Las Elecciones Generales de Bolivia de 2025 confirmaron que la desinformación ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un actor central del debate público. Bajo la sombra de la polarización y la memoria del conflicto de 2019, el despliegue de narrativas falsas, contenidos manipulados y ataques coordinados estuvo presente desde el inicio de la campaña electoral, hasta la segunda vuelta de los comicios. ProBox y Bolivia Verifica combinaron sus metodologías y capacidades de análisis para dimensionar este fenómeno.
Con el análisis de alrededor de 12 mil publicaciones en redes sociales realizado por ProBox, y el seguimiento informativo sistemático con más de 200 contenidos identificados por Bolivia Verifica, entre el 19 de mayo (inicio de la campaña electoral) y el 19 de octubre (jornada de la segunda vuelta), se pudo observar la desinformación tanto en su volumen y alcance como en sus narrativas, recursos y objetivos políticos, que van desde intentar incidir en la intención de voto e instalar narrativas de fraude hasta desacreditar a actores políticos, atacar a medios de comunicación e intenciones de erosionar la confianza en el Tribunal Supremo Electoral.
Lejos de ser episodios aislados, estos contenidos siguieron patrones claros de adaptación que escalaron estratégicamente en los momentos más críticos de la contienda. Entender estas dinámicas resulta clave para anticipar riesgos y fortalecer la resiliencia democrática en un escenario donde la manipulación informativa sigue evolucionando.
Las narrativas negativas aumentan con la coyuntura electoral
Entre el 19 de mayo y el 19 de octubre de 2025, Bolivia Verifica logró identificar 254 contenidos desinformantes divididos en seis temáticas principales, siendo las tres principales:
Propaganda engañosa: fue la temática principal con el 59% del contenido falso detectado; el objetivo principal era confundir al electorado y modificar la percepción de los candidatos para incidir en el voto, destacando principalmente el uso de declaraciones falsas en formato gráfico o audiovisual, especialmente de quienes lideraban la intención de voto en las encuestas oficiales.
Manipulación de datos: se posicionó como la segunda temática más recurrente con el 15% del total de contenidos identificados. Esta estrategia también se centró en confundir al electorado a través de la modificación deliberada de información real, especialmente con el uso de declaraciones sacadas de contexto y datos de encuestas oficiales con explicaciones erróneas.
Ataques personales: esta temática ocupa el tercer lugar con el 14% de los contenidos identificados, centrados principalmente en difamar el origen, la ideología o la vida privada de los candidatos para inhabilitarlos o generar un rechazo masivo.
El resto de las temáticas registraron porcentajes muy inferiores: narrativas de fraude (6%), discursos de odio (4%) y los ataques directos al gobierno (2%).
El estudio de ProBox se enfocó entre el 01 de agosto y el 30 de noviembre de 2025, analizando 10.422 menciones en X y 2.410 publicaciones en TikTok, vinculadas al proceso electoral y a las temáticas identificadas por Bolivia Verifica. Se identificó que el 88,9% de la conversación estuvo dominada por narrativas negativas centradas en discurso de odio, regionalismo y polarización (47,5%); en la totalidad de las menciones, se identificaron como los principales protagonistas al presidente electo Rodrigo Paz Pereira con el 24%, seguido por el excandidato presidencial Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez con el 22%, y el vicepresidente electo Edmand Lara Montaño con el 18%.
Al mismo tiempo, se identificó una alarmante relevancia en narrativas de fraude y ataques a la institucionalidad electoral con 34,7% del contenido analizado. Esta conversación estuvo fuertemente atravesada por resentimientos históricos vinculados a las elecciones de 2019, ataques a los medios y un discurso persistente de desconfianza hacia el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Tanto los hallazgos de Bolivia Verifica como el análisis de ProBox muestran patrones similares en la conversación en línea, especialmente en narrativas negativas, ataques personalizados y cuestionamientos al proceso electoral.
Otro hallazgo compartido por ambas organizaciones es el carácter reactivo de la desinformación: los contenidos aumentaron en función de hitos del calendario electoral, proclamaciones y hechos noticiosos.

En los días previos a la primera vuelta, los ataques se concentraron en quien lideraba las encuestas; tras la votación del 17 de agosto, la narrativa se desplazó rápidamente hacia Rodrigo Paz Pereira, ganador de esa jornada, y hacia cuestionamientos directos al TSE. El mismo patrón se repitió en octubre durante la segunda vuelta, mostrando que la desinformación evolucionó en el proceso y giró en torno al evento político inmediato.
Picos de actividad registrados:
- 17 de agosto (primera vuelta): Bolivia Verifica registró uno de los mayores volúmenes de desmentidos del proceso, con cerca de 10 contenidos falsos identificados ese día. En paralelo, ProBox contabilizó 380 menciones centradas en denuncias de fraude y encuestas falsas.
- 18 de agosto: ProBox registró el pico más alto de conversación digital, con 516 menciones dominadas por acusaciones de fraude y ataques al TSE.
- 19 de agosto: la conversación se mantuvo elevada y polarizada.
- 19 de octubre (segunda vuelta): nuevamente Bolivia Verifica reportó alrededor de 10 desmentidos, ubicando esa jornada entre las de mayor circulación de bulos.
- 20 de octubre: ProBox identificó 303 menciones, otra vez impulsadas por denuncias de fraude y cuestionamientos institucionales.
En conjunto, los datos muestran una coincidencia clara: los días de votación y los inmediatamente posteriores concentraron tanto el mayor volumen de conversación digital conflictiva como la mayor cantidad de contenidos falsos detectados y desmentidos. Es decir, los momentos de definición electoral actuaron como detonantes simultáneos de desinformación y polarización.
Declaraciones, encuestas falsas y desprestigio: los recursos más utilizados
El análisis de Bolivia Verifica sobre los contenidos desinformantes a lo largo del proceso electoral reveló que el elemento más utilizado fueron las declaraciones falsas atribuidas a los candidatos u otros actores sociales. Este fue empleado estratégicamente con el objetivo de restar o sumar votos a un candidato determinado.
El segundo recurso más empleado fue la encuesta falsa; identificando un mayor volumen de estas en la primera vuelta con 35 estudios falsos, mientras que en la segunda vuelta, la cifra se redujo a 9. Este método abarca diversas modalidades de engaño: desde las encuestas inventadas (creadas completamente desde cero, con datos sin sustento) y las encuestas manipuladas (alteración de los resultados de una encuesta real y publicada por sus autores originales), hasta el uso de encuestas sin regulación (sondeos compartidos en redes sociales sin fiabilidad, metodología y legalidad comprobable; prohibidos por la normativa electoral del país).
A nivel de formatos, el contenido gráfico (imágenes y montajes) fue el más empleado por los desinformantes. Esta táctica consistió en el uso de fotografías sacadas de contexto o el diseño de imágenes que imitaban la línea gráfica de medios de comunicación reales —tanto nacionales como internacionales— con el fin de otorgar credibilidad a la falsedad. Red Uno fue el medio cuya línea gráfica se replicó con mayor frecuencia, seguido por Unitel y El Deber. Además, es fundamental destacar que el uso de la inteligencia artificial para generar estos contenidos falsos se ubicó entre los más altos a nivel regional, un fenómeno ampliamente detallado en el informe especial de Bolivia Verifica.
La distribución de estos contenidos se realizaba especialmente en TikTok; los desinformantes diseñaron una táctica específica para esta plataforma: subían la imagen falsa junto a una base musical para convertirla en un formato audiovisual válido que, en esencia, seguía siendo una imagen estática. Este contenido adaptado se amplificaba fácilmente en TikTok y luego era replicado en otras redes como Facebook y WhatsApp, garantizando una máxima dispersión.
Dentro de la muestra analizada por ProBox se consolidó una narrativa persistente de desconfianza hacia la prensa, que operó tanto a través de ataques abiertos y el uso indebido de marcas periodísticas para otorgar credibilidad a contenidos falsos.
Unitel (91 menciones), El Deber (64 menciones) y Red Uno (11 menciones) también fueron identificados en la escucha digital como los medios más citados, especialmente con narrativas sobre ser “medios vendidos” o “manipular encuestas”. Unitel fue el más explotado en la narrativa de circulación de encuestas falsas. El medio El Deber apareció menos vinculado a contenidos suplantados, pero sí fue incorporado a discursos que cuestionaban su independencia editorial.
La conversación en TikTok estuvo marcada por un tono emocional y fragmentado, dominado por narrativas de sospecha, acusación y deslegitimación. Aunque en los más de 2 mil videos analizados circuló contenido informativo o neutral con alto alcance, la mayor visibilidad se concentró en piezas que cuestionaban la credibilidad del proceso electoral, de los actores políticos y de las instituciones, así como en la difusión de encuestas y denuncias sin sustento. TikTok funcionó así como un espacio de disputa y polarización, donde los videos apelaron a denunciar, advertir o ridiculizar, amplificando sentimientos de desconfianza y resistencia frente al proceso electoral.
En esta plataforma se detectaron al menos 84 videos que promovieron teorías de manipulación mediática, señalando de forma reiterada a Unitel, Red Uno y El Deber como cómplices de encuestas falsas, propaganda encubierta o inflado artificial de candidaturas. Estas narrativas se repitieron en múltiples piezas audiovisuales, consolidando la idea de que ninguna medición ni cobertura era confiable.
También se registraron expresiones como “prensa vendida” (62 menciones) y “medios comprados” (22 menciones); aunque estas publicaciones no alcanzaron una escala significativa, contribuyen a intereses que buscan reforzar un clima de sospecha generalizada sobre el rol de los medios y periodistas.
El fraude como bandera: cómo se construyó la narrativa contra el TSE
La denuncia de “fraude electoral” fue uno de los ejes más persistentes de la conversación digital en el análisis realizado por Probox, con ataques directos al Tribunal Supremo Electoral (TSE) desde la primera vuelta y un pico durante la segunda; la narrativa se apoyó en resentimientos no resueltos desde 2019 y en una desconfianza estructural hacia la institucionalidad, reforzando mensajes como que “el TSE decide a los gobernantes”, que “las elecciones están manipuladas” o que existe un “fraude masista”.
Algunos datos clave del monitoreo:
- 3.612 menciones clasificadas como fraude y ataques institucionales.
- El término “fraude electoral” apareció en 782 menciones, muchas reactivando comparaciones con procesos anteriores.
- El “voto nulo” concentró al menos 2.850 menciones en la segunda vuelta, convirtiéndose en el principal nodo narrativo.
- Cerca de 60 contenidos impulsaron directamente la idea de fraude, algunos con impacto fuera de redes al motivar movilizaciones.
- Las etiquetas más reiteradas en la temática fueron #Fraude, #FraudeElectoral y #FraudeBolivia.
- Más del 50% del contenido monitoreado por Bolivia Verifica entre el día de la segunda vuelta y las dos semanas posteriores estuvo dirigido contra la credibilidad del TSE.
Por un lado, la promoción del voto nulo por parte de Evo Morales, tras quedar fuera de la contienda, intensificó la polarización digital. Sus llamados a “marcar la papeleta” fueron interpretados por sus seguidores como una forma legítima de protesta y por sus detractores como una estrategia de sabotaje del proceso democrático.
También se identificó de forma reiterada señalamientos al “masismo” como responsable de eventuales irregularidades; mientras que figuras como Samuel Doria Medina también fueron acusadas de formar parte de supuestas estrategias fraudulentas. Morales se mantuvo como uno de los principales focos de polarización y acusaciones cruzadas.
En TikTok, la narrativa adoptó un tono altamente emocional y visual. Circularon videos que denunciaban un supuesto “fraude electoral sistemático”, incluyendo teorías sobre apagones estratégicos durante el conteo para alterar resultados y favorecer alianzas vinculadas al oficialismo en perjuicio de candidatos como Tuto Quiroga.
Alrededor de 44 videos buscaban reforzar la desconfianza generalizada hacia el sistema de justicia y las instituciones; asociándose con corrupción, encuestas manipuladas y supuesta “captura estatal”. Sondeos callejeros presentados como la voz auténtica del “pueblo” amplificaron ese clima de polarización. También circularon piezas que cuestionaban directamente la credibilidad del TSE, poniendo en duda la transparencia del padrón, el software electoral y los procesos de auditoría, además de contenidos que mostraban movilizaciones y protestas frente a tribunales electorales, con la intención de generar la percepción de un conflicto institucional sostenido.
Este patrón también confirmado por Bolivia Verifica: más del 50% del contenido desinformativo monitoreado entre el día de la segunda vuelta y las dos semanas posteriores estuvo dirigido específicamente contra la credibilidad del TSE, identificando cerca de 60 contenidos que promovían de forma directa la idea de fraude electoral; varios de ellos con narrativas que llamaban a desconocer resultados o alertaban sobre supuestas manipulaciones en curso.
Ambos análisis coinciden en que la narrativa de fraude no solo se mantuvo constante durante la campaña, sino que se intensificó en la segunda vuelta y en el periodo postelectoral, consolidándose como una de las tendencias narrativas predominantes y profundizando la erosión de la confianza institucional.
¿Quiénes generaron la ola desinformativa?
La ola de desinformación que marcó el periodo electoral no fue espontánea ni homogénea. Al cruzar los hallazgos de Bolivia Verifica y ProBox emerge un ecosistema más complejo: actores identificables que emitieron o amplificaron contenidos falsos, y una conversación digital que los potenció hasta convertirlos en marcos dominantes de interpretación.
Bolivia Verifica logró identificar al menos 171 actores en los 254 contenidos, clasificándolos en dos grupos principales: el primero lo constituyen las cuentas o personas reconocidas que, de forma pública, emitieron o difundieron un dato falso; el segundo grupo incluye a los perfiles sin credibilidad real, anónimos o sin trayectoria, cuya función exclusiva parece ser crear y amplificar masivamente el contenido de desinformación.
26 actores pertenecen a ese primer grupo que emitió o amplificó contenido falso que fue desmentido por Bolivia Verifica. Estos actores son principalmente políticos y medios de comunicación, destacando el actual vicepresidente Edmand Lara y el medio Radio Kawsachun Coca; este último caracterizado por difundir contenidos a favor del socialismo o del expresidente Evo Morales. Aquí encontrarás más detalles sobre esto.
145 perfiles pertenecen al segundo grupo y publicaron al menos un contenido falso durante el periodo electoral, concentrándose principalmente en TikTok. 14 perfiles de estos 145 fueron reincidentes, publicando desinformación dos o más veces.
Pero ¿cómo esos contenidos lograron trascender sus cuentas de origen y convertirse en conversación masiva? El análisis de ProBox muestra que la desinformación encontró terreno fértil en un entramado de cuentas individuales que replicaron, adaptaron y reforzaron los mismos marcos narrativos. No se trató únicamente de quién publicó primero, sino de quién logró amplificar mejor.
La conversación estuvo impulsada por cuentas individuales, responsables del 99,74% de las más de 12 mil menciones analizadas. En ese ecosistema, algunas cuentas funcionan como nodos de amplificación, concentrando visibilidad, interacciones y capacidad de arrastre narrativo.
Estas cuentas no actuaron de manera idéntica ni respondieron a una sola línea ideológica, pero compartieron un rasgo común: su capacidad para instalar marcos interpretativos —fraude, ilegitimidad, traición, confrontación regional— que luego fueron replicados por otros usuarios.
En conjunto, no conformaron una red automatizada ni una operación centralizada claramente identificable. Sin embargo, su actividad evidencia patrones de amplificación semi coordinada, en la que mensajes similares, marcos narrativos compartidos y tiempos de publicación coincidentes contribuyeron a escalar determinadas narrativas.
El efecto no fue imponer una verdad alternativa, sino saturar el espacio público digital con desconfianza, enojo y sospecha, dificultando la circulación de información verificada.
La lucha contra la desinformación necesita refuerzos
La elección boliviana dejó una lección clara: la desinformación se adapta con rapidez y ocupa espacios clave del debate público, incluso frente a esfuerzos institucionales de contención.
El Órgano Electoral Plurinacional (OEP) difundió materiales gráficos y audiovisuales para desmentir contenidos falsos durante la campaña (ejemplos: 1, 2, 3, 4); pero aún así, la circulación de narrativas de fraude y ataques institucionales logró instalarse en la conversación en línea. En paralelo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsó la creación de la Coalición Nacional contra la Desinformación Electoral (CNCDE), un esfuerzo que articuló a sociedad civil, medios, socios internacionales y entidades públicas como el OEP para reforzar la institucionalidad y mitigar discursos de odio; Bolivia Verifica formó parte de esta alianza. A su vez, diversos medios de comunicación también alertaron sobre la circulación de contenidos falsos, apoyándose en datos de Bolivia Verifica, la Coalición y expertos electorales (ejemplos: 1, 2, 3, 4, 5).
Incluso, de cara a la segunda vuelta, los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Jorge Quiroga firmaron un compromiso público por una campaña limpia y sin desinformación.
Pese a estas acciones, los hallazgos de ProBox y Bolivia Verifica evidencian desafíos pendientes. Plataformas como Telegram y X quedaron parcialmente fuera del radar por limitaciones técnicas y de recursos, y la imposibilidad con Meta y TikTok de etiquetar o reportar directamente contenidos falsos dentro de las propias redes, reduce la capacidad de mitigación.
El proceso también mostró que enfrentar la desinformación no es solo un reto tecnológico, sino social y educativo. Poblaciones rurales y adultos mayores requieren mayor acompañamiento, mientras que otros sectores necesitan fortalecer habilidades críticas frente a narrativas emocionales, suplantación de medios y contenidos potenciados por inteligencia artificial. La combinación de verificación, alfabetización mediática y cooperación institucional se perfila como una condición clave para proteger el debate público en futuros procesos electorales.
*Este reporte se hizo con el monitoreo y análisis de 10.422 menciones en la plataforma X (antes Twitter), 2.410 videos recolectados en TikTok, así como en un análisis cualitativo de contenidos que circularon en Facebook por parte de ProBox, y la recopilación del monitoreo de contenidos realizado por Bolivia Verifica en las pasadas elecciones presidenciales.