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Roberto Ossio Ortube
28/04/2019 - 23:20

Ciento Veinte (120) años – 1899 – La Revolución de Bolivia (La Guerra Federal)

El semanario argentino CARAS Y CARETAS, publicado el 28 de enero de 1899, muestra con el título "La Revolución de Bolivia",  la forma como se percibía en parte del continente, el conflicto interno que asoló a nuestro país con el nombre de la Guerra  Federal, resumiendo quizás en pocas líneas los antecedentes, protagonistas y posible desenlace. Este hallazgo, hace pertinente aproximarnos a este enfrentamiento que aún genera polémica a nivel interno por sus consecuencias y personajes.

El Dr. Severo Fernández Alonso y el entonces Coronel José Manuel Pando Solares ( Semanario CARAS Y CARETAS, Buenos Aires, 1899) Biblioteca Nacional Madrid - España

Uno de los ejemplares del semanario argentino de actualidades de finales del Siglo XIX, denominado CARAS Y CARETAS, de fecha 28 de enero de 1899, en su Número 17 del Año 2, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid, hace referencia en uno de sus artículos a nuestro país, con el título de "LA REVOLUCIÓN DE BOLIVIA" que se transcribe a continuación:

Las incorregibles y más tenaces cuanto más viejas pretensiones de los habitantes de La Paz. La segunda ciudad de Bolivia en el orden político y la primera en concepto de importancia, que quieren a todo trance trasplantar a ese centro el gobierno central del país, cuy asiento legal, aunque no efectivo ha sido siempre la histórica ciudad de Sucre, han recrudecido a tal punto, en estos últimos tiempos, que ahí tenemos a la vecina república envuelta en los horrores de una guerra civil que amenaza ser tan larga como sangrienta.

Como capitán general de las fuerzas que rodean a los revolucionarios, encerrados en La Paz está el Presidente de la República, Dr. Severo Fernández Alonso, hombre más bien de letras que de armas y a quien, según se afirma, su espíritu conciliador, haciéndolo aparecer tal vez débil, lo ha llevado a ese conflicto. Si no el alma de la revolución, el brazo fuerte por lo menos está encerrado en la personalidad del coronel José Manuel Pando a cuya dirección está confiada la suerte del movimiento.

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La Revolución o Guerra Federal enfrentó a dos regiones de Bolivia, el Norte contra el Sur, que se disputaban a finales del siglo XIX, la preminencia y la hegemonía del país, tanto en el aspecto político como en el económico. El Partido Constitucional o Conservador había detentado ininterrumpidamente el destino del país desde 1884 (Los Demócratas de Gregorio Pacheco en sí eran conservadores de otra facción, frente a los Constitucionales de Aniceto Arce y Mariano Baptista). Esta fue la época de los denominados “Patriarcas de la Plata”, quienes tuvieron su fortaleza en los centros mineros de Huanchaca, Pulacayo, Portugalete, Guadalupe primordialmente, siendo epicentros económicos que cobraban la forma de una colmena gigantesca, que movía también el comercio, la industria y la agricultura alrededor de ellos.

Sin embargo, el declive económico originado por la baja del precio de la plata había generado la paulatina decadencia de los denominados “Patriarcas” que se habían afincado en Sucre. Tanto Gregorio Pacheco como Aniceto Arce salieron de sus presidencias con sus heredades notablemente disminuidas. El cambio internacional al patrón oro, desplomó el precio de la plata hasta niveles paupérrimos. En lo político, el periplo conservador siguió con Mariano Baptista, sin el mismo empuje de sus predecesores, acicateado por el constante fantasma de la insurrección atizada por el Partido Liberal.

El péndulo empezó a virar hacia el Norte, hacia La Paz, región vinculada al activo comercio externo a través del sur del Perú, emergiendo simultáneamente una nueva fuerza económica impulsada por la explotación del estaño, cuyo precio se incrementaba en los mercados internacionales. Su baluarte y referente político era el Partido Liberal, liderizado inicialmente por el Gral. Eliodoro Camacho quien había luchado infructuosamente por llegar a la presidencia. El mencionado militar cansado de bregar inútilmente y habiendo perdido de nuevo las elecciones en 1892 frente a los conservadores, finalmente se apartó, por lo que los liberales en su convención partidaria eligieron a un nuevo líder, quien sería una de las figuras trascendentales de la Historia de Bolivia: el Cnl. José Manuel Pando quien fue elegido candidato a la presidencia para hacer frente al Dr. Severo Fernández Alonso por los constitucionales.

Fernández Alonso era un abogado chuquisaqueño, de apergaminada cuna, el único varón entre varias hermanas, cuya vocación en un primer momento fue ser clérigo, sin embargo, pasados los años declinó vestir hábito y estudió abogacía en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca. Su carácter educado, conciliador, cauto, apacible, era tomado por muchos de sus contemporáneos como signo de debilidad. No obstante, tuvo éxito como abogado y fue propietario de minas, específicamente la de San José en Oruro, que le rindió buenos dividendos y le proporcionó una holgada posición económica.

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Frente a él se encontraba José Manuel Pando, nacido en Luribay, quien había cursado en su temprana juventud la carrera de medicina, sin embargo, su verdadera vocación se encontraba en el ejército, siendo particularmente hábil en el ámbito de la artillería, donde sus conocimientos descollaban por su estudio y precisión. Pando llegó incluso a escribir manuales respecto al uso correcto de los cañones. Por las innumerables revoluciones, rebeliones y reyertas que azotaron Bolivia, el joven militar ganó méritos, así como sufrió persecución y destierro, ascendiendo lentamente en el escalafón militar, participando distinguidamente en la Guerra del Pacífico, donde fue uno de los más destacados artilleros terrestres y navales. Peleó en la Batalla del Alto de la Alianza, donde fue gravemente herido, un proyectil impactó en uno de sus brazos fracturándolo y provocando la rotura de uno de los nervios principales, teniendo como consecuencia que este quedara parcialmente inmovilizado.

Mientras en 1880, Pando luchaba en el desierto donde fue hecho prisionero, Fernández Alonso participaba como convencional en la Asamblea que sancionó una Constitución que regiría el país por más de cincuenta años, texto orientado al librecambio y al respeto irrestricto de la propiedad privada, enfrentando sórdidamente a guerristas y pacifistas respecto a las consecuencias posteriores al conflicto. El abogado chuquisaqueño se afilió militantemente a las filas conservadoras llegando a ser vicepresidente del país, esto explica que fuese elegido como el candidato del Partido Constitucional para la justa electoral. En 1896 se convocó a elecciones, Pando y Fernández Alonso se enfrentaron en las urnas, en una reñidísima contienda donde los Conservadores nuevamente obtuvieron la victoria frente a los Liberales. Sin embargo, las circunstancias hacían prever que este resultado no era una prenda de garantía para un periodo estable y pacífico.

El inevitable conflicto entre La Paz y Sucre, se avizoraba y el estallido vino con la promulgación el 31 de octubre de 1898 de la Ley Radicatoria que determinaba que el Poder Ejecutivo debía quedarse permanente en la ciudad de Sucre. En acaloradas sesiones donde el uso de la palabra se veía acicateado por la presencia efervescente de los más connotados ciudadanos de Sucre y por una prensa que por ambos bandos, encendía aún más la animadversión entre las partes con los epítetos más sañudos e insultantes, simplemente prepararon el camino al enfrentamiento. En vista a la promulgación de la norma objetada, los representantes paceños se retiraron alegando haber sido ultrajados, proclamándose por consiguiente la Junta Federal el 12 de diciembre de 1898 en La Paz. Tanto Pando como Fernández Alonso intercambian en una serie de cartas y organizaban reuniones, donde el militar hábilmente parece jugar al entendimiento y al diálogo mientras en forma simultánea en La Paz las fuerzas liberales se organizan, acantonan y se preparan para la batalla. Téngase presente que paradójicamente Pando fue elegido representante por Chuquisaca y votó a favor de la Ley Radicatoria.

Después de sentidas y premonitorias despedidas y desfiles en Sucre, Fernández Alonso dirigió a las huestes del Sur hacia el altiplano, auxiliado por militares veteranos del Pacífico como Melitón Sanjinés que tendría un final trágico, sin embargo, al frente tenían a Pando quien era no sólo hábil en la política o la artillería, era talentoso para la organización logística, con un aditamento especial, el convencimiento de tener a los aimaras del altiplano andino de su lado, mismos que se encontraban liderados por Pablo Zarate Willca, quien estaba en continuo contacto con él. También un factor determinante fue la intermediación de su esposa Carmen Guarachi , quien tenía un alto ascendiente sobre las comunidades indígenas al ser descendiente de caciques con propiedades en Luribay, teniendo influencias que conectaban desde el Rio Desaguadero, enlazándose con las provincias Pacajes, Loayza e Inquisivi.

El desarrollo de los acontecimientos tuvo su inicio en Oruro donde llegaron las tropas constitucionales para concentrarse, para una posterior marcha hacia La Paz, sin embargo, la falta de cohesión de los conservadores hizo que las fuerzas del sur se encontrasen desorganizadas y carentes de avituallamiento adecuado, por lo que debieron buscar enseres básicos, comida, agua y forraje para sus cabalgaduras donde pudiesen. Eso llevó, a que se realizaran requisas y saqueos que generaron resistencia y hostilidad a los conservadores. Un nombre se encuentra en particular vinculado a la tragedia y es el símbolo del mal augurio que vendría a continuación, el denominado Escuadrón Sucre, conformado por civiles inexpertos que se enlistaron por la emoción del momento y empujados por el entusiasmo regional, mismos que comprendieron muy tarde, que un conflicto bélico no era un paseo dominical. Al quedarse sin vituallas, ingresaron violentamente a la población de Coro Coro en busca de pertrechos, encontrando una lógica resistencia local, misma que fue respondida con fuego cruzado, abatiendo a indígenas y lugareños, generando odio entre los pobladores quienes empezaron a cercar el pueblo para ajusticiar a los invasores, mismos que contaban, dicho sea de paso, con municiones contadas, abriéndose paso en desbandada.

Posteriormente vino la denominada Batalla del Primer Crucero en el cruce denominado Cosmini, que más que una batalla, fue un tiroteo que devino en la explosión de una carreta de municiones, más precisamente un furgón, que produjo una retirada desordenada de los conservadores, que pretendían tomar y bombardear La Paz, quienes se encontraban hostigados por el fuego liberal y las avanzadas indígenas desde los cerros colindantes, las que agotaban a la maltrecha tropa, haciendo que el repliegue fuese tan anárquico como desprolijo hacia Oruro, no se reparó en dejar en la zaga material bélico y a los heridos a su suerte.

Es en este momento en el que el 24 de enero de 1899, se produjo uno de los hechos más abominables de los que se tenga recuerdo, los heridos y rezagados de las tropas constitucionales, entre los que se encontraba Melitón Sanjinés y restos de Escuadrón Sucre, fueron brutalmente masacrados en el templo de Ayo Ayo. Las huestes indígenas entraron a tropel en la población, cercando la iglesia y sacrificando a las víctimas de las formas más atroces y abominables que puedan imaginarse, influidos por el alcohol y la barbarie. Pero este no fue el único escenario en el que se vivió un hecho de terror de estas características tan crueles y salvajes, más tarde las propias tropas liberales fueron masacradas en la población de Mohoza donde los indígenas lograron desarmar a los combatientes, sacrificando a las desgraciadas víctimas en una orgia de sangre y muerte.

Queda en la incógnita hasta el día de hoy: ¿Quién ordenó o instigó estos ataques?: ¿Fue Pablo Zarate Willca? ¿Fue el resultado de los acontecimientos y de centurias de opresión y explotación que buscó una válvula de escape brutal? ¿O era el preludio para un gran levantamiento indígena que tenía como objetivo la emancipación definitiva y el exterminio de blancos y mestizos?

La habilidad de Pando y la pusilanimidad de Fernández Alonso, hicieron que después de infructuosas tentativas de apaciguamiento y la fallida toma de Cochabamba por parte de los conservadores, el encuentro definitivo se produjese el 10 de abril de 1899, en el cruce de Paria o Segundo Crucero cerca de Oruro, donde las tropas liberales debidamente organizadas y mandadas, se impusieron a las tropas constitucionales cuyo desplome partió del desánimo de sus fuerzas, la deficiente conducción militar de Julián María López que conllevó al desorden de sus elementos y por ende a la derrota. El número de combatientes de ambos bandos sumo cuatro mil hombres de los cuales casi mil cayeron en combate o fueron heridos.

El ingreso triunfante de las tropas liberales pero más que nada de la muchedumbre indígena a Oruro, hizo que los ocasionales enemigos tendiesen puentes de paz para socavar cualquier intentona de sublevación que parecía estar destinada a un levantamiento nacional, con consecuencias inciertas. Pando tenía como objetivo apaciguar al país y más que nada desactivar la posibilidad de conflicto encabezado por Zarate Willca. El triunfo parece frágil si no se deshacen del líder indígena.

Posteriormente la Convención reunida en Oruro, ahora dominada por los Liberales, decide finalmente refrendar la Constitución de 1880 y designar formalmente al ya Gral. Pando como Presidente Constitucional de Bolivia, con el matiz que ahora las decisiones políticas y legislativas se adoptarían desde La Paz, la nueva Sede de Gobierno hasta nuestros días. El federalismo será archivado.

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Severo Fernández Alonso, conociendo la derrota, pausadamente abordó un ferrocarril en un elegante coche para dirigirse hacia Antofagasta, desde allí siguió manejando sus negocios mineros. Volvió a la arena pública en 1920, paradójicamente, como miembro del Partido Republicano, fundado por su antagonista, José Manuel Pando, llegando a ser Canciller de Bautista Saavedra. Murió en 1925. Aún, sin embargo, se recuerda lo que el prohombre del conservadurismo boliviano, Aniceto Arce, exclamaba airado en detrimento del derrocado gobernante, al enterarse de la derrota de las tropas constitucionales: “Faltó el hombre!!”

José Manuel Pando es una figura excluyente de Bolivia en todos los aspectos, ungido presidente no dudó en dejar de lado el ideario federal para continuar con el estado unitario. El denominado “silencioso manco del Pacífico”, por su parca y secante conversación, tuvo que soportar en su periodo de gobierno, una revolución separatista en el Acre y un conflicto internacional con Brasil por el mismo territorio, siendo simultáneamente baluarte defensor y explorador del territorio nacional. Fundador del Partido Republicano, su propia muerte en 1917 es un hecho de extraordinaria repercusión histórica que no ha sido totalmente esclarecido.

Pablo Zarate Willca es un personaje controversial y enigmático, que debe ser estudiado con una visión imparcial ajena a los estímulos o preconceptos que puedan generarse en su favor o en su contra. Evidentemente fue un hábil líder que pudo cohesionar a los indígenas en busca de reivindicar sus Derechos, pero que no logró doblegar los acuerdos soterrados de liberales y conservadores para preservar sus intereses ante una sublevación que más que política se hubiese convertido en un intento emancipador para devenir en un estado indígena, algo que resultaba en ese entonces, extraño, subversivo y peligroso. Los hechos de Ayo Ayo y Mohoza nunca fueron aclarados en cuanto a su autoría e instigación. El temible Willca fue ajusticiado y muerto por la espalda en 1903, para apagar momentáneamente, por un tiempo, los clamores terrígenos que aún no habían dicho su última palabra.

Paradójicamente, debía encontrarse en este grupo de personajes claves Carmen Guarachi de Pando, en su papel de articuladora y pieza fundamental para lograr la victoria liberal obteniendo la alianza de los indígenas. Su figura se desvaneció detrás del mandatario liberal.

Han transcurrido ciento veinte años y este conflicto aún promueve el debate y el estudio dentro de nuestro país y su repercusión incluso ahora, se hace evidente en el hallazgo de esta sencilla reseña en una vieja revista publicada en Buenos Aires y que se encuentra resguardada en el silencio de una biblioteca lejana.

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