Economía de Mercado
Armando Méndez Morales
22/06/2015 - 11:14

Las distorsiones del gasto público

En cualquier país existe el gasto gubernamental, el mismo que debería financiarse con los impuestos recaudados. Todo Estado tiene funciones y atribuciones que significan costos económicos. Cuánto mayores sean sus funciones mayores serán los costos en que incurre. Estos costos se subdividen en gasto corriente y en gasto de capital (inversiones).

El gasto que realiza el gobierno es parte de la “demanda interna”, por lo que su aumento, también la incrementa. Todo gasto público beneficia a personas y a empresas. Todos los que son empleados públicos se benefician con el pago de salarios que hace el gobierno. Todas las empresas que le venden bienes y servicios al Estado también lo hacen. Y las empresas distribuyen los ingresos obtenidos, por la venta de bienes y servicios a los gobiernos, a los participantes en el proceso productivo, entre ellos están los trabajadores, quienes a su vez adquieren bienes y servicios de otras empresas. ¡Aleluya! Todos se benefician ¡Viva el gasto público! Esta situación genera lo que se denomina “intereses creados”, que es muy difícil revertirlos en el futuro.

Pero el aumento del gasto no viene acompañado con el correspondiente aumento de los impuestos. A la gente no le gusta pagar impuestos porque eso reduce sus ingresos. Se hace crónico el déficit fiscal y, con ello, el aumento continuo de la deuda pública.

La actividad económica siempre tiene dos caras, la una es la de la demanda  y la otra es la de la oferta. No siempre que aumenta la demanda aumenta la oferta y mucho menos cambia la composición de la oferta cuando cambia la composición de la demanda. Esta realidad suele resolverse gracias a las importaciones. Cuando aumenta un determinado gasto público que no puede ser satisfecho por la producción nacional, sale en su auxilio las importaciones. Y esto es relevante cuando una economía es más abierta, lo que es lo mismo decir, cuando son importantes sus exportaciones e importaciones con relación al PIB. Bolivia tiene la economía más abierta de la región.

La estructura económica del PIB, por el lado de las actividades económicas, se modifica lentamente en el tiempo y no con la rapidez que puede cambiar la demanda interna como consecuencia del aumento del gasto público. Pero con el tiempo pueden aparecer empresas nacionales que satisfagan la demanda pública, con lo cual se modifica la estructura económica. El problema con esto es que cuando el gobierno decida disminuir sus gastos se encuentra con la oposición de los beneficiados, sean personas y empresas.

La terrible Segunda Guerra Mundial obligó a EE.UU. a modificar su estructura económica de una que producía predominantemente bienes para la paz, en situación de depresión, a otra que tenía que producir armas, lo que la dinamizó. La Segunda Guerra Mundial eliminó el enorme desempleo que había generado la Gran Depresión de los años 30, convirtiendo a la gente joven en soldados.

Los historiadores de la economía resaltan la gran depresión económica de los EEUU como consecuencia de la Crisis de 1929, pero no hacen lo mismo con la gran depresión que vino una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Lo que pasó, es que de pronto la industria para la guerra ya no tenía comprador. que era el gobierno norteamericano. Esa industria, con lentitud tuvo que retomar su papel de productor de bienes y servicios para la paz. Y esto tomó su tiempo, tiempo en que la economía estadounidense entro, otra vez, en depresión. Pero nunca perdió importancia la industria armamentista en EE.UU.

¿Cono financió EEUU el gasto público requerido para armarse?  No fue con impuestos sino con una enorme deuda pública, que la inflación, con el tiempo, la fue reduciendo substancialmente, hasta ubicarla a un nivel aceptable para su gran aparato económico. Esta deuda, otra vez creció de manera notable en los años recientes como consecuencia de la crisis económica del año 2007, deuda que se generó por los continuos y elevados déficits fiscales que comenzó a presentar ese gran país.

Pero el gasto público no solo genera “intereses creados” muy difícil de revertirlos, sino que genera corrupción. No hay un solo país en el mundo donde no se de este fenómeno. Transparency International, que continuamente hace un seguimiento de este hecho confirma lo indicado. Los datos señalan que en los países más desarrollados hay menos corrupción que en los países menos desarrollados. La explicación vendría porque en los primeros existe mayor institucionalidad y empleados públicos meritocráticos, que en los segundos. Pero lo que podría estar sucediendo es que en los primeros la corrupción se realiza con mayor “habilidad” que en los segundos. Cabe la pregunta ¿Quiénes financian las millonarias campañas electorales en los países desarrollados? ¿No son acaso, los “intereses creados”, las empresas que venden bienes y servicios al Estado?

En la región el tema que ha recibido mucha atención periodística ha sido la corrupción de la gran empresa “Petrobrás”, en Brasil. En el país, en los últimos días, ha hecho noticia la alcaldía de la ciudad de El Alto, donde los dirigentes de los “movimientos sociales” se habrían beneficiado con los recursos públicos de dicha alcaldía. Esto no sería un hecho aislado, sino la muestra que confirma la regla.

En un comentario periodístico reciente, de El País de Madrid, titulado: “La mafia devora Roma”, sostiene que: “los romanos descubrieron que la degradación crónica de su ciudad obedecía en gran parte a la existencia de una organización mafiosa dirigida por un viejo terrorista de extrema derecha y un empresario de izquierda que habían logrado meter en nómina, por las buenas o por las malas, a decenas de políticos y funcionarios municipales” para hacerse adjudicar los contratos de obras públicas más suculentos.” ¡En todas partes se cuecen habas!

La Paz, 19 de junio de 2015

*Profesor emérito de la UMSA y Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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