Cuento
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Peter Maldonado Bakovic
04/11/2017 - 21:05

Boquerón

Teniente Coronel MANUEL MARZANA HEROE EPONIMO DEL CHACO

Teniente Coronel MANUEL MARZANA - HEROE EPONIMO DEL CHACO

 

–¿Dónde está el resto? –espetó el oficial paraguayo.

–¿Cuál resto? –preguntó a su vez Marzana.

–El resto de la tropa, ¿dónde está? –interrogaba mientras miraba con detenimiento a aquellos hombres flacos, hambrientos y zaparrastrosos que constituíanla tropa boliviana ahoraformada en la plazoleta del fortín. El paraguayo esperaba encontrar a un destacamento mucho más numeroso puesto que de acuerdo a informaciones que manejaba el comando paraguayo, en Boquerón se asentaba una tropa de 6000 soldados conducidos por 600 oficiales.

–Eso es todo, 20 oficiales y 446 soldados -la cara del oficial paraguayo reflejaba incredulidad y asombro, instruyó a uno de los suyos que vaya a inspeccionar los ambientes y alrededores del fortín. Al cabo de la inspección de las cuatro chozas de adobe –ahora todas derruidas por los cañones paraguayos– con que contaba el fortín el enviado confirmó que ese era el total de efectivos bolivianos en Boquerón.

El oficial paraguayo se dirigió al ahora preso comandante boliviano de Boquerón indicándole que sería conducido donde el Tte. Cnel. Estigarribia. Marzana pidió ir a despedirse de los heridos que se encontraban en la choza más grande que precariamente hacía las veces de hospital y donde se encontraban un centenar de soldados y oficiales bolivianos. Las condicionesen el recinto eran dantescas, al aproximarse vio una nube de moscas que pululaban alrededor de los heridos, no había ni un solo catre, todos esos hombres se encontraban tirados sobre el piso de tierra de la choza, pudo sentir la hediondez que emanaba de allí como consecuencia de la mugre y la falta de agua, de los miembros gangrenados y agusanados yde la falta de medicamentos que acusaban los botiquines que habían quedado vacíos hace más de 10 días. El esfuerzo de los dos médicos de la guarnición en esas condiciones era inútil.

Los últimos días de la resistencia el Tte. Cnel. Marzana los pasó dentro de su tuca-trinchera bajo tierra con techo de callapos- había aprendido a dormir bajo el fuego de los morteros y los stokes paraguayos que no daban tregua ni un minuto. Ordenó al Tte. Cnel. comandante del batallón “tenemos que ahorrar la poca munición que tenemos, en el entendido de medir el peligro se debe disparar únicamente a blancos visibles y próximos”.

Antes de salir del fortín pidió a su captor agua para su tropa. Eran varios días que se impuso el racionamiento de agua,las reservas de agua agotadas y el pozo de agua que se encontraba contaminado por los cuerpos sin vida de los soldados bolivianos queflotaban grotescamente en la aguada, que presas de la desesperación por la sed arriesgaron su vida al tratar de llenar sus caramañolas a sabiendas que el pozo se encontraba a tiro de fusil paraguayo.

Dio una última mirada a sus hombres y recordó que esta era la segunda vez que tenía atoda su tropa formada desde que leyó la orden que el Estado Mayor redactaba desde La Paz, a dos mil kilómetros del frente de batalla: El Capitán General ordena y la Patria pide no abandonar Boquerón de ninguna manera, prefiriendo morir en su defensa antes de dar el parte de retirada……. Marzana militar de pocas palabras y ajeno a los grandes discursosdespués de la lectura dijo a sus hombres: “hijos vamos hacer respetar el uniforme que vestimos. Ningún soldado debe retirarse hasta haber quemado el último cartucho”.

No se percató que el subteniente Clemente Inofuentes contrariando su última orden se guardó la Bandera Nacional enroscándola en su cuerpo dentro de los harapos a los que había quedado reducido su uniforme, no podría desprenderse de la bandera que cada domingo izaba no solamente con fervor sino con amor.“Sargento Tejerina apunte por favor” y comenzó su dictadoen la madrugada del último día de resistencia después de reunirse con sus oficiales y definir el mensaje que sería llevado por el capitán Antonio Salinas dirigido al comandante de las fuerzas paraguayas solicitando entrevista con el fin de entregar el fortín y precautelar la vida del contingente boliviano, que para esos momentos se encontraba con reserva de municiones únicamente para 10 minutos de fuego: “son las 3 de la mañana del 29 de septiembre, se procederá a enterrar la bandera nacional y a destruir el material de combate a fin de evitar que caigan en manos enemigas. Soldados y oficiales se quedarán con las bayonetas caladas hasta el último sacrificio”. Esta vez no se dirigiría a ellos, solo los miró lleno de orgullo de haber podido comandar a aquellos valientes hombres que supieron resistir sin alimento y sin agua en aquellos lejanos y olvidados desiertos los 20 días que duró el asedio paraguayo. Como diría J.R.R. Tolkien a través del elfo Gildor en El Señor de los Anillos: el valor se encuentra en los lugares más insospechados.

Se podían contar por decenas los cuerpos de los soldados bolivianos que yacían insepultos y en franca descomposición dentro del fortín, pidió a los oficiales paraguayos poder darles cristiana sepultura. En el improvisado cementerio había unas cuantas cruces que intentaban dar sosiego a los caídos, entre ellos el Tte. Arturo Montes, hijo del ex presidente de la República Ismael Montes, que exactamente un día antes de la caída de Boquerón había sobrevoladola zona en un avión Curtis lanzando el pedido de resistir 10 días más la llegada de los refuerzos. El alto mando militar boliviano desconocía las extremas condiciones de nuestros soldados y el ex presidente Montes,allá arriba en los aires dentro del bimotor, no se imaginaba que su muchacho yacía enterrado envuelto en una frazada.

Subió al camión paraguayo que lo transportaría los 10 kilómetros hasta el comando paraguayo. En el trayecto recién se pudo dar cuenta de la magnitud de la ofensiva paraguaya,eran miles de soldados paraguayos en formación y varios centenares de ellos que fueron muertos por la bala boliviana, en sus mayores cálculos había dicho a sus oficiales “nos enfrentamos a un ejército de 2.000 hombres”. Tan solo después de muchos años y ya de vuelta en Bolivia luego de la prisión sabría que el ejército al que se enfrentaron estaba compuesto de unos 12.000 efectivos.

Los bosques de tuscales y cactus que rodeaban a Boquerón fueron escenarios de heroicas hazañas que Marzana no olvidaría, como la del soldado Eulogio Rivas que una noche en la que salía a rescatar las mochilas de los pilas muertos, para abastecerse de galletas, agua y municiones se encontró con dos soldados enemigos, dándoles muerte retornó con sus ametralladoras, esta acción le valió el ascenso al grado de cabo en el campo de batalla. A través de estos espinos se escurría y se burlaba del enemigo el gran capitán Victor Ustárez y fue en estos mismos bosques donde agarrado de su fusil cayó de bruces herido de muerte en el pecho en el intento de romper el cerco a Boquerón. Mejor suerte tuvo Germán Busch que en dos oportunidades logró sortear las filas paraguayas. Boquerón reunió a tres de los más grandes héroes bolivianos del chaco: Marzana, Ustárez y Busch. Marzana dejó Boquerón sin siquiera sospechar que se estaba convirtiendo en uno de losmásgrandes héroes del Chaco y de toda nuestra historia militar, liderizando una hazaña sólo comparable a los 300 espartanos de Leónidas en las Termópilas.

En el camino veía a los soldados paraguayos amparados al fresco de las sombras de los árboles,seguramente a esa hora del día la temperatura ya alcanzaba los 40 grados, comiendouna ración de carne seca, “que diferencia” pensó “los últimos 10 días ya sin nada que comer tuvimos que sacrificar a las mulas de artillería para dar el rancho, y cuando no quedaba ya ni siquiera una mula hicimos sopa con los cascos de las mulas. Sin duda no nos derrotaron los pilas, ni siquiera el hambre y la sed, hubiéramos podido resistir un par de días más si es que no se acababan las municiones, ahora ya sabe el soldado paraguayo de qué está hecho el soldado boliviano”.

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