Resaca político futbolera (con el comentario de Asbel (sic) Valenzuela - Miscelánea palaciega 5)

Syntagma
21/07/2018 - 09:11

“Siempre hemos advertido sobre lo que significa la explosión de este equipo (el MAS) cuando está abajo o empatando en el marcador: empieza a mandar señuelos para jalar marca por la extrema izquierda, pero arremete con decisión por la banda derecha y remata juicios con carambola a todos sus adversarios”.

 

Evo Morales y el fútbol

Restan cuatro minutos para el final del compromiso y el Movimiento Al Socialismo (MAS) acaricia su cuarta copa. De las tres anteriores, dos ganó en juego limpio y llano, pero conquistó su tercera presea en mesa y desarticulando al arbitraje. Si su cometido arroja resultados, logrará que se declare tiempo extra por cuarta ocasión. Para ello todo el equipo se ha lanzado laboriosamente al ataque, dejando a su retaguardia (la gestión pública en favor de los bolivianos) desprotegida y vulnerable a cualquier contragolpe. Su apuesta es, sin embargo, la única que le queda, porque en los últimos referendos (Constitucional y autonómicos) no ha podido ganar en el uno contra uno, y en las elecciones subnacionales, sin contar sus derrotas, sus victorias fueron pírricas.

Los equipos empatan cero a cero y finalizan los 90 minutos. Se da inicio a otro inédito tiempo suplementario del mismo encuentro que comienza con mucha intensidad.

Siempre hemos advertido sobre lo que significa la explosión de este equipo (el MAS) cuando está abajo o empatando en el marcador: empieza a mandar señuelos para jalar marca por la extrema izquierda, pero arremete con decisión por la banda derecha y remata juicios con carambola a todos sus adversarios. No se sabe cómo los oponentes caen en su juego, si el partido de Gobierno viene moviendo el balón por la extrema derecha hace como tres torneos.

El compromiso se torna no apto para cardiacos y el MAS ya no tiene gran posibilidad de cambios en la cancha, lo que vuelve a este conjunto tan peligroso como un león enjaulado. Hay que admitir que los rivales tampoco demuestran variantes.

Se viene la primera propuesta del DT Evo Morales y mete a la cancha a una de sus figuras silenciosas, Héctor Arce, quien no brilla por su talento pero pone a bailar a todos los árbitros FIFA como el más hábil titiritero de tres cuartos de cancha para arriba.

El ministro de Justicia entra con garra y empieza a repartir querellas en los abductores de todo el que se le ponga en frente. Arce, quien cuando se trata de defender a Bolivia no marca un solo gol, ha crecido una enormidad en el arte de asestar fulminantes litigios arreglados en el pie de apoyo de los adversarios de su conjunto.

La primera patada va en contra de Carlos Mesa, mientras le dice al oído que si no se retira del campo de juego la próxima será peor; la segunda falta va contra Tuto Quiroga, mientras le dice al oído que si NO se postula para fracturar a su equipo, la próxima le irá peor.

El árbitro no marca las faltas del recién ingresado del MAS, lo que devuelve a su equipo el dominio del esférico y enfurece a la hinchada rival que lanza improperios de grueso calibre.

Ante el abucheo, luego de cambiar de equipo, arremete el arquitecto Ministro de Defensa, Javier Zabaleta, se perfila y se le escapa el esférico tras intentar despejar los reclamos del público: “si un borracho entra a fregarte tu fiesta, lo primero que vas a hacer es sacarlo de la fiesta”.

La pelota queda divida y el central de la defensa del MAS, el subcomandante de la Policía Agustín Moreno (un jugador de quien no se espera nada en el futuro) intenta alejar el peligro: “La obligación de la Policía es conservar el orden público y, si esos grupos (los activistas del No por el 21F) de alguna manera alteran el orden público, lógicamente que la Policía debe tomar las medidas correctivas necesarias”, remata pifiado el subcomandante de la institución verde olivo, azul, blanco y negro.

Antes de que los rivales prácticamente aprovechen el desconcierto de la defensa masista, aparece el versátil Carlos Romero para poner orden en el equipo y recuperar la caprichosa: “las manifestaciones del 21F no alteran el orden público”.

Otra vez el MAS domina el partido, pero hay que tener en cuenta todo su desgaste por los tiempos suplementarios que jugaron fuera de norma en los anteriores campeonatos y el escaso (si no nulo) trabajo en sus divisiones inferiores, por lo que es difícil adelantar si podrán mantener el marcador igualado en el plano simbólico.

Entonces, en una jugada inusitada, el DT Morales, que no estaba muerto, que andaba de parranda, ingresa a la cancha, intenta reaccionar, pero ya parece tarde. Roba la pelota, rompe el fuera de juego, hace un giro estilo Milton Melgar, gana la posición, hace una finta, se saca a dos contrincantes, hace una pared corta con Hugo Moldiz (de menor rendimiento) que le devuelve el esférico, se perfila y, acostumbrado como está a meter esas pelotas envenenadas al corazón de los Derechos Humanos, dispara: “En el aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, denunciar que el imperio está desplegando estrategias criminales contra el gobierno del hermano Daniel Ortega. USAID y la NED están respaldando abiertamente la violencia. Rechazamos la injerencia. #NicaraguaQuierePaz”. El remate de aire va a dar a la tribuna…

El MAS se vuelca al ataque, todavía no está muerto, los muertos son los más de 300 nicaragüenses masacrados por Daniel Ortega. Al compromiso le restan dos minutos y el marcador está igualado. El MAS parece que no va a tratar de jugar el balón, sino que quiere retenerlo, todo parece indicar que nos iremos a la lotería de los penales.

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