Economía de mercado
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Armando Méndez Morales
12/10/2016 - 14:25

Una presidencia de Trump frenaría la globalización

En el primer debate, entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton,  por el Partido Demócrata, y Donald Trump, por el Partido Republicano, se dijeron muchas cosas, muchas intrascendentales y de ataques personales; pero poco de temas de vital importancia para el avance de la economía mundial y que tienen que ver con el libre comercio, que hoy por hoy se da mediante los tratados de libre comercio entre los Estados.

Los tratados firmados por EE.UU. recibieron una crítica negativa por Trump.  Increíblemente se llega a la conclusión de que Trump desconoce que el comercio es el eje fundamental que cimienta la integración económica de los países.

Cuando se habla de libre comercio nos estamos refiriendo a personas, bienes, servicios y capitales. Se avanzó bastante en el movimiento de capitales, principalmente entre los países desarrollados. China es uno de los países que más se abrió a la inversión extranjera directa como en general lo han hecho los países asiáticos. El resultado es que en las últimas décadas Asia es la región de mayor crecimiento económico en el mundo. En cuanto a bienes y servicios los tratados firmados se traducen en un listado de productos que un país puede exportar a otro, sin ninguna traba, pero no abarca a todos los productos que dicho país podría hacerlo. Además, se plantean regulaciones especiales, como por ejemplo, que los insumos utilizados en dicha producción provengan del país con el cual se ha firmado el tratado y no de cualquier otro. Es un tema complicado, porque cada Estado está expresando los intereses económicos de sus sectores más fuertes que quieren que se les abra mercados en el mundo, mientras otros no quieren la competencia de la producción extranjera, porque ello implicaría menores ganancias.

En el campo del libre movimiento de personas se avanzó, aunque también con tropiezos. Los enemigos naturales al libre movimiento de personas viene por el lado de los países desarrollados cuyas regulaciones laborales y agrupaciones sindicales se oponen, bajo el argumento de que hay una competencia desleal ya que en los países en proceso de desarrollo las remuneraciones son más bajas, por lo cual esta gente está dispuesta a migrar, generando competencia a los trabajadores del lugar, lo que impide incrementos salariales que todo trabajador siempre busca. Se da el caso de que personal altamente especializado está dispuesto a trabajar en los países desarrollados por remuneraciones más bajas que los que gozan los del lugar.

En este escenario, lamentablemente, en los últimos tiempos se está convirtiendo en un problema dado que mucha gente está buscando migrar por todo medio, principalmente a Europa como consecuencia de la guerra desencadenada en Siria. En particular, continuamente mucha gente de Centro América, por diferentes medios, se dirige a EE.UU. Se calcula que 11 millones de migrantes en EE.UU. son indocumentados.

Según  Trump los acuerdos que suscribió EE.UU. costaron puestos de trabajo para los residentes de ese gran país. El mismo puso en el tapete de la discusión el Tratado de libre Comercio de América del Norte, que se firmó durante la presidencia de su esposo Bill Clinton y su apoyo a la Asociación Trans Pacífico. Explícitamente, Trump señaló que NAFTA fue el peor acuerdo que se firmó entre EE.UU, Canada y México.

Por otra parte, es evidente que empresas norteamericanas se han trasladado a otros países del mundo porque los impuestos son altos. Esto también afecta a la población norteamericana porque dispone de menores fuentes de empleo. Me viene a la memoria el caso de Apple que solo contrataba 25 mil personas en EE.UU, que realizaban el trabajo más sofisticado, pero la fabricación de piezas y su armadura se hacía en países asiáticos, creando 300 mil empleos. Lo bueno de la globalización es que facilita la difusión  del conocimiento, y amplia las ventajas competitivas de los países

Esto, junto a una percepción de decepción de la gente sobre los políticos, quienes se dan cuenta que detrás de todas las elecciones están los intereses de las grandes empresas que se expresa en millonarias donaciones para las campañas electorales, está llevando a una desconfianza de la llamada clase política, a la cual pertenece Hillary Clinton.

Adicionalmente, hay percepciones erradas en los estadounidenses: “la mayoría cree que la pobreza mundial se duplicó en los últimos 20 años, pese que en realidad se redujo a la mitad”. Hay gente en EE.UU. que no reconoce que el mundo avanza y está progresando de manera inédita gracias al proceso de globalización, aunque en todo proceso no se manifieste en un bienestar igualitario, unos se benefician más que otros. Esto no gusta a los segundos.

Según un estudio sobre globalización, para el periodo 1988-2008, ha sido la clase media asiática la que mas se ha beneficiado. “Los mayores perdedores en términos relativos son las clases medias y bajas de Europa y de los EEUU”.

Hay un peligro de proteccionismo que acertadamente China ha puesto en el tapete de la discusión en la última cumbre del G20. Un intento a retornar al proteccionismo puede desencadenar un proceso de fuerte ralentización de la economía y, con ello, un mayor descontento de la población mundial, con todas las consecuencias negativas que esto conlleva.

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