ENTREVISTA
Natalia Aparicio no se presenta como una voz imparcial ni como periodista. Se define como una analista con posición propia, reconoce que la polémica amplifica el alcance de los contenidos y acepta que la exposición pública puede convertirse en una forma de poder. En El Interrogatorio, esa discusión atraviesa buena parte de la conversación: qué implica influir, hasta dónde llega la responsabilidad de quien opina y qué ocurre cuando ese capital mediático empieza a rozar la política partidaria.
Aparicio también habló de Juan Pablo Velasco, Rodrigo Paz y Edman Lara; explicó por qué sostiene sus cuestionamientos a Fernando Cerimedo; y afirmó que recibió ofertas de dinero durante campañas y propuestas de candidaturas de sectores de izquierda y de derecha. Aunque aseguró que no es su momento para ingresar a la política partidaria, dijo que en el futuro le gustaría hacer algo en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Entrevista: El Interrogatorio / O Stream
La entrevista fue editada por extensión y claridad, sin alterar el sentido de las respuestas. Las afirmaciones, valoraciones y cifras que aparecen en las respuestas corresponden a la entrevistada.
DE LA RADICALIZACIÓN AL CENTRO
¿Es de izquierda? ¿De centro? ¿De derecha?
De centro. De derecha, nada. A veces cosas; eso dice la izquierda.
¿Feminista?
No militante, pero entiendo perfectamente la causa y gozo de los privilegios que las feministas de antaño trabajaron y lucharon.
¿Progre?
Eso dicen. Pero soy bastante conservadora en otras cuestiones bien personales.
¿Se radicalizó en la universidad? ¿Hacia dónde?
Me radicalicé hacia la lucha contra el sistema clásico de la juventud. A los 20 años defendía la lucha de clases, pero creo que la lucha de clases no es suficiente. Es una mirada sesgada, corta y, de cierta manera, caduca en una era de posglobalización.
¿Votó alguna vez por el MAS?
Nunca.
¿Natalia Aparicio es imparcial?
No. Nadie es imparcial. Creer que alguien es imparcial es engañarse y, además, si uno se dice a sí mismo imparcial, también está engañando. No hay honestidad ahí.
| “Nadie es imparcial. Si uno se dice a sí mismo imparcial, también está engañando.” NATALIA APARICIO |
DE LA CIENCIA POLÍTICA AL CONTENIDO
Antes de ser analista política era activista. ¿Sigue siendo activista?
No. Ya no soy activista, pero respeto mucho a la gente que es activista.
¿Cómo fue el paso de la universidad al trabajo?
Terminé trabajando como auditora y, en su momento, me miré como una fracasada. No hay trabajo para los politólogos; quienes estudiaron ciencia política saben lo que es buscar trabajo en Bolivia. Al principio trabajé en un call center, donde te trataban mal, y después entré a otra empresa, en home office, ya como auditora y en mejores condiciones, pero haciendo absolutamente nada similar a lo que me apasionaba.
¿Por qué empezó a hacer contenido político?
En 2019 sentía que tenía algo que decir. Desde que dejé de ser radical entendí que los extremos no aportan nada. Quería representar a la gente que no se sentía representada por ninguno de los dos extremos de la polarización, pero no me animé. Tuvieron que pasar cinco años. En 2024 pensé que tenía algo interesante que aportar con lo que había leído, la experiencia que había tenido y las personas con las que había hablado.
¿Le gusta el reconocimiento?
Sí. Creo que a todo el mundo le gusta que le digan que lo está haciendo bien, venga de quien venga. Nos gusta que nos reconozcan el esfuerzo.
¿Le gusta tener influencia o ser influencer?
Me gusta que jóvenes me puedan escuchar y que pueda inspirar a nuevas generaciones que quieran hacer política o comunicación política.
Se hizo viral corrigiendo a Carlos Valverde. ¿La polémica da más audiencia que el análisis?
Sí, por supuesto. Cuando hago análisis que pretenden ser mucho más profundos, más objetivos, usualmente me ven mi mamá y cuatro amigos más. Pero si le meto un gancho polémico a los primeros tres segundos, tiene otro alcance. Lamentablemente, el algoritmo está construido así.
¿Le ha cambiado el algoritmo?
No. Creo que he sido pragmática y he usado la lógica del algoritmo para poder poner en agenda temas que creo necesarios en nuestro país.
| “Si le meto un gancho polémico a los primeros tres segundos, tiene otro alcance.” NATALIA APARICIO |
ENTREVISTAR A LOS POLÍTICOS
¿Juan Pablo Velasco le parecía preparado para ser vicepresidente?
No, y se lo dije. Él lo sabe.
¿La ridiculez o el error de los políticos es la fama de Natalia Aparicio?
Algunos podrían decir eso, sí. Yo creo que más bien es ser frontal: decir las cosas de manera directa y preguntar cosas que mucha gente no se anima a preguntar.
Rodrigo Paz estuvo sentado frente a usted dos veces. ¿Lo subestimó?
Sí. La primera vez me dio una buena impresión, pero no pensé que podía ir más allá. La segunda vez todavía no estaba definido cómo iba a competir y, en ese momento, lo subestimé. Creo que la mayoría de la gente también lo subestimó.
¿Qué entendió Edman Lara sobre el electorado boliviano que el resto de políticos no entendió?
No creo que sea necesario que haya entendido algo. Es la identidad que Edman Lara tiene. Es un representante identitario del mundo popular y, en Bolivia, las últimas elecciones las gana el sector popular.
ACUSACIONES, EVIDENCIA Y RESPONSABILIDAD
Usted afirma con mucha certeza que Fernando Cerimedo es culpable. ¿Qué estándar de evidencia debería exigirse una analista política para hacer ese tipo de acusaciones?
A Fernando Cerimedo lo he venido denunciando meses antes de lo que ocurrió con Nadia Beller. He hablado muy de cerca con el senador Leonardo Roca, de Alianza Libre, quien me contó meses antes cómo, según él, Cerimedo y Beller operaron durante las elecciones subnacionales, obligando de cierta manera a un grupo de empresarios a no apoyar a Juan Pablo Velasco. A eso se suman múltiples evidencias que me pasaron internamente sobre cómo era Fernando Cerimedo. Esas pruebas no las expuse porque guardé la fuente y porque no eran completamente fehacientes como para sacarlas al público. Pero todo eso se fue juntando con testimonios alrededor de Cerimedo. Y, si el presidente dice que estuvo solamente un tiempo con él en campaña, también hay evidencia fotográfica y visual de que Cerimedo era un hombre de extrema confianza de Rodrigo Paz.
¿Se considera periodista?
No. No he estudiado periodismo. Espero estar ejerciendo de manera coherente algunas herramientas periodísticas, pero no me puedo poner en un estándar de objetividad porque no soy así.
¿Una opinadora más?
Sí. Soy una opinadora que tiene algo de criterio porque he leído teoría política, porque en la universidad me enseñaron a tener pensamiento propio y a cuestionarme. Pero no dejo de ser una opinadora.
| “Soy una opinadora que tiene algo de criterio, pero no dejo de ser una opinadora.” NATALIA APARICIO |
PODER, DINERO Y CANDIDATURAS
¿Tiene poder?
No sé. Sí, supongo que sí. Algún poder mediático debe ser. Hay gente que me escucha y que quizá espera alguna opinión mía para formar algún tipo de criterio. Si a eso se le puede considerar poder, entonces sí.
¿El tipo de poder que hace que un político se piense dos veces antes de hablar con usted?
Puede ser, porque me ha pasado. Ha habido personas que han dicho: “No, si está Natalia, yo paso”.
¿Disfruta ese poder?
No. Me encantaría hablar con todos y entrevistarlos a todos.
¿Han llamado políticos o asesores para pedirle que no publique algo o que no diga algo?
Sí. Durante el gobierno de Luis Arce y durante el gobierno de Rodrigo Paz. Y me han ofrecido dinero también en las campañas. Mucho dinero. Es un negocio muy lucrativo: los influencers que se venden ganan mucha plata.
¿Nunca lo aceptó?
No.
¿Tampoco una candidatura?
Tampoco. Me han ofrecido múltiples candidaturas de izquierda y de derecha.
¿Alguna le hizo dudar?
Ninguna. Estaba completamente segura y estoy completamente segura ahora de que no es mi momento de política partidaria.
| “Me han ofrecido dinero también en las campañas. Mucho dinero.” NATALIA APARICIO |
¿DEL CAPITAL MEDIÁTICO AL CAPITAL POLÍTICO?
¿Qué cargo le gustaría ocupar en el futuro?
Me encantaría hacer algo en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
¿Quiere que voten por usted o iría en listas?
No tendría problema. Cuando se dé el momento será a muy largo plazo. Primero tengo que demostrar coherencia entre las cosas que digo y las cosas que hago. Antes de saltar a cualquier cargo y estrellarme, como les ha pasado a muchos influencers y comunicadores que creyeron que siendo virales en tres o cuatro videos iban a ganar elecciones, prefiero un camino donde las acciones hablen. Además, es inmoral aceptar un cargo para el que no estás preparado. A mí me falta mucho por aprender para saltar a eso.
¿Está acumulando capital político para especular con él después, para darlo al mejor postor?
No. Si se construye algo, tiene que ser de otra manera. Si uno quiere hacer política seria tiene que trabajar orgánicamente: construir un partido político, trabajar en cuadros políticos, formación política y una gran discusión y debate ideológico. Estamos acostumbrados a un poco de fama y luego saltar, cuando el camino tradicional es el que más puede cuidar el sistema de partidos, la democracia y la institucionalidad.
¿Aunque ya no esté de moda ser orgánicos?
No está de moda, pero es lo que va a quedar después de esta era de digitalización de la política. Lo que perdura es lo orgánico, lo auténtico, lo real: el contacto en la calle, el contacto piel a piel y el trabajo que se muestra sólido.
Si algún día ejerce poder, un cargo o una candidatura, ¿qué le hace pensar que no terminará cometiendo los mismos errores que los políticos que analiza?
Ese es uno de mis mayores miedos. Siempre me dicen: “Natalia, el sistema te absorbe, vas a entrar a esa vorágine y vas a terminar haciendo lo mismo”. Pero soy terca y quiero creer que no. Me rehúso a pensar que el sistema me va a absorber. Quiero creer que, cuando quiera hacer política partidaria, tendré las herramientas suficientes para rechazar todo. Creo en mi ética, en mis valores y en mi formación familiar; creo que no voy a caer.
| “Me rehúso a pensar que el tema me va a absorber” (NATALIA APARICIO) |
LA BOLIVIA QUE IMAGINA
¿Qué Bolivia imagina? ¿Por qué Bolivia está luchando?
Apenas el 30% de la población boliviana tiene acceso a derechos básicos, según los datos del Censo 2024. Estoy hablando de alcantarillado público, salud y educación. Me imagino un país donde existan ciudadanos que tengan derechos, pero además la capacidad de exigir esos derechos.
¿Qué tendría que cambiar para llegar a ese país?
Lo que tiene que transformarse es la clase política. Estoy convencida de que el cambio va a venir de los políticos porque son ellos quienes tienen el poder de cambiar el país. Lo fundamental es cambiar la cultura política. En Bolivia la cultura política está arraigada a la corrupción. La solución es que entre una nueva generación, una nueva clase política apartada de esa cultura, y para eso se necesita una reforma educativa profunda con jóvenes, niños y adolescentes, con una formación clara de que los valores, los principios y la ética no están a la venta.
¿Qué institucionalidad imagina?
Una nueva clase política que construya una institucionalidad capaz de sobrevivir a cualquier partido político, a cualquier movimiento pendular entre izquierda y derecha y a convulsiones sociales profundas.
Radical en la universidad, un paso por la irrelevancia y un crecimiento muy grande. ¿No es ese el camino que tiene que seguir Bolivia?
No sé. Bolivia tiene su propio camino.