El exvocero de Evo Morales y exviceministro de Defensa de los Derechos del Usuario y Consumidor habla de los cuadros políticos que el MAS dejó fuera, la ruptura entre Morales y Luis Arce, el deterioro del instrumento político y el futuro de la izquierda boliviana.
Jorge Silva durante la entrevista para El Interrogatorio.
Antes de llegar al Parlamento, al Concejo Municipal de La Paz o al Ejecutivo, Jorge Silva fue artesano y tallador en madera. Desde ese origen reconstruye, en El Interrogatorio, más de dos décadas de vida política.
Silva recuerda su paso como vocero de Evo Morales, analiza las decisiones que —desde su perspectiva— alejaron al Movimiento al Socialismo de parte de sus bases y cuestiona la exclusión de cuadros políticos que habían acompañado la construcción del proyecto. También habla de Luis Arce, de la fractura entre “evistas” y “arcistas”, de su gestión en Defensa del Consumidor y de una izquierda que considera todavía capaz de rearticularse.
La conversación termina donde empezó: en el artesano que entró a la política y que, después de más de 20 años, reconoce que la experiencia le hizo perder parte de aquella inocencia.
Del taller a la política
¿Qué fue primero: artesano, abogado o político?
Artesano. Tallador en madera. Primero hacía artesanías: bustos, juegos de ajedrez, cuadros, llamitas, siluetas de indígenas. Luego muebles.
¿Todavía lo hace?
Muy poco. Ahora sí estoy retomando. Ya dejé la política como actividad principal y estoy haciendo algunas cosas para la casa. Creo que lo que uno aprende con las manos no se olvida fácilmente.
¿Qué le enseñó un taller que no le enseñó la universidad?
El taller te lleva a un escenario más real. Compartes con la gente del barrio, con sus problemas cotidianos.
La universidad es un espacio donde uno se puede formar académicamente, pero muchas veces está alejada de la realidad del componente social boliviano.
¿Era difícil la vida del taller?
Hace 25 o 30 años había bastante demanda de artesanías en el país. Luego fue decayendo por el contrabando y por los productos chinos, que afectaron bastante la mano de obra, especialmente de los artesanos.
¿Sigue siendo un hombre popular?
Sí, siempre. Sigo en las calles y compartiendo con la gente y con mis compañeros artesanos.
Más bien, estos más de 20 años de política me han servido para conectarme todavía más con la gente y ayudar a compañeros que acudían a nosotros cuando fui diputado, concejal o viceministro.
Empezó como dirigente de los artesanos.
Así es. Cuando ingresé a estudiar Derecho, mis compañeros dijeron que fuera asesor jurídico de la asociación. Eso me permitió después ser asesor de la Federación Departamental de Artesanos y de la Confederación Sindical de Trabajadores Artesanos de Bolivia.
Posteriormente conocí a Evo Morales.
¿Siempre fue de izquierda?
Siempre. Del bloque popular.
Como artesanos queríamos visibilizar la problemática del sector ante las políticas del Estado. Lo máximo que lográbamos era conversar con un viceministro y no conseguíamos incidir realmente en las políticas públicas.
Ese fue uno de los factores que me llevó a escalar en la vida política y aprovechar ese espacio para ayudar al sector.
Evo Morales, el MAS y el poder
Después fue diputado.
Sí. Evo Morales me preguntó dónde vivía. Yo vivía por la zona del Cementerio y El Tejar. Le expliqué y me dijo: “Ahí hay bastantes artesanos, ¿por qué no vas por esa circunscripción?”.
Fui candidato por la Circunscripción 11 y posteriormente diputado.
También asumió responsabilidades dentro de la bancada.
Fui jefe de la bancada de diputados de La Paz y después subjefe nacional de la bancada del MAS.
Y fue vocero de Evo Morales. ¿Qué se siente estar dentro del poder?
Depende para qué lo utilizas.
Siempre tuve la convicción de que el poder debe utilizarse en favor de la gente. Me gustaba lo que decía Evo Morales: dejamos de ser funcionarios y nos convertimos en servidores públicos. Hemos venido a servir.
Yo quería utilizar el poder para servir especialmente a la gente que había confiado en nosotros, que era el bloque popular y la izquierda del país.
¿Los voceros defienden todo lo que hace el jefe?
Estamos para eso, ¿no? Para defender hasta lo indefendible.
En muchas entrevistas me decían: “Usted está defendiendo algo indefendible”. Pero creo que ese es el papel del vocero: defender la gestión, la posición del Presidente, del Gobierno y del proyecto político.
En el momento en que fui vocero consideraba que había coherencia política entre el Legislativo y el Ejecutivo. Tratábamos de ser disciplinados y leales con la gente que nos había dado esa confianza.
¿Era un hombre de partido?
Nosotros nunca concebimos al MAS como un partido tradicional, sino como un instrumento político de las organizaciones sociales.
Por institucionalidad y por las normas tenía que constituirse como partido para participar en elecciones, pero para nosotros era un instrumento político.
2019 y la lección que el MAS no aprendió
¿Qué fue noviembre de 2019 para usted?
Fue muy complicado. Se vino lo que nosotros consideramos un golpe de Estado en un momento en el que estábamos apuntando a una elección y a un nuevo periodo constitucional.
Tuvimos que resguardar nuestra integridad y nuestra libertad durante ese periodo. Fue difícil no solamente para los concejales, sino para todo el país.
¿Aprendió algo de noviembre de 2019 que el MAS no aprendió?
Sí, definitivamente.
Habíamos confiado ciegamente en algunas estructuras, especialmente de los movimientos sociales y también del sector político, que posteriormente no respondieron como esperábamos.
Pero no aprendimos esa lección. Después volvimos a replicarla pensando que tener contacto con el dirigente era suficiente, cuando en realidad había una desconexión con las bases.
Los cuadros que el MAS dejó fuera
En enero de 2020 usted hablaba de rostros renovados y de dirigentes alejados de los círculos de poder. ¿A qué se refería?
Había descontento dentro de la estructura orgánica del MAS.
Muchos compañeros habían levantado la bandera del MAS, habían hecho campaña, habían defendido el proyecto político y el proceso de cambio, pero por no tener un perfil académico no lograban acceder a espacios dentro del Estado.
Sentíamos que los mejores cuadros políticos que tenía el MAS no necesariamente tenían el mejor perfil académico.
Había hombres y mujeres muy comprometidos con Evo Morales, con el proyecto y con el proceso, que no lograban ingresar a administrar el Estado.
Un proyecto político también debe ser administrado por sus mejores cuadros políticos, por gente que tenga esa ideología y ese compromiso.
¿Qué ocurrió entonces?
Los espacios terminaron siendo ocupados por hombres y mujeres que no habían levantado la bandera del MAS, que no eran parte del proceso ni del proyecto político, pero que sí eran amigos del vicepresidente, de algún ministro o de algún viceministro.
Esos oportunistas terminaron excluyendo a los verdaderos revolucionarios democráticos que tenía el instrumento.
Por eso planteábamos que hubiera gente nueva, pero comprometida ideológicamente con el proyecto político.
“Evo Morales ya había cumplido un ciclo”
Usted hablaba también de una segunda etapa sin el caudillo.
Sí. Considerábamos que Evo Morales ya había cumplido un ciclo.
Particularmente pensaba que podía dar un salto: ya no solamente defender causas nacionales, sino causas a nivel mundial.
Por ejemplo, los derechos de los migrantes, que son vulnerados en distintos países. Hay demandas mundiales que muchas veces no tienen quién las defienda.
Pensábamos que Evo podía convertirse en esa voz para miles o millones de personas en el mundo. Y que, al mismo tiempo, la renovación era importante dentro del instrumento.
Luis Arce y Defensa del Consumidor
¿Qué representaba Luis Arce en 2020?
Veía en Luis Arce la esperanza de un pueblo boliviano que, después de la pandemia y de la crisis política, tenía su economía afectada.
Creía que Luis Arce podía ser el hombre que solucionara el problema económico del país.
Usted tuvo responsabilidad en su campaña.
Fui coordinador y responsable de la campaña de Lucho en La Paz.
Yo todavía era concejal y me encomendaron esa responsabilidad en un momento difícil. No participé después en la conformación del equipo de Gobierno.
Terminó en Defensa del Consumidor.
Acepté porque coincidía con esa idea de que el poder debe estar al servicio de la gente.
Me parecía uno de los mejores espacios para defender la economía de la población: frente a la especulación, el agio y también frente a sectores empresariales o agroindustriales que no siempre dimensionan el efecto que tiene un incremento de precios sobre la economía popular.
Fiscalizar incluso al propio Estado
¿También encontró problemas en empresas públicas?
Sí. En su momento sancionamos a EMAPA porque había sobreprecios en algunos productos.
También cuestionamos duramente a instituciones públicas que prestaban servicios.
Alguna vez me llamaron y me dijeron: “Oye, pareces del otro lado. Entre bomberos nos estamos pisando la manguera”.
Yo cuestionaba el rol de instituciones que, desde mi perspectiva, no estaban cumpliendo adecuadamente su función.
¿Eso le generó problemas internos?
Sí, tuve llamadas de atención. Me decían: “Somos del mismo equipo”.
Pero siempre estuve en esa línea. Prefería que me sacaran por algo que había hecho y no por algo que no había hecho.
¿Alguna vez puso la disciplina política por encima de la defensa del consumidor?
No.
¿Qué dejó su gestión?
¿Hay algo en la vida de los bolivianos que esté mejor después de su paso por el cargo?
Creo que dejamos normas importantes.
Desde el Ministerio de Justicia dejamos el Decreto Supremo 4732, que protege a adjudicatarios de bienes inmuebles en preventa.
También dejamos el Decreto Supremo 5002, relacionado con la protección de propietarios de animales domésticos, además de otras normas vinculadas con espectáculos públicos y distintos servicios.
No todas tuvieron continuidad, pero creo que quedó un precedente importante: que los usuarios y consumidores tienen derechos.
Durante la crisis utilizaba mucho la palabra “especulación”. ¿Era más fácil encontrar un especulador que explicar por qué subían los precios?
En ese momento no teníamos suficiente acompañamiento del Ministerio Público.
Nosotros identificábamos casos y hacíamos operativos, pero muchas veces demorábamos más en aprehender a un especulador de lo que esa persona demoraba en volver a salir.
No tuvimos el acompañamiento que esperábamos.
¿El MAS representó realmente a sus bases?
Volvamos al Jorge Silva de los inicios. ¿El MAS terminó representando a los artesanos y microempresarios?
Sí y no.
Sí de nombre, pero no necesariamente en la práctica.
Se logró una ley del artesano y una ley del microempresario, pero nunca se las pudo implementar plenamente. Terminaron siendo, como se dice, un saludo a la bandera.
No lograron cambiar favorablemente la situación de los artesanos y de los microempresarios.
El “taxipartido”
¿El MAS terminó convirtiéndose en aquello que quería reemplazar? ¿Hubo élites?
Al final, el MAS dejó de ser el instrumento político y se convirtió en lo que Álvaro García Linera llamó un “taxipartido”.
Ofreció la sigla y hubo denuncias de cobro por candidaturas.
Evo Morales, Luis Arce y la fractura
Usted ha visto a Evo Morales desde su etapa de diputado hasta hoy. ¿Qué le hizo el poder?
La expectativa de la gente, la identidad y lo que él representaba.
Los campesinos y el bloque popular se identificaban con Evo Morales. Ese poder que le dio el pueblo lo convirtió en lo que hoy es.
¿Manejó bien ese poder?
Relativamente.
Hubo un momento en el que Evo Morales manejó muy bien el poder, pero al final se distorsionó.
Y por eso llegamos al momento al que llegamos: los odios, las broncas internas y la pérdida de aquella confianza que el pueblo boliviano había depositado en nosotros.
¿Y Luis Arce?
Para mí significaba la continuidad del proceso de la revolución.
Pero esa bronca interna le afectó mucho. El MAS se dividió entre arcistas y evistas, entre “traidores” y “leales”.
Hubo incluso una confrontación dentro de la Asamblea con nuestros propios compañeros diputados y senadores.
Al final, el MAS llegó a una fractura innecesaria que dio lugar al escenario político que tenemos actualmente.
¿Fue un error de Arce pelearse con Evo?
Sí, y viceversa.
Se dejaron llevar por la bronca personal y se olvidaron del proyecto, del proceso de la revolución.
Se olvidaron de aquellos hombres y mujeres que habían depositado su confianza en nosotros, a quienes nos debíamos y de quienes, desde el propio Evo Morales, siempre decíamos que debíamos responder al pueblo.
Pero precisamente nos olvidamos del pueblo y nos dejamos llevar por la pelea entre Evo y Luis Arce.
¿Por qué no se los dijo?
Hubo varias voces que se los dijeron.
Pero primó más esa rivalidad.
La izquierda que queda
¿Sigue siendo masista?
Dejé de ser militante cuando asumí una magistratura en la Comunidad Andina, porque uno de los requisitos era no ejercer militancia política.
Renuncié al Movimiento al Socialismo hace más de dos años.
Pero me sigo identificando con sus principios ideológicos y filosóficos, con el proceso y con el proyecto político.
Siento que ese proyecto todavía está ahí y que este es un momento para rearticular fuerzas, volver a encaminarlo y terminar aquel proyecto que lanzamos en 2005.
¿Todavía se puede reencauzar a la izquierda?
Sí.
La izquierda hoy, más que nunca, necesita unificarse.
Necesita que sus conductores puedan estrecharse las manos, abrazarse, dejar las miserias que a veces nos dividen y pensar en el pueblo, pensar en el país y pensar en el proyecto político.
El Estado Plurinacional y aquel nuevo diseño institucional todavía, desde mi perspectiva, tienen vigencia.
“Soy más político que jurista”
¿Es usted un político o un jurista?
Soy más político que jurista.
¿La Constitución estuvo siempre por encima de la disciplina partidaria?
Sí. Por encima del estatuto y de todo.
¿Ya pensó si va a ser candidato a algo?
No.
Ahora estoy en las bases y desde ahí voy a seguir apoyando.
Creo que los 20 años que estuve en ejercicio público han sido suficientes. Ahora toca promover a otros rostros, hombres y mujeres que se identifiquen principalmente con el pueblo.
La inocencia del artesano
Ya hablamos del taller, del MAS, de Evo, de Arce, de la Alcaldía y de Defensa del Consumidor. ¿Sigue siendo el mismo Jorge Silva que salió del taller?
No.
Estos años me han permitido ganar una experiencia que, de alguna manera, ha desechado la inocencia de artesano que tenía cuando era artesano.
Yo pensaba en exportar mis artesanías. Pero cuando ejercí cargos políticos aprendí que no solamente hay que tener un sueño: también hay que ser pragmático y vivir la realidad de nuestro país.
Dicen que todo el que ejerce poder debe una disculpa. ¿A quién se la debe usted?
A todos aquellos hombres y mujeres a los que hemos defraudado.
A quienes les hemos fallado en la confianza que depositaron en nosotros y a todos aquellos cuyas expectativas no hemos logrado satisfacer después de que depositaron su voto por el MAS.
¿Qué Bolivia quiere dejarles a sus hijos?
Una Bolivia más justa, más digna, más inclusiva y, principalmente, soberana.
¿Bolivia tiene salvación?
Sí.
Bolivia es un país hermoso, que tiene mucha riqueza, no solamente natural, sino también en sus hombres y mujeres.
Estoy segurísimo de que vamos a salir adelante ante cualquier circunstancia adversa. Lo hemos hecho durante estos 200 años y lo vamos a seguir haciendo.
Tengo mucha fe en los bolivianos y en las bolivianas. Tengo mucha fe en nuestra democracia.
Amo a mi país y quiero, como cualquier boliviano, seguir construyendo un país más digno, más inclusivo, más nuestro, con mayor progreso, expectativa y esperanza para las próximas generaciones.