Mané Montalvo
09/10/2015 - 00:05

El traje nuevo del Emperador

Hoy, el Emperador volvió con la Verde al Siles después de ese increíble gol al arco defendido por Marcos. Como DT de la “Verde”, Julio César prometió estos días al país futbolero, trabajo, entrega y juventud. Como en el cuento de Andersen, una multitud alborozada lo acompañó. Sin embargo…

El cuerpo técnico de Bolivia (AFKA)

La Paz, 08 de octubre (Mané Montalvo, especial para Oxígeno).- Este jueves, Julio César Baldivieso hizo honor a su apodo de “Emperador”.

No por las glorias futbolísticas pasadas que hicieron de él, como deportista de élite, el jugador de nivel técnico de mejor toque exquisito y preciso que ha tenido el fútbol boliviano en su historia, sino por parecerse al cuento de Hans Christian Andersen cuyo título lleva esta nota.

No tengo la menor duda que el mote de “Emperador” se lo ganó jugando en el Cobreloa de Chile, el Newell’s de Argentina, el Yokohama de Japón, el Bolívar de La Paz, sin olvidar que estuvo a una nada de fichar en el Olympique de Marseille de Francia (algo que muy poca gente en Bolivia conoce) luego del increíble gol marcado a Brasil en el Siles desde una distancia de 45 metros, justamente en Eliminatorias para la Copa del Mundo Corea-Japón 2002.

Hoy, el Emperador volvió con la Verde al Siles después de ese increíble gol al arco defendido por Marcos. Como DT de la “Verde”, Julio César prometió estos días al país futbolero, trabajo, entrega y juventud. Como en el cuento de Andersen, una multitud alborozada lo acompañó. Sin embargo…

- Juventud no la tiene un equipo cuyo promedio de edad en la tarde de hoy rondaba los 28 años, y donde el arquero semi-debutante tiene 37 años. En los estándares del balompié internacional, un jugador joven es Sebastián Gamarra, quien debe preguntarse para qué diablos lo traen del Milanello, el poderoso centro de alto rendimiento del Milán AC, a hacer banca en el Siles. Primera promesa incumplida, ya que no hubieron verdaderas caras nuevas hoy en la derrota frente a Uruguay.

- Entrega en el fútbol, no significa ir a pasar horas preciosas (recordemos que se tienen apenas 5 a 7 días para armar la Selección para un partido Clase “A” de FIFA) y que se pueden dedicar al entrenamiento, a repetir jugadas, ensayar pelota parada,  a perder inútilmente el tiempo en un literal saludo a la bandera en instalaciones militares.

A ver estimado Julio César: el fútbol y los temas militares no van juntos. No van. No se mezclan siquiera. Son la antítesis el uno del otro. Para recordarlo, dale con urgencia una leída al capitulo que Eduardo Galeano dedica en “Futbol a Sol y sombra” al Dinamo de Kiev durante la Segunda Guerra Mundial. Segunda promesa incumplida entonces, disfrazada con un patrioterismo y utilización abusiva de los símbolos patrios (que por algo tienen su lugar, espacio y fuerte contenido emotivo) en el momento y lugar equivocado.

- Tercero, se ofrece trabajo. Trabajo significa estudiar al rival y analizar sus fuerzas y debilidades. Por algo Marcelo Bielsa pasa horas de horas viendo los partidos de los otros equipos, analizando las jugadas, interpretando a cada jugador. No creo que el Emperador haya visto los últimos cuatro o cinco partidos del Uruguay. Si los hubiese visto, se daría cuenta que es imposible hacerle daño a la “Celeste” por el juego aéreo (junto con Italia y Argentina es el mejor equipo del mundo en ese ámbito) y vería que el peligro viene por ahí. Uruguay nos hizo dos goles en jugadas de dos a tres toques que tuvieron balón aéreo. A su vez, Bolivia generaba peligro, solamente cuando tocaba por abajo. La “Verde” perdió todos y cada uno de los balones de juego aéreo con la defensa uruguaya, donde encima manda Diego Godín del Atlético de Madrid, uno de los mejores centrales del planeta.

Las 40,000 personas que fueron al Siles fueron a ver a un Emperador y a sus soldados. La realidad desnudó las limitaciones de un ser humano que quiere ser tan grande de DT como lo fue en la cancha, y un grupo de deportistas que si bien se esforzaron, se encuentran muy lejos del nivel de la alta competición que requiere hoy el deporte rey. Corrieron mucho, pero sin norte y de manera muy desordenada.

Andersen cerraba su cuento de esta manera:

“Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:

«¡Pero si va desnudo!»

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo escuchó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.”

Es importante que toda la gente de nuestro pueblo termine de darse cuenta que tanto Julio César como el fútbol boliviano van en esta eliminatoria casi desnudos para enfrentarse a equipos 10, 20 o 30 veces mejor preparados, física, táctica y psicológicamente que nosotros. Equipos que trabajan y se preparan hace décadas. Mientras los otros países suben, nosotros estamos en picada desde hace mucho tiempo. En realidad, desde el partido aquel donde obtuvimos el subcampeonato de la Copa América 1997. Desde ese día, el fútbol boliviano ha evolucionado, pero para abajo.

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