Roberto Ossio Ortube
27/04/2018 - 00:49

BARCELONA / 1988 – 2018 / Treinta Años del Himno de una Amistad , de una Ciudad, de una Olimpiada y de una Final

Treinta años del inmortal dueto entre Montserrat Caballé y Freddie Mercury, plasmado en un disco inolvidable.

Portada del Álbum BARCELONA publicado en 1988

Cuando Freddie Mercury se hizo las pruebas de sangre en el mes de abril de 1987, los resultados no podían ser peores, fueron devastadores. Estos dieron positivo, en una enfermedad mortal y la cuenta regresiva empezaba inexorablemente su marcha final.

Pero Freddie no era de las personas que dejaba que la adversidad lo venciese, cuando dio la noticia a su círculo más cercano fue directo al decir palabras más, palabras menos “bueno, ahora que lo saben, no quiero hablar nunca más del tema, sigamos trabajando, sigamos adelante”.

Su siguiente proyecto fue hacer realidad un sueño para muchos, extravagante, para otros demasiado arriesgado comercialmente. Durante la última gira de Queen en 1986, el grupo llegó a Barcelona y Mercury mencionó muy francamente que odiaba las entrevistas y si esta vez la dio fue a insistencia de los otros miembros, por lo que aprovechaba la oportunidad para decir que una de sus artistas favoritas vivía en esa ciudad y se llamaba Montserrat Caballé, la soprano clásica.

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Freddie movió todos sus contactos para obtener una entrevista con ella y logró no sólo eso, pudo concertar una cena con la Diva en el lujoso Hotel Ritz de Barcelona. La reunión fue precedida por muchísima expectativa y nerviosismo por Freddie, quien no dejaba de preguntar a qué hora llegaba. Al final ella apareció y hubo muchísima química entre ambos e improvisaron versos y acordes en un piano especialmente preparado para ese efecto.

Caballé pidió que Mercury le compusiera una canción a su ciudad natal. El compositor no dudó en hacerlo y junto con el productor Mike Moran presentó el bosquejo de lo que sería “Barcelona”. Los ribetes épicos de la canción rebasaron las previsiones de Mercury quien pretendía “comportarse” junto a la respetada soprano, pero se dio cuenta que la opera estaba llena de pasión y fuerza, por tanto, ambos eran como volcanes en explosión y formaron una pareja formidable.

No conformes con un solo tema, Mercury y Moran prepararon un álbum con otros siete temas especialmente elaborados para el dúo, donde la música y la letra debían estar a la altura de lo que se pretendía: fusionar el rock con la opera. Y no defraudaron, las canciones del álbum fluyen con magia en forma por demás consumada. Punto importante para resaltar, es que todo el trabajo instrumental se vio reducido a sintetizadores, interpretados en su totalidad por Mercury y Moran, debido a que los productores temían que fuese un fracaso comercial como el disco solista de Mercury de 1984, Mr. Bad Guy y por ello no invertirían en contratar una orquesta sinfónica, originalmente propuesta al inicio.

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Los cuestionamientos y bajo presupuesto no amedrentaron a Mercury y las canciones empezaron a cobrar forma fluidamente. La Japonaise (La japonesa) es un homenaje una apología a la famosa opera Madame Butterfly, donde Mercury con instrumentación oriental y lírica bilingüe rebela su admiración y cariño hacia el Japón y su cultura. “The Fallen Priest” (El sacerdote tentado o caído) rebela las dudas de un cura frente a un amor prohibido interpretado por Caballé, donde el religioso cuestiona a Dios por las duras pruebas en su camino. “Ensueño”, es un impromtu como una declaración de amor en castellano, que Mercury posteriormente sacaría en solitario como “Excersices in free love” (Ejercicios en el amor libre). “The Golden Boy” (El chico dorado) es una oda reflexiva y autobiográfica sobre el propio Mercury, expresa que es cuestionado por su vida, odiado y amado al mismo tiempo, sufriendo por su arte.

Quizás sin embargo el cierre más sublime llega con los dos últimos temas: “Guide me home” (Guíame a casa) y “How can I go on?” (¿Cómo puedo seguir adelante?) sin duda estas dos canciones reflejan la nostalgia y la tristeza de una historia de amor que debe terminar, donde ambos intérpretes se preguntan cómo seguir adelante después de haberse conocido, puesto que sus caminos deben separarse para siempre. La denominada “Obertura Picante” cierra el disco, que es una compilación de todos los temas en una mezcla instrumental.

El disco fue lanzado con sendas y espectaculares presentaciones en vivo en Barcelona, particularmente en la denominada La Nit el 8 de octubre de 1988, mostrando Mercury una dignidad única frente a una radiante Caballé. Alguna vez Montserrat tuvo sus reparos frente a este proyecto, al decir un tanto amoscada y triste, que ella sabía que podía ser criticada por su aspecto, que era gorda y mayor. Mercury le respondió categórico, que la música no reconoce edad o apariencia.

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Si bien la canción y el álbum se publicó el 10 de octubre de 1988, Freddie nunca lo vería como himno oficial de las Olimpiadas de Barcelona 1992, la enfermedad lo consumió rápida e inexorablemente. Y fue Montserrat Caballé una de las pocas personas que lo supo desde el principio, ella le preguntó a Freddie como podía mantener esa energía sabiendo el estado de su enfermedad. Él le dijo que aún podía hacerlo, pero llegaría un día que ya no podría y quería que su amiga lo supiera de su propia boca. Caballé fue quien más bien agradeció la confianza de su amigo de confiarle un secreto tan terrible.

Freddie Mercury murió en noviembre de 1991 y no pudo interpretar el tema en la inauguración de las Olimpiadas, sin embargo, fue elegido como el himno de esta celebración deportiva. Un homenaje agridulce sin los interpretes originales. En 1992 fue lanzada nuevamente llegando al puesto Nº 2 en el Reino Unido.

Pero esta gran canción todavía tenía otra cita memorable, inesperadamente otro momento deportivo épico en la misma década, en el partido final de la Liga de Campeones de 26 de mayo de 1999, que justamente se jugaría en Barcelona y que puso esta vez en el escenario a la hija predilecta de esa ciudad con Freddie Mercury en las pantallas del Estadio Camp Nou abarrotado hasta los topes, cantando apasionadamente el célebre himno, como debió ser en 1992.

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La increíble remontada del Manchester United frente al Bayern Munich por 2 -1, en los dos últimos minutos del partido, el triunfo infartante con goles de Sheringham y Solksjaer, inmortalizaron nuevamente la canción, no sólo en Manchester, no sólo en Gran Bretaña sino en gran parte del Mundo. Fue uno de los momentos más electrizantes y emocionantes de la Historia del futbol.

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A Caballé alguna vez le propusieron reeditar este tipo de duetos, pero ella lo rechazó, debía ser algo demasiado especial y por ello la negativa fue definitiva hasta nuestros días. Paradójicamente, el 3 de septiembre de 2012, la versión sinfónica de Barcelona fue lanzada, irónicamente esta vez los productores sabían que no perderían dinero.

En un mundo lleno de egos y cálculos económicos, estos dos artistas se unieron en un momento único e irrepetible, para crear una obra maestra que unía elementos del rock, de la música clásica y de la opera para hacerla, aunque sea por una vez accesible al gran público. Por esta obra, generaciones jóvenes posteriores querrán saber quién era la mujer que gritaba tanto a lado de Freddie Mercury. El mundo clásico tuvo gracias a este proyecto una nueva gran y renovada audiencia. Un respiro de aire fresco.

Pero mucho más allá de eso, esta es la prueba que los sueños pueden hacerse realidad, que la amistad y el amor pueden florecer en personas que parecen totalmente distintas, aunque las circunstancias sean totalmente adversas y los días empiecen su cuenta final.

“And if God is willing, We will meet again, Someday” ( Y si Dios lo quiere , nos volveremos a ver , algún día) BARCELONA

DEDICADO A LA INMORTAL MEMORIA DE MI AMADA MADRE, GUADALUPE ORTUBE DE OSSIO, QUIEN ME ENSEÑÓ A LEER Y ESCRIBIR, PERO MÁS QUE NADA A SER LA PERSONA QUE SOY. TE AMO INFINITAMENTE MAMÁ.

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