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Arturo Yáñez Cortes
15/10/2018 - 11:39

En defensa de la abogacía

Según instituye la Ley No. 903 de 12 de diciembre de 1986, en homenaje a la fundación de la primera Facultad de Derecho (1681) en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, el pasado 13 de octubre, l@s abogad@s hemos celebrado nuestro día, con diversas actividades. Por ejemplo, en el ICACH desde inicios de mes y hasta el que viene, hemos armado un preste académico con casi una docena de actividades y así sucesivamente, otros colegios habrán hecho similares festejos para todos los gustos, supongo.

Según instituye la Ley No. 903 de 12 de diciembre de 1986, en homenaje a la fundación de la primera Facultad de Derecho (1681) en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, el pasado 13 de octubre, l@s abogad@s hemos celebrado nuestro día, con diversas actividades. Por ejemplo, en el ICACH desde inicios de mes y hasta el que viene, hemos armado un preste académico con casi una docena de actividades y así sucesivamente, otros colegios habrán hecho similares festejos para todos los gustos, supongo.

Justo ese día, un amigo –que no es abogado– después de la felicitación de rigor, me toreó preguntándome si por ejemplo, después de la juez Pacajes y Cía, del Fiscal que convirtió la Fiscalía en fecalía o los “guardianes” de la CPE que declararon el “derecho humano” de su amo para eternizarse como candidato, entre otras hazañas de algunos colegas, aun así, tendríamos que festejar (nos). Le dije que le respondería por escrito. Ahí va.

Por supuesto que sí, pese a todos esos ejemplos y muchos otros peores más que sin duda el lector podrá acertadamente añadir, sostengo que l@s abogados tenemos razones fundadas para festejar, tanto nuestra profesión en abstracto, como nuestro desempeño en concreto. Imposible obviar los pésimos ejemplos –por el foco de la atención pública, plausible para mi gusto–inherentes a la naturaleza humana de centrarse en lo malo frente a lo bueno, pero aún con esos anteojos y sin dejar de practicar la imprescindible autocrítica, cabría resaltar que en términos abstractos, la abogacía (sin que necesariamente quiera alabar nuestro pan) es una hermosa carrera: buscar y practicar la justicia, debe ser uno de los propósitos más nobles del ser humano.

Considérese eso sí, que como el medio para lograr ese fin, el Derecho, no es una ciencia exacta (2+2=4) cabe usualmente un espacio para batirse en el camino de las sutiles interpretaciones, que no suelen siempre contentar a todos, más aún cuando regularmente, en todo proceso se enfrentan dos partes con intereses contrapuestos entre sí, cada una representada por su respectivo abogado: no es fácil contentar a todos y, por supuesto, cada una tendrá su propia interpretación de lo justo. Es más, en muchas ramas, como la penal por ejemplo, ni siquiera hay empate.

Diferente es el estado de la administración de justicia. Peor desde que como aquí ocurre, el régimen lo controla y ha prostituido todo: tribunales, Fiscalía, Policía, etc. Urge entonces, no confundir la esencia de nuestra profesión, con su producto actual. Eso, no significa obviar que ese producto lo hacemos cotidianamente todos los abogados, incluyendo aquellos que nos muestran como plátanos (ninguno recto) y el resto; pero sostengo, ahí surge nuestra oportunidad: el estado del arte del sistema de administración de justicia, que aun salvando las honrosas excepciones que, insisto, existen, constituye la mejor oportunidad que tenemos para reivindicar lo hermoso de nuestra profesión.

Es evidente que como reza la máxima, el derecho puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios y, todo depende de la persona. En la Bolivia actual, l@s abogad@s dada nuestra formación esencialmente política y humanística tenemos ante sí el enorme desafío de convertirnos en constructores del retorno del estado de derecho, la democracia y el respeto de los derechos humanos. Así las cosas, hoy nuestro rol principal es combatir a la concentración del poder en todas sus expresiones, sea a través de la condena del inocente o del culpable sin el respeto del debido proceso, del abuso de lo público frente a los derechos individuales y otras múltiples facetas que enaltecen nuestro rol, todo ello pese a que habrá colegas que por las sobras del banquete, harán el despreciable rol de juristas del horror. Así que colegas, MUCHAS FELICIDADES!!!. Recordemos aquello de OSORIO en el Alma de la Toga: “…en el Abogado, la rectitud de la conciencia, es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos: primero es ser bueno, luego, ser firme; después, ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar y la pericia en el último".

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