Economía de Mercado
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Armando Méndez Morales
16/06/2014 - 12:39

La libertad

La libertad es un atributo natural de la humanidad. Se la puede clasificar en dos. Libertad de pensar y libertad de acción. La primera entendida como la capacidad del hombre de darse respuestas a las permanentes preguntas que se  hace el hombre/mujer: ¿De donde venimos? ¿Qué hacemos? y ¿Dónde vamos? Ejercer la libertad natural de pensar implica que cada persona puede darse las respuestas que mejor vea conveniente  sin ninguna coacción externa, comenzando por la tradición familiar. Esta libertad en la historia de la humanidad se ha visto coaccionada desde el mundo de la filosofía, de la religión y de la política. Siempre hay los “intelectuales” que pregonan las respuestas “verdaderas” a las preguntas aludidas y de manera abierta o velada imponen a los demás. Estas verdades provienen del mundo de la filosofía y de la religión, siendo el poder político el medio para imponerlas. Es lo que en algún momento se denominó la “conciencia social”

Un ejercicio correcto de la libertad natural de pensar implica que nadie debería imponer respuestas a los hombres en el campo de la filosofía y de la religión. En general, en ningún campo. Las ideas científicas deben ser asumidas libremente por quienes se dedican a ellas. Si se trata de ciencia, se tiene la obligación de demostrar validez. La historia de la ciencia enseña que las verdades científicas no son absolutas, sino que cambian de acuerdo a la evolución de la ciencia. Todo evoluciona.

Cada persona es libre de darse las respuestas que mejor vea por conveniente, sin correr el riesgo del oprobio social o de la persecución política. Una libertad natural en práctica implica que ninguna persona debería estas obligada a ir la guerra con el conocido argumento de: “amor y defensa de la patria”, bajo cuyo lema millones de hombres jóvenes-muchachos- dieron su vida en los campos de batalla. Primero, porque fueron impedidos de ejercer su libertad de pensar, pero también porque se les negó la libertad de acción.

La libertad de acción es la consecuencia natural de la primera, de la de pensar. Desde un punto de vista estrictamente racional es muy difícil aceptar que un hombre libremente elija ir a la guerra donde pueda morir, no por decisión propia. De principio, tiene que haber sido alineado en sus años de formación a este propósito y, luego, obligado por alguna ley gubernamental.

Pero es en la actividad económica donde mejor se ejerce la libertad de acción. Desde los remotos tiempos la humanidad tuvo que asegurar su subsistencia, para lo que en su etapa salvaje mataba a otros animales, luego extraía lo que la naturaleza pródigamente le ofrecía, hasta tiempos recientes donde el hombre aprendió a trabajar y con ello a crear los productos que requerían su subsistencia.

De igual manera como fue coaccionada la libertad de pensar lo fue la libertad en la actividad económica. Predominaron sociedades en que el trabajo se obligaba a las mayorías y donde las minorías –la aristocracia- vivían de lo generado por los esclavos. Esto cambió con lo que se denomina sistema capitalista o economía de mercado, desde hace pocos siglos atrás, porque se impuso el derecho a elegir libremente la actividad económica que asegure la subsistencia.

Pero la libertad de acción no es absoluta, no significa libertinaje, no significa que la gente hace lo que le viene en gana, “no es libertinaje”. La libertad acaba donde comienza la libertad del otro. Libertad de elegir la actividad económica que mejor se  vea por conveniente exige requisitos, una de ellas es demostrar capacidad en realizar la actividad económica que se elige. Pero no sólo esto, quién elige libremente una actividad económica, un derecho, contrae obligaciones. En una empresa cualquiera, la persona que es contratada libremente tiene la obligación de subordinarse a otras personas, porque así lo exige la división y especialización del trabajo, la eficiencia económica. Esto no rompe con el principio de libertad de acción, pero delimita el marco racional donde se desenvuelve.  

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