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Por: Luis María González

Luis María González es Licenciado en Ciencias Políticas, Máster en Compliance con especialidad en Prevención de Fraude, Lavado de Dinero y Protección de Datos, y MBA, títulos de posgrado obtenidos en EALDE Business School y la Universidad Católica de Murcia (UCAM), España. Es Socio Fundador de theDUEco., firma boliviana especializada en Gobernanza, Inteligencia de Riesgos & Compliance. Con más de 20 años de trayectoria, se desempeñó como Compliance Officer y Director de País en TMF Group y TPC Group, y ocupó la Gerencia General en empresas como CIMAL, Periódico La Prensa, Grupo Unión Columbia y Cellular. Su práctica profesional se centra en Gestión de Crisis, Integridad Corporativa y Estrategia Empresarial.

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Hablemos de Compliance: Ética y compliance

La ética no se prueba cuando nadie mira. Se prueba cuando estamos cansados, presionados y sin tiempo para pensar.

Esa es la condición real en que se decide casi todo en una empresa.

El relato dominante asocia ética con carácter. Tranquilizador, pero empíricamente débil. @María Silvina Lendaro lo dice con claridad operativa: el verdadero riesgo de compliance es que las personas hagan lo que no corresponde, o no hagan lo que corresponde. Y eso ocurre menos por falta de valores que por arquitectura cognitiva bajo presión.

Hannah Arendt lo formuló al estudiar la banalidad del mal: los daños institucionales graves rara vez los cometen “monstruos”. Los cometen personas que dejaron de pensar. La ética, decía, es una “práctica sostenida de atención”.

El derecho ya tomó nota. @Luis Suárez Mariño lo sintetizó en una frase que hizo escuela: “sin ética no hay compliance”. No es eslogan; es la lectura del Tribunal Supremo español sobre responsabilidad penal corporativa. Lo decisivo en sede penal no es si el programa cumple cada requisito formal, sino si el delito fue posible por ausencia de cultura ética. Ethic

@Alain Casanovas, jefe de la delegación española que elaboró la ISO 37301, lo lleva al plano operativo: el compliance es proceso continuo, no resultado; lo relevante no es haber cumplido, sino cómo se cumplió. Esa diferencia separa al compliance real del compliance de papel: políticas firmadas, capacitaciones registradas, comités convocados, manuales actualizados. Todo formalmente impecable y operativamente irrelevante. Resiste auditorías de checklist; se desploma frente al primer fiscal que pregunte cómo se decidió, quién escaló, qué se corrigió.

¿Qué cambia en la práctica? Cambia el centro de gravedad del programa. Capacitar en valores rinde poco si los incentivos premian lo contrario. Lo que rinde es ingeniería de decisión: incentivos alineados con integridad, escalamiento formal de alertas, protección efectiva al denunciante, trazabilidad y sanción consistente.

Si sonara alarmista, miremos los números. EY Reporte Global de Integridad 2024 (5.400 profesionales, 53 países):

  • El 46% de los ejecutivos latinoamericanos cree que en su organización hay gerentes dispuestos a sacrificar la integridad por ganancias de corto plazo. Eso no es un problema de ética. Es un problema de diseño.
  • 47% sintió presión para no denunciar.
  • 1 de cada 3 admite que cuando el infractor es de alto desempeño, se mira hacia otro lado.

El IPC 2025 mantiene a América en 42 puntos, con Bolivia en 28 (puesto 136 de 182).

Una organización ética no es la que tiene gente más virtuosa. Es la que diseña sus decisiones para que actuar bien no dependa de un acto heroico individual.

El papel aguanta todo. Los pasillos, no.

¿Tu programa entrena conciencias o rediseña condiciones de decisión?

#ÉticaYCompliance #ÉticaConductual #ISO37301 #ISO37001 #CulturaÉtica #CompliancePenal #ComplianceDePapel

Fuente: Lendaro, M. S. (2025). Los desafíos del Compliance Officer 2025, EALDE, min. 11. https://youtu.be/o2t3bE8jRCw

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