El papa León XIV lanza su primera encíclica, advierte sobre la IA y hace un paralelismo con la “Torre de Babel”

El papa León XIV pidió luchar contra el «dominio» de la inteligencia artificial en su primera encíclica publicada este lunes, un documento que también denuncia la «deshumanización» y el concepto de «guerra justa».

El texto de 130 páginas, llamado «Magnifica Humanitas» («Magnífica humanidad»), aborda multitud de cuestiones, como el retraso de la Iglesia en condenar la esclavitud o el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el medio ambiente.

Las encíclicas son documentos dirigidos a todos los fieles que fijan la posición de referencia de la Iglesia sobre cuestiones sociales, morales, políticas o teológicas.

Paralelismos entre la IA y la “torre de Babel”

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En el texto, el papa también pide que se apliquen una serie de principios al desarrollo de la IA, incluyendo una distribución más justa de los recursos, la dignidad de la persona humana, la justicia social y el cuidado del medio ambiente.

Inspirándose en una historia bíblica, el papa advierte de que con la IA, la humanidad corre el riesgo de construir una “torre de Babel”, que fue un intento de las personas de “hacerse un nombre” con un solo poder y un solo idioma. El papa dice que la historia es una advertencia contra un plan que “domina y, en última instancia, deshumaniza”, insistiendo en cambio en que opiniones y grupos diversos deben contribuir al desarrollo de la IA.

León XIV insiste en que la tecnología debe proteger los empleos de las personas y necesita estar sujeta a “marcos legales sólidos, supervisión independiente, usuarios informados y un sistema político que no abdique de su responsabilidad”.

«Dignidad de la persona»

La primera encíclica del Papa León XIV gira en torno a la Inteligencia Artificial, sobre todo desde una óptica antropológica. La prioridad, para Robert Prevost y la Iglesia Católica, es que se proteja la «dignidad de la persona y de su unicidad» ante el riesgo de que el ser humano se reduzca a «un recurso que se usa y se explota» o a lo que «produce». El texto advierte sobre el peligro de que esta tecnología «se concentre en pocas manos». Exige «un orden social justo en la era digital», «marcos jurídicos adecuados», «reglas justas» y «mecanismos de protección eficaces».

El bien común es un concepto que aparece regularmente en toda la encíclica, entendido como una extensión «social» de la dignidad de la persona humana. En este marco, León XIV alerta de la posibilidad de que los «conocimientos» y la «tecnología», en marco de la Inteligencia Artificial, aumente «la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revolución digital y quienes permanecen al margen». En definitiva, la tecnología tiene que estar al servicio de las personas porque «la humanidad no debe ser sustituida ni superada», asegura León XIV.

«No es neutral»

La tecnología que representa la Inteligencia Artificial, defiende el Pontífice, no se presenta como «una fuerza antagónica respecto a la persona», ni «un mal en sí», precisamente porque es «un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad» del ser humano. Pero, advierte el Santo Padre, «no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza». Para el Papa, el debate no se centra en estar a favor o en contra de la tecnología, sino en la posibilidad de «un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo» que «se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna».

Advierte además de «fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y vídeos». Señala que «tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes».

Hay que evitar, subraya León XIV, «la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único, incluido el digital, capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos». La «grandeza de la persona humana», no puede estar comprometida por el «paradigma tecnocrático» que «pretende reducirlo todo a un objeto de dominio» de un «mundo globalizado» marcado por la «lógica de la eficiencia, del control y del lucro». A través de su primera encíclica, Magnifica Humanitas, Robert Prevost recuerda que «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite».

Para el Papa, el desafío histórico de la tecnología que representa la Inteligencia Artificial no oscila entre el «entusiasmo» y el «miedo», sino «entre dos modos de construir: un progreso que sirve a la persona y a los pueblos, o un progreso que los doblega a lógicas de poder». Desde una óptica propia de una «cuarta revolución industrial», León XIV hace hincapié en los problemas vinculados al desempleo, ante el riesgo de «más pobreza y más desigualdades, con una multitud de excluidos rodeados de máquinas y sistemas automatizados que han ocupado su lugar».

Robert Prevost hace una lectura social, antropológica e histórica de la revolución tecnológica de la Inteligencia Artificial; afrontando también otras temáticas: las relaciones internacionales y «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación» como algo «gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable»; la necesidad de «decisiones concretas» a favor de la protección de las mujeres; la justicia social; los abusos dentro de la Iglesia; la ecología; la familia; los conflictos bélicos, la polarización y la atención hacia migrantes, refugiados y desplazados en todo el mundo.

“Guerra justa”

Aunque la encíclica se centra en la IA, es un texto que va más allá de las cuestiones tecnológicas y aborda las crisis que enfrenta la humanidad. El papa León XIV dijo que la teoría de la “guerra justa”, una doctrina cristiana de cuatro puntos que establece en qué condiciones se justifica la guerra, está “ahora desfasada”, afirmando que la fuerza militar solo puede usarse para la “autodefensa en el sentido más estricto”.

Agrega que la “prueba de fuego” para la justicia social es el trato a los migrantes y refugiados y ofreció una disculpa por la participación de la Iglesia en la esclavitud y el retraso en denunciar ese flagelo.

El papa, quien ha hecho de la construcción de la paz una característica central de su pontificado, advierte de que el uso de la “fuerza, la violencia y las armas” en última instancia “tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles”.

“La construcción de un mundo en estado de conflicto perpetuo es un mal y debe ser nombrado como tal”, escribe el papa, y añade que “la humanidad posee herramientas mucho más eficaces y capaces para promover la vida humana y resolver conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón”.

Su posición a la Guerra Justa sigue a los comentarios del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, quien dijo que el papa “debe tener cuidado cuando habla de cuestiones de teología” después de que el líder espiritual católico criticara ferozmente los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán y reprendiera a los líderes mundiales por invocar un lenguaje religioso para justificar la guerra.

// Oxígeno con información de agencias

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