Opinión
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Sergio Salazar Aliaga
14/05/2018 - 09:41

Me encontré con Fausto Reinaga y Tristán Marof

El pasado domingo en la feria del Prado me encontré con un libro maravilloso, titulado “correspondencia entre Fausto Reinaga y Tristán Marof (1957 – 1974)”, es muy nuevo, pues su primera impresión fue en marzo de este año.

El autor es Grover López Medrano, en la introducción del libro o en su presentación explica que se presentó al concurso que convocó “El Centro de Investigaciones Sociales CIS” de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, con su ensayo titulado “Fausto Reinaga y los Orígenes del Indianismo en Bolivia”,salió como uno de los seleccionados, pero lastimosamente no ganó el concurso, entonces emprendió con este pequeño libro de método epistolar que muestra la correspondencia con 36 cartas en total, 18 enviadas por Reinaga y lo mismo por Marof.

El género epistolar viene del latín que es sinónimo de carta, en lo personal siempre he pensado que no hay nada como leer una carta porque es algo genuino y tienen datos documentales, te sumergen a una temporalidad, a una coyuntura, a un momento político, y por sobre todo porque entras en la intimidad de la persona que la escribió, sentir sus sufrimientos, sus afectos, su ira, la racionalidad con la que escribe o la emotividad con la que evoca.

Muchos dejaron huella para siempre, es el caso de las cartas de Karl Marx a Friedrich Engels o a su compañera  Jennyvon Westphalen, las cuitas del joven Werther de Goethe, o del filósofo Karl Jasper que se hizo conocido no por su obra, sino por las cartas que tenía con Martin Heidegger. Dicen que Franz Kafka le escribe más de quinientas cartas a su primera novia Felice Bauer, desde este lado del continente tenemos a un Simón Bolívar escribiendo a Manuelita Saenz, la terrible Frida Kahlo al muralista Diego Rivera o un Che Guevara despidiéndose de Fidel y teniendo correspondencia muchos años con Tita Infante. Las que más me gustan son las cartas de amor un pluriverso en la literatura en general.

Dos especificidades de este texto, la primera que comienzan aparecer nuevos investigadores jóvenes que hacen reflexión de nuestra historia de nuestras ficciones literarias como país, la segunda que en esta era digital, donde los viejos medios de comunicación comienzan a desaparecer como la tele, la radio y por sobre todo las “Cartas” en sustitución de las redes sociales, Twitter, Facebook e instagram entre muchos, podríamos sentenciar que la Carta ha muerto y el trabajo es una recopilación valiente.

Marco Tulio Cicerón fue un filósofo, político, escritor y gran orador del Imperio Romano de la etapa republicana, Cicerón proclamaba que: “La historia es la maestra de la vida” muchas veces la historia puede sufrir escenarios no deseados, olvidos y afirmaciones no tan ciertas. Cosa que pasó con estos dos escritores.

Hilda Reinaga relata “Fausto  es estudiado fuera de nuestras fronteras. En nuestro país todavía se lo quiere silenciar, o toman su pensamiento, copian párrafos para reforzar sus trabajos, pero no lo citan”. Marof por su parte fue un exiliado del mundo, en su libro “México de frente y de perfil”dice: “No pude vivir en el Perú y tuve que emigrar a México, que por ese instante halagaba mis oídos con su revolución”.

Ambos escritores recobran una herencia teórica y moral, son parte de la creación intelectual del país, Fausto por un lado nos presenta el pensamiento, la filosofía amautica y el indianismo que nace en su cerebro, fue el primero en exclamar la necesidad de hacer del indio el sujeto político para lograr su liberación. Marof escribe el programa del Partido Obrero Socialista de La Paz de 1920, y fue el primero en hablar de nacionalización y de tierras al indígena, además fue el utópico en regresar o pensar en comunidad, en los saberes ancestrales resaltando los principios quechuas del ama sua (no seas ladrón), ama llulla (no seas mentiroso) y ama quella (no seas flojo).

El 23 de julio de 1957 desde Buenos Aires, Tristán escribe

“he sido el hombre más odiado de Bolivia “republicana” y discutido… Lechín se ha derrochado en cholas y pasquines, siendo más capaz que Urriolagotia y que todos sus Compadres… Don Franz Tamayo es otra cosa: un indio con todas las plumas de sabiduría y de a potencia cerebral. Un indio que descubrió Grecia y la hizo suya. ¡Pero con qué talento¡”.

Fausto el 21 de marzo de 1959 escribía:

 “José Rojas ha llegado al Ministerio de Asuntos Campesinos. NO hemos hablado aún. Pienso decirle que tiene la obligación de convertirse en la fuerza inicial para el más puro movimiento indio… y si no lo hace le haré excremento ante la historia…”.

Marof es muy adelantado para su época. En enero de 1962 está releyendo a Daniel Pérez Velasco “La mentalidad Chola en Bolivia” pero al mismo tiempo batallando con una intelectualidad instrumentalizada a los movimientistas, le escribe a Fausto: “Si condigo reafirmar esta concepción colla como filosofía y convicción, tendré que lapidar a Pachakuti, Augusto Céspedes, Augusto Guzmán, etc., como escritores cholos y su literatura, una literatura de la cholada republicana, de grupillo, de secta, de clan, mientras la gran raza, la que daba trabajadores en tiempo de paz y soldados en tiempo de guerra, arrastraba una vida animal. Pero como estas setas del cholaje no tuvieron capacidad ni de conquistar y asimilar la sangre colla, ahora hay signos evidentes que quiere despertar y como toda opresión quiere despertar revolucionariamente. Fue Luís Valcárcel que no es marxista, quien dijo: “el indio espera su Lenin”.

Entonces llega ese abril de 1963, Fausto le escribe: “Desde agosto del año pasado, intensamente he trabajado. He concluido dos libros, “El indio y el pensamiento del cholaje boliviano” a través de Fernando Diez de Medina y La Revolución India” que fue el manifiesto y fundamento del Partido de Indios Aymaras y Kechuas PIAK, alrededor de unas 250 páginas, hoy una lectura obligatoria.

En esas cartas que se mandan, Fausto le escribe que se quería suicidar: “Claro que quise suicidarme en serio. No tenía Plata para editar el libro; y encima la Renta por concepto de impuesto a la Hipoteca que quería cobrarme tres millones; yo había hipotecado seis años atrás para recoger la edición de mi Franz Tamayo; total que yo iba a aparecer en la calle, sin techo ni lecho. Las cosas que uno consigue por meterse a escribir”

Marof respondiendo a esa carta: “Aunque no coincidamos generalmente en muchas cosas tu espíritu es rebelde y eso es muy raro en esta época de empleos y de conveniencias. La vida política nos ha conducido a eso y a la pobreza. Nadie es independiente y carece de un gesto viril. No te arrepientas. Tus libros se leerán en el futuro. Lo mismo le sucedió a León Bloy el gran panfletista que sufrió toda clase de silencios y de ultrajes de sus contemporáneos. Escribió su vida entera y creía que el libro que se editaba le iba a dar una fortuna y lo que le daba era una decepción”.

Existen muchísimos relatos, lo recomendable es que busquen el libro y lo compren, seguramente nadie se arrepentirá de eso,  esta correspondencia está llena de valiosa documentación, como en el libro de Arturo Pérez Reverte que recuerda “El cartero llama dos veces” o traen buenas noticias o las traen malas.

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