Construyendo sobre antagonismos

Syntagma
04/07/2018 - 09:30

La polarización partidaria en el país y el descontento ciudadano con la política per se han ido generado las condiciones para un contexto sumamente antagónico e intolerante, en el cual el “otro” —que piensa diferente a mí— es el enemigo, y nada de lo que diga jamás será aceptable. Hemos perdido la capacidad de escuchar a quienes tienen puntos de vista diferentes y preferimos rodearnos de aquellas personas que sólo van a reforzar nuestras creencias, pero nunca desafiarlas.

http://enlacumbre2028.blogspot.com/2014/03/la-intolerancia-de-una-nueva-ortodoxia.html

La polarización partidaria en el país y el descontento ciudadano con la política per se han ido generado las condiciones para un contexto sumamente antagónico e intolerante, en el cual el “otro” —que piensa diferente a mí— es el enemigo, y nada de lo que diga jamás será aceptable. Hemos perdido la capacidad de escuchar a quienes tienen puntos de vista diferentes y preferimos rodearnos de aquellas personas que sólo van a reforzar nuestras creencias, pero nunca desafiarlas.

molestan las críticas; nos incomodan los comentarios que comienzan con un “yo no estoy de acuerdo”; y nos enfurecen los debates con gente que opina diferente porque en ellos nos damos cuenta de que tal vez no teníamos toda la razón. Así que nos cerramos y ponemos excusas para descalificar las opiniones de ese “otro” con el que no queremos dialogar, aunque si lo hiciéramos, quizás los resultados serían sumamente enriquecedores.

En su blog “En la Cumbre”, el español Juan Ramón Domínguez Palacios discute el tema de la intolerancia y comenta que “[c]uando cambian los valores sociales, acaba formándose una nueva ortodoxia. Y siempre surge la tentación de silenciar al discrepante.”. Tal vez en el caso de Bolivia ya no se puede hablar de una simple “tentación”, pues se ha hecho cada vez más evidente que no se aceptan discrepancias dentro del Gobierno. Se supone que todos los funcionarios públicos deben estar fielmente comprometidos con el proceso de cambio, o caso contrario, irse a sus casas, pues no se aceptan puntos de vista distintos.

Por un lado, es cierto que las autoridades de Gobierno se han vuelto cada vez más reacias a escuchar opiniones contrarias y a reconocer su validez, pero también es necesario destacar que, del otro lado, se ha generado la mala costumbre de criticar por el simple hecho de criticar. Las personas que han adoptado esta práctica se sienten disconformes con cada acción y decisión del Gobierno, y son incapaces de reconocer que quizás ciertas cosas son dignas de ser destacadas de manera positiva. Nada es suficiente y absolutamente todo es despreciable.

Son muy pocas las críticas constructivas que se generan en el país en estos tiempos de turbulencia política. Las pocas veces en las que se producen son ferozmente rechazadas y degradadas a la categoría de propaganda opositora u oficialista. Si criticamos al Gobierno, automáticamente somos catalogados como parte de la oposición, de la “derecha vende patria”. Si criticamos a la oposición, claramente somos “masistas recalcitrantes”. Los extremos se imponen cada vez con más fuerza en los discursos políticos y en el imaginario de la ciudadanía. Si no eres de izquierda eres de derecha y si no estás con el Movimiento Al Socialismo (MAS), entonces estás con la oposición. Todo es blanco o negro. Pareciera ser que no existen los puntos intermedios, y si existen no son bien vistos.

Nos encontramos en un escenario fragmentado por susceptibilidades, por “egos” y obstinación. La incapacidad de reconocer los errores propios, así como los méritos del “otro”, y la falta de visión para elaborar críticas cuyo objetivo sea el de establecer un mejor país y no el de destruir al que piensa diferente, es nuestra mayor debilidad. Si optamos por dejar de lado nuestras visiones extremistas y decidimos abrirnos a un diálogo respetuoso, tal vez podamos superar nuestra fobia a la disidencia y comenzar a construir acuerdos sobre antagonismos.


SYNTAGMA

Por muchas razones elegimos para este espacio de opinión el nombre de Syntagma, una de las más fuertes es que, recordando la dicotomía de la lingüística y teniendo presente el antinómico de esta noción desde la epistemología, jamás pretenderíamos ser el paradigma.

 

También elegimos este concepto cargado por miles de años de sentidos por su definición básica: Syntagma es el eje de combinación de las palabras y somos precisamente un grupo de personas que conforman una combinación sintagmática de opiniones muy diversas muchas veces armónicas entre sí y muchas otras en franca contradicción. Con esto Syntagma quiere mostrar que la confrontación de ideas puede convivir, que las disputas de pensamiento muestran los mejores caminos posibles.

 

Por último, los miembros de Syntagma (mayormente, pero con excepciones) han optado por el anonimato debido a diversas razones; sin embargo, también se lo hace como homenaje a la tradición de la expresión de la opinión pública desde el inicio de la germinación del país, cuando en Charcas, las polémicas políticas de los escritos anónimos sembraron el terreno que fructificó y hoy es Bolivia.


 

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