Economía de mercado
Armando Méndez Morales
28/09/2016 - 16:10

La importancia del libre comercio

Hoy día, cuando nos referimos al libre comercio estamos pensando como un hecho internacional. Hoy, a ningún comerciante se le prohíbe llevar sus productos de un lugar a otro al interior de un país. Si usted produce algo en La Paz y puede vender eso en Santa Cruz lo hace sin ningún impedimento y viceversa, no tiene que cumplir normas especiales, no le ponen trabas para  hacerlo y no le cobran ningún impuesto especial.

Sin embargo, este hecho que es absolutamente normal en el país no era así en el pasado. Hubo épocas en que se impedía que los productos se muevan de un departamento a otro, sobre todo en lo referente a la producción agrícola, bajo el argumento de que ello podía generar una escasez del producto en cuestión y por ende subiría el precio. Esto impide el desarrollo de un país, dado que todo productor para ser eficiente tiene que diseminar sus lugares de venta, lo cual lo hace efectivo por medio del comercio. Un productor eficiente, minimiza el riesgo de tener un solo demandante. Lo mismo pasa con los demandantes; deben tener la seguridad de que un producto lo pueden obtener de diferentes lugares, porque esto también minimiza el riesgo de dependencia.

Lo acontecido en Bolivia también se dio en otros países. Un ejemplo paradigmático es la India, un país con una población del orden de los 1,200 millones de personas, sólo superada por China. India, luego de su independencia de la Gran Bretaña siguió un modelo económico estatista y muy restrictivo, inspirado en el socialismo. No había libre comercio al interior de ese basto territorio. Hoy es muy diferente. Se mueve en un contexto de economía de libre mercado, proceso que comenzó en los años 90 del siglo recién pasado, razón por la cual existe pleno libre comercio interno. Adicionalmente es un país que se ha abierto al comercio internacional y tiene varios tratados de libre comercio con otros países del mundo.

En el mundo, a ningún productor u oferente le gusta la competencia en el campo de lo que hace. Ellos quedarían encantados si pudiesen ser los únicos vendedores. ¿Qué les impide hacer realidad este sueño? La presencia de la competencia que implica que si el mercado es libre siempre habrá alguien que produzca lo mismo.

Este comportamiento también está presente en los trabajadores. No les gusta tener competidores porque cuando hay eso significa menores salarios. Esto explica la proliferación de los sindicatos en el mundo durante el siglo XX, con el propósito central de impedir, por todo medio, que puedan bajar sus salarios. Por esta razón, se califica al salario no como un precio determinado por el mercado, como debería ser, sino como un “precio administrado” donde participan en su determinación -de manera negociada- tres instituciones: el gobierno, las empresas y los sindicatos.

Pero, como cada vez el trabajo es más diferenciado, con diferentes grados de productividad y de especialización, los sindicatos están perdiendo poder los sindicatos. Sus propósitos se hacían realidad en un mundo donde el trabajo era muy uniforme, como el del obrero. Pero hoy, los obreros son una minoría, incluso en la actividad manufacturera.

Uno de los acontecimientos económicos más importante en el último medio siglo ha sido el continuo crecimiento del comercio internacional. Este se ha expandido a un ritmo mayor que la producción mundial, a pesar de no existir libre comercio mundial. A lo mucho se ha logrado alcanzar los llamados “tratados de libre comercio”, que son acuerdos políticos entre estados, cada una de ellos velando por los intereses de sus productores importantes. A lo que se ha llegado es que dos países, o más, se pongan de acuerdo en permitir el libre comercio de un listado de productos, entendido como la ausencia de aranceles (impuestos al comercio internacional).

A título de “industrias nacientes”, del modelo de sustitución de importaciones, en América Latina proliferó el proteccionismo hasta ahora, situación que ha ingresado en crisis como se puede observar en dos importantes economías de la región como son Brasil y Argentina.

Llama la atención que las grandes economías sean las más cerradas al libre comercio mundial. Esto se puede explicar porque han construido aparatos económicos muy diversificados, que no es característica de las pequeñas economías, como la boliviana.

La forma de medir la apertura al comercio es sumando las exportaciones de bienes y servicios que hace un país con las importaciones. Esta suma se la divide entre el Producto Interno Bruto (PIB) para de esta manera tener una idea de la magnitud de su apertura.

Con datos que procesa el Banco Mundial, para el año 2014, se concluye que el Brasil es la economía más cerrada con un indicador del orden del 25 %, siguiendo la Argentina con el 29 % y los EE. UU con el 30 por ciento.

En cambio, las economías pequeñas y exitosas como Hong Kong, Luxemburgo y  Singapur son las economías más abiertas del mundo y con los siguientes indicadores: 440 %, 374 % y 360 %, respectivamente.

La media mundial está en el orden del 89 por ciento, y Bolivia para el año 2014 mostró un indicador del 85 %. Para el año 2015, este indicador ha bajado ya que el comercio exterior del país decreció con relación al año anterior.  

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