La víspera de la final no suena a tensión. Suena, más bien, a música mexicana. A una de esas canciones que se cuelan desde una bocina al cierre de la práctica. Era exactamente “Pero te vas a arrepentir”, de Los Yonics, pero podría ser cualquier otra que mantuviera el espíritu arriba de regreso al hotel. El ánimo en la concentración boliviana iba por ahí, ligero y alegre, libre de la ansiedad que acompaña un partido como este.
La noche del martes, Bolivia saldrá a la cancha del Estadio Monterrey para jugar los 90 minutos más importantes de su historia ante Irak. El entorno sugiere calma y ese es un logro del que Óscar Villegas se siente orgulloso tras cortar de tajo con el peso del pasado: “Hemos planteado desde un inicio disfrutar estar en la selección. Y hoy vemos a estos jóvenes disfrutando este momento y sabemos que, a través de ese disfrute, el rendimiento va a mejorar”, dijo en conferencia de prensa.
Tanto el seleccionador como los jugadores hablan sin titubeos de la historia que podrían conquistar este martes en el Estadio Monterrey. “Vamos a entrar a esa cancha como leones”, aseguró Robson Matheus, quien también destacó el respaldo psicológico con el que cuentan para darle justa dimensión a los escenarios exigentes.
Los protagonistas han visto los videos de la gente llorando y celebrando sus goles. Miguelito sabe que la camiseta con su dorsal es la más popular entre los niños y lo asume como un reflejo del equipo, se sacude la carga de la individualidad. Pero luego de cobrar y anotar dos penaltis vitales, sabemos que no huye al riesgo.
A diferencia de su rival, que aguardaba directamente en la final, Bolivia ya liberó la tensión del debut en el Torneo Clasificatorio y atravesó su primera prueba de estrés en una resolución hasta el último silbatazo.
“Esperamos que sea una ventaja haber jugado ya en ese escenario, que nos sirva la carga emocional que dejó ese partido. Hubo desgaste, sí, pero también una motivación muy especial por estar en este momento que tanto hemos soñado”, explicó Villegas.
El temple se ha construido bajo la presión de unas Eliminatorias sudamericanas que no permiten concesiones. Ante Chile, en La Paz, no había margen, frente a Brasil tampoco, y lo mismo ocurrió ante Surinam. Por eso, el mensaje del seleccionador apunta a la naturalidad: «Tenemos que normalizar el jugarnos todos los partidos de esta manera». Después de todo, el proceso se ha encontrado, en menos de dos años, compitiendo por la posibilidad de clasificar antes de lo que el propio proyecto había previsto.
En la misma línea, el estratega de 55 años se mostró orgulloso del fuerte inicio que tuvo la selección, con dos victorias como visitante en los partidos inaugurales contra Venezuela y Chile, un resultado que no había sucedido en décadas, seguido de una victoria crucial en Colombia en la que Terceros, con apenas 20 años en ese entonces, sobresalió.
“Esos nueve puntos al inicio nos hicieron creer que podíamos lograrlo”, compartió, convencido de que ese arranque fue un impulso importante que hoy tiene al equipo a un paso de la Copa Mundial.
La emotividad está expresada en las sonrisas de los bolivianos. Sería un error llamarlo exceso de confianza, sería injusto porque se trata de la calma de un equipo que ahora sabe convivir con la magnitud del momento.
«¿Viste alguna vez a un grupo tan motivado en tu carrera?», cuestionaron a Robson y el de 23 años respondió: «No, yo recién estoy en el fútbol profesional hace tres años y la verdad que es un grupo especial… es increíble».
¿Qué sonará la noche del martes en el vestidor tras el partido?