Roberto Ossio Ortube
21/06/2018 - 08:51

1918 – 2018 / EKATERIMBURGO /100 AÑOS/ EL OCASO DE UN IMPERIO - SEGUNDA PARTE: ALIX

El compromiso matrimonial del heredero del trono ruso y la elección de su esposa fuerons trascendentales en el futuro de Rusia

La princesa Alix de Hesse

Por cuestiones de Estado más que por razones del corazón, el heredero debía elegir una consorte adecuada. De las muchas candidatas, una había siempre embelesado desde muy temprano al joven Zarevich Nicolás, la deslumbrante princesa alemana Alix de Hesse y Darmastd, alta y delgada, de cabello rubio con destellos rojizos.

Sin embargo, la joven parecía distante y retraída, quizás por su naturaleza profundamente tímida. No obstante fue un recíproco amor a primera vista. El heredero del trono ruso tenía claramente definido que ella sería su esposa o nadie más. Sin embargo, la oposición venía de todos lados. La familia paterna rechazaba emparentar al heredero con una alemana, especialmente la madre Maria Fiodorovna repudiaba a los prusianos, quienes se habían apoderado de los territorios daneses de Schleswig-Holstein. Por el lado de Alix , su formidable abuela, la mismísima Reina Victoria de Gran Bretaña, aborrecía a los Romanov a quienes consideraba petulantes y tenía un marcada aversión al padre de Nicolás, Alejandro III.

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Sin embargo, fue extraño ver tanta decisión en Nicolás quien generalmente era propenso a cambiar de opinión por las dudas u opiniones que se generaban en su entorno. Incluso su padre sorprendido y ya débil por la enfermedad, llegó a decirle frontalmente qué es lo que veía en esa mujer y el heredero simplemente dijo “todo”. De nada sirvieron los devaneos con la bailarina Matilde Keshechinska, la mirada estaba puesta en el pequeño ducado alemán.

Con motivo del matrimonio del hermano mayor de Alix, la delegación rusa sorpresivamente se completó con el zarévich Nicolás, quien estaba decidido a buscar la respuesta afirmativa a su propuesta matrimonial. En un primer momento la princesa, rechazó de plano casarse con él, porque pese a que amaba sinceramente a Nicolás y ambos compartían los mismos sentimientos, ella consideraba un pecado renunciar al luteranismo para abrazar la fe ortodoxa.

El matrimonio de Ernst de Hesse quedó en segundo plano, el drama se concentró en las turbulentas reuniones de Alix con Nicolás, quien férreamente y sin rendirse hablaba, insinuaba, persuadía y hasta suplicaba para que la princesa alemana le dijese el ansiado sí. Esta se refugiaba en el llanto y en la decisión inamovible de no aceptar.

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Fue allí donde el primo mayor de ambos, nada menos que el Káiser alemán Guillermo II tomó las riendas del asunto y fue quien disipo las dudas de Alix, más por cálculo político que por razones propias de los sentimientos. Manifestó que el tema religioso no era un obstáculo y que era su deber aceptar a Nicolás para de esta manera lograr un acercamiento entre Alemania y Rusia que garantizaría la paz entre ambos imperios. Increíblemente en un viraje total, Alix dijo el inesperado y deseado si al compromiso. Ambos lloraron de alivio al ver al fin hecho realidad su anhelo mutuo.

Desde ese momento quedó señalado el destino de esta pareja, incluso el telegrama despachado por Nicolás a su madre lo resume todo: “Me caso con Alix. Saludos. Nicolás”. Alix en cambio vio en su aceptación una razón mucho más profunda y espiritual, una forma de ayudar y salvar a su pareja, ella tenía la firme convicción que el zarevich al haber obtenido su ansiado amor, lograría corregir esa pasividad y falta de talante necesario para reinar. Consideró por tanto, que era su misión encomendada por Dios no sólo cuidar a su esposo, sino hacer florecer esas virtudes necesarias para gobernar.

El destino se había marcado, se pensó que tenían mucho tiempo de paz por delante para formarse y aprender, pero los acontecimientos demostraron que todo se precipitaría antes de lo previsto.

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