Roberto Ossio Ortube
11/11/2018 - 23:50

El armisticio firmado en un vagón en medio del bosque - 11 de noviembre de 1918 – 100 años - Fin de la Primera Guerra Mundial

Hace exactamente cien (100) años concluía el primer conflicto global que cambiaría la Historia de la Humanidad en el Siglo XX

El Mariscal Ferdinand Foch impone los términos del armisticio a los enviados alemanes el 11 de noviembre de 1918, concluyendo la Primera Guerra Mundial.

Después de más de cuatro (4) años de matanza, Alemania se derrumba en medio de revueltas internas y tumultos que exigían el fin de las hostilidades. El 9 de noviembre de 1918, el Káiser Guillermo II anuncia su abdicación y cruza la frontera holandesa. En Berlín y en una veintena de ciudades alemanas el bolchevismo acerca su sombra y empiezan los disparos fratricidas como en 1871 los franceses se mataban entre sí en el trágico episodio de la Comuna, siendo observados por Bismarck con cínico interés.

El avance aliado en octubre de 1918 era irrefrenable en todo el frente occidental, los ejércitos se acercaban lentamente a la frontera alemana. El mariscal Paul Von Hindenburg y el General Erick Luddendorff reconocieron que el ejército alemán no podía vencer y se debía buscar inmediatamente un armisticio. La naciente República Alemana era tan inexperta y temerosa, como lo fue violenta y obcecadamente tiránica la hegemonía prusiana. Alemania imploraba por acogerse a los Catorce Puntos de Paz propuestos por el Presidente estadounidense Woodrow Wilson, sin embargo, no tenía idea de lo que los otros países exigirían, el daño y la destrucción eran demasiado monstruosos para ser pasados por alto.

Los enviados alemanes para concertar la paz, encabezados por Mathias Erzberger, fueron llevados por una larga y tortuosa ruta dispuesta por el Mariscal Ferdinand Foch, a través de los devastados campos de batalla y ruinas de pueblos de los que no quedaba vestigios. Después de innumerables rodeos, por laberintos de desolación, que los germanos posteriormente atribuyeron a los franceses para que se quedase en su memoria lo que Alemania había hecho, como un preludio de la sentencia que les aguardaba. Finalmente los emisarios llegan embarcados en un tren especial a un claro en medio de un bosque denominado Compiegne.

El Comandante en Jefe Aliado, los aguarda en su propio tren el 8 de noviembre de 1918, impasible, calmo, aguarda el momento culminante de su carrera militar y como francés, deseaba vehemente venganza por la tragedia de la Guerra Franco Prusiana de 1870 – 1871, que seguía viva en la mente de toda Francia. La recepción está marcada por la lacónica frialdad. Parece que es la primera vez que los alemanes encuentran una evidencia palpable de lo que la Humanidad piensa de ellos. Inclinaciones de etiqueta y forzada cortesía. Foch es directo “Qué es lo que ustedes desean caballeros?”, pregunta que encierra la humillación suprema y que impone a Alemania la necesidad de pedir la paz.

Cuarenta y siete años después de la proclamación del Imperio Alemán en Versalles, la revancha estaba en manos de Francia. Lo que ocurrió en el vagón es un momento de indecible valor histórico: protestas y debates inútiles de los alemanes frente a las amenazas lacónicas en el rostro hierático de Foch de continuar avanzando hasta destruir a todo el ejército alemán e invadir todo su territorio. Finalmente cansados de formular súplicas y solicitudes inútiles, después de un periodo de consulta a Berlín, a las cinco de la mañana del 11 de noviembre de 1918, los enviados alemanes firmaron la capitulación cuyas cláusulas generales se resumen a la evacuación inmediata del Norte de Francia , Bélgica y las provincias de Alsacia Lorena, entrega de material de guerra, evacuación de los ejércitos alemanes de todas las regiones de la orilla izquierda del rio Rhin, posteriormente las reparaciones económicas serían abordadas en tratados específicos que darían lugar a la Conferencia de Paz de Versalles en 1919.

Las duras condiciones hicieron creer a muchos alemanes que su ejército retornaba invicto, sin embargo eso no era cierto, la derrota era inevitable debido a la presión ejercida por los las fuerzas aliadas así como por el bloqueo naval. Si volvieron en orden fue por la retirada general ordenada en base al armisticio de Compiegne.

Todo un país quedaría estupefacto y demolido por la derrota, particularmente un oscuro e insignificante cabo llamado Adolf Hitler, que quedó conmocionado por este acontecimiento, viendo marcada su vida por este momento crucial. En junio de 1940 se encargaría de borrar este episodio que significó la mayor afrenta para su generación. Sin embargo, el como muchos alemanes olvidaban que este impasse hereditario entre Francia y Alemania era mucho más antiguo que la Guerra de Bismarck, ya el Emperador Napoleón I, había entrado triunfalmente a Berlín después de la Batalla de Jena en 1805, convirtiendo a Prusia en un estado vasallo. Este era simplemente un acápite más de una enemistad que se zanjaría definitivamente en 1945, después de otra Guerra Mundial.

El Mariscal Foch manifestó claramente sus puntos de vista respecto al ejército alemán y a las posteriores condiciones impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles. Respecto a lo primero dijo: “ Si, el Kaiser nos proporcionó una formidable máquina y algunos excelentes maquinistas, pero sin embargo el tren expreso fue confiado a un cochero. No podíamos dejar de vencer”. Sin embargo lanzó al final una profética predicción “Este no es un armisticio, es una tregua de veinticinco (25) años” Y lamentablemente no se equivocó.

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