Economía de Mercado
Armando Méndez Morales
11/05/2015 - 09:36

La distorsión del salario mínimo

Ya se ha hecho una costumbre que cada primero de mayo el gobierno anuncie el aumento salarial con el beneplácito de los trabajadores asalariados, que en Bolivia son una minoría.

Antes de la llegada al gobierno de Evo Morales ya se acostumbraba el aumento anual de los salarios, tanto al mínimo como a la masa salarial.

Luego de superado el gran problema de la hiperinflación de los años 80 y cuando la economía entró a desenvolverse en un ambiente de relativa estabilidad del nivel de precios, el salario mínimo siempre se elevó por encima de la inflación.

Desde el año 1986 y hasta el año 1996 el salario mínimo subió algo más de cuatro veces y la inflación, medida por el Indice de Precios al Consumidor (IPC), algo más de tres veces. Esto quiere decir que en este periodo ya el salario mínimo había incrementado su capacidad de compra.

Es evidente que en el periodo 2002-2005 se dio el menor incremento del salario mínimo, incluso en los años 2004 y 2005 no se lo incrementó en absoluto. Esto fue consecuencia de que en los primeros años del siglo XXI la economía boliviana tuvo un pobre desempeño, como consecuencia de la crisis económica que asoló a la región, de la cual Bolivia no  pudo salir inmune.

A partir del año 1996 y hasta el año 2014 el salario mínimo se incrementó hasta 5,5 veces mientras la inflación medida por el Indice de precios al consumidor (IPC) sólo lo ha hecho en 3 veces, lo cual indica que la capacidad de compra de este salario aumentó substancialmente.

Si el análisis se lo hace no sólo con referencia al comportamiento del salario mínimo, sino al conjunto de salarios en el sector privado formal, se concluye  que durante todo este tiempo se ha generado una redistribución del ingreso al interior de los asalariados. Mientras en el año 1996, el salario promedio representaba seis salarios mínimos, para el año 2013 cae a tres salarios mínimos, situación a la que se llegó paulatinamente año tras año. Esta conducta se hace más intenso cuando se relacionan los salarios del personal ejecutivo de las empresas privadas, que para el año 1996 representaban, en promedio, 25 salarios mínimos; para el año 2013 sólo constituyen 12 veces. Esto denota una gran redistribución de ingresos al interior de los trabajadores en favor de la mano de obra menos calificada y en desmedro de la mano de obra más calificada.

Desde un punto de vista socialista, “igualitarista” lo señalado puede calificarse de exitoso porque disminuye la desigual distribución del ingreso, pero desde el punto de vista de la eficiencia económica puede significar lo contrario. ¿Por qué? Los que reciben el salario mínimo son la mano de obra menos calificada. Si estos mejoran substancialmente su capacidad de compra y no así la mano de obra más calificada, la señal que se está dando es: ¿para que estudiar una profesión, para que esforzarse para alcanzar puestos ejecutivos si la remuneración no compensará el permanente sacrificio, que significa mejorar continuamente la capacidad laboral?

La determinación del salario mínimo se generalizó durante el siglo XX. Fue la consecuencia del dominio de la ideología socialista en el mundo y de la idea marxista de que el obrero es explotado. Fue el resultado de suponer que en la relación laboral la parte débil está dado por los oferentes de mano de obra, que son los trabajadores, y la parte fuerte -y abusiva- estaría dado por los demandantes, que son las empresas. Hoy, son pocos los países donde el salario mínimo no existe. Hace poco Hong Kong lo ha introducido.

En el contexto señalado hay que destacar un hecho: Los salarios mínimos, comparativamente, son menores en los países asiáticos que en los demás países, hecho que viene acompañado con que el desempleo es mucho menor en los países asiáticos que en  el resto, lo que confirma lo que la teoría económica enseña.

Una conclusión de la ciencia económica es que la generalización del salario mínimo ha ocasionado en el mundo un  enorme desempleo. Al elevarse políticamente los salarios, se ha conducido a las empresas ha sustituir la mano de obra por el capital y la tecnología, en riguroso cumplimiento a las leyes económicas. Por tanto, ante salarios vigentes impuestos políticamente, se produce el fenómeno económico del permanente exceso de mano de obra que nadie esta dispuesto a contratarla.

¿Quiénes son los más perjudicados? Son los jóvenes, que aunque tengan formación profesional, que por lo general es teórica, no están en condiciones de competir con gente de mayor edad, que con profesión y experiencia, son preferidos al momento de la contratación a los salarios vigentes impuestos por los gobiernos y no como resultado de la competencia salarial que debería prevalecer en el mercado del trabajo, como los precios  lo hacen en cualquier mercado competitivo.

Un dato concreto que avala lo indicado es el caso español, donde la tasa de desempleo llegó al 25 %, junto al desempleo juvenil que alcanzó al doble.

 

La Paz, 8 de mayo de 2015

 

*Profesor emérito de la UMSA y Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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