Buscando la verdad
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Gary Rodríguez Álvarez
26/10/2015 - 12:15

“La virtuosa tríada del endeudamiento-inversión-desarrollo”

Un verdadero revuelo ha causado el anuncio de que Bolivia logró un empréstito de la República Popular China por 7.400 millones de dólares para que empresas de ese país ejecuten varios proyectos en el nuestro, apalancadas por un -hasta hace poco- inimaginable crédito a ser canalizado por el Banco de Importaciones y Exportaciones de China (Eximbank).

Muchos han alertado que con dicho crédito la deuda externa se estaría más que duplicando, a la par que los defensores del empréstito dicen que llegar a una relación de endeudamiento del 35% con el PIB, es manejable. Poniendo “paños fríos” al tema, a continuación algunas consideraciones desapasionadas:

Primero: habrá que convenir que a diferencia de otros, este crédito no se destinará al gasto público y, a Dios gracias, tampoco a crear más empresas públicas que suelen empezar bien pero normalmente acaban mal; su destino será la inversión en infraestructura, lo que le hará muy bien al país.

Segundo: ¿tenemos la musculatura suficiente para financiar mega-proyectos por nosotros mismos? Definitivamente no. Que la China pasará a ser nuestro principal  acreedor -más que el BM, BID, CAF- es cierto, pero ¿podrían esas entidades prestarnos tal cantidad a tasas del 1% al 4% y a plazos concesionales, como dice que lo hará China? No lo podrían hacer, por haber Bolivia pasado a ser un país de “ingreso medio bajo”. No olvidemos tampoco que los 1.000 millones de dólares de los Bonos Soberanos colocados en el corazón del capitalismo –para atraer la atención de la inversión extranjera, lo que no ocurrió- el interés promedio que pagamos supera el 5% anual.

Tercero: se dice que la bonanza acabó y dada la estrepitosa caída del principal componente del PIB boliviano -las exportaciones- que algo hay que hacer mientras se recuperen los precios de las materias primas para que la economía no se desmorone; siendo la respuesta “más inversión pública” qué mejor, que en infraestructura para apuntalar nuevos procesos productivos, comerciales y de turismo. Que se dinamice la economía durante la crisis, nos vendrá bien.

Cuarto: ¿Es malo endeudarse? Depende. Como bien dijo Jyh Chyang Hwang, el experto asiático invitado por la Universidad para el Desarrollo y la Innovación (UDI) para hablar sobre cómo hacer negocios con la China y el Asia, “para crecer hay que deber, igual como en hace una persona que invierte para comprarse una casa, mucho más si se trata de inversión que traerá ganancias”.

Quinto: La propia China hizo lo mismo antes recibiendo capital extranjero, asimilando tecnología y know how administrativo, con lo que capacitó a su gente, se benefició de la deslocalización productiva, y con ello pasó a ser el primer exportador mundial, la segunda potencia del planeta y el primer acreedor de los EEUU, sacando al mismo tiempo más de 500 millones de ciudadanos de la extrema pobreza gracias a su integración al mundo.

Sexto: Toda inversión será buena en la medida que sea racional, eficiente y transparente o ¿no es lo que siempre hemos demandado del Estado?

Finalmente: ¿alguien podría oponerse a encarar proyectos para vertebrar de Sur a Norte el país con carreteras que activen potenciales productivos dormidos conectándolos al mercado interno y externo? O, ¿a la construcción del ansiado Puerto Busch que marcará “un antes y un después” para el comercio exterior del país, en la perspectiva de triplicar la producción de alimentos hasta el 2025? O ¿a hacer realidad el atávico Proyecto Rositas para habilitar varias centenas de miles de hectáreas de tierra bajo riego para la producción agropecuaria, al mismo tiempo que generar abundante energía eléctrica? O ¿a convertir el Aeropuerto Viru Viru en un “Hub aéreo” en el corazón de Sudamérica? O ¿a la extensión ferroviaria Motacusito-Puerto Busch viabilizadora de un polo de desarrollo en el sudeste cruceño? O ¿a dar una solución definitiva al insufrible paso de “El Sillar”? O ¿tal vez a un gustito más, el nuevo stadium de Cochabamba?

En suma, no se trataría solo de “un crédito gigantesco para necesidades gigantescas” sino también para “generar posibilidades gigantescas de desarrollo” que acompañadas de coherentes políticas públicas debería traer como consecuencia su repago sin problemas, permitiendo además que el Estado se ocupe con mayor propiedad de la salud, educación, capacitación e investigación así como de propiciar un mejor entorno para que el empresariado genere más empleos dignos y de calidad en beneficio de los bolivianos.

Siendo todo esto deseable, no habría por qué temer a este mayor endeudamiento -eso sí- siempre que prime la transparencia, eficiencia y honestidad de quienes administran el país, sabiendo que “nada hay oculto, que un día no vaya a salir a luz”.

 

Santa Cruz, 21 de octubre de 2015

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