. De aquellas clases que tienen el tiempo económico, para deleitarse de mitos inexistentes y perder el tiempo en sus cafecitos de análisis.

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