Buscando la Verdad
Gary Rodríguez Álvarez
20/08/2014 - 09:33

Sophia Calvo Aponte (In Memoriam…)

Conmoción, sufrimiento, indignación, rabia y deseo de venganza, es lo que vi en las redes sociales luego del macabro crimen acaecido en Santa Cruz de la Sierra el 15 de agosto de 2014. Sophia Calvo Aponte, una joven de 26 años, destacada médico y ex alumna del Colegio Alemán, fue asesinada por un guardia de seguridad que de noche la interceptó, apuñaló y estranguló en un parqueo.

No siendo éste el único caso sino otro más en una sucesión de muertes que enluta a familias pobres y ricas indistintamente, la reacción fue furibunda. Maldiciones, airadas protestas, deseos de muerte para el agresor, reclamos al gobierno y convocatorias a salir a las calles saturaron las redes. Consternado, decidí reflexionar sobre este penoso tema.

La muerte siempre impacta, golpea y confronta. Cuando un ser querido muere, ni todas las lágrimas derramadas ni el máximo castigo al asesino, consuela. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Por qué el hombre mata? ¿Controla el sicópata sus actos? ¿Por qué el sistema judicial y las sanciones no ponen fin al crimen? Vivimos tiempos difíciles y escrito está que la maldad se multiplicará y esto empeorará.

¿Qué hacer entonces? Entender que hay dos fuerzas espirituales en pugna por el alma del hombre -el bien y el mal- y que pese a todo lo que éste pueda hacer, no impedirá que entidades diabólicas a través del alcohol, la droga y los deseos sexuales desordenados, controlen la mente de cierta gente para dañar a otros. Como el hombre no sabe que su alma está en peligro de condenarse eternamente, mata, viola, roba, hace daño...

Sostengo que hay dos cosas que cambian al hombre para bien: en el campo natural, la educación, la ética y la moral; y, en el espiritual, el conocimiento y el temor de Dios, el sujetarse a sus leyes, como verdades absolutas, v.gr.: “no matarás”. Porque, si hay quienes diciendo conocer a Dios están dispuestos a matar por venganza, ¿cuánto más lo hará quien no lo conoce para poseer el dinero o incluso el cuerpo de otra persona?

Cuando el hombre ignora a Dios y no cultiva principios y valores cristianos, es vulnerable al mal. Por tanto, si lo que se vino haciendo en contra del mal no funcionó, ¿por qué no intentar algo nuevo, así sea para proteger a los niños y jóvenes? He aquí la Palabra de Dios para gobernantes y gobernados:

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

(*) Economista, Magíster en Comercio Internacional

 

Fuente: “El Deber”

Santa Cruz, 20 de agosto de 2014

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