Sudamérica solidaria en un mundo egoísta

Syntagma
02/07/2018 - 11:14

Imágenes indignantes de inmigrantes cruzando la frontera lograron el repudio mundial hacia la política del gobierno Estadounidense. Niños llorando y siendo separados de sus familias generaron una indignación tan grande que el mismo Presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que retrocedía en estas medidas extremas implementadas hace poco. Sin embargo, el problema de la inmigración no es algo reciente y tampoco exclusivo de este país norteamericano.

Venezuela

Imágenes indignantes de inmigrantes cruzando la frontera lograron el repudio mundial hacia la política del gobierno Estadounidense. Niños llorando y siendo separados de sus familias generaron una indignación tan grande que el mismo Presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que retrocedía en estas medidas extremas implementadas hace poco. Sin embargo, el problema de la inmigración no es algo reciente y tampoco exclusivo de este país norteamericano. Recordemos la anterior ola de repudio y rechazo mundial a las políticas antinmigración aplicadas por la Unión Europea cuando recorrió el mundo una fotografía mostrando un niño sirio ahogado en el mar Mediterráneo.

Resulta irrisorio que la opinión pública mundial reacciona ante imágenes crudas que muestran lo peor del lado humano, pero luego de que pasa el shock, continúan los problemas migratorios sin que a nadie le importe. Vivimos en un mundo altamente interconectado e interdependiente pero con la gran característica de que los países han abierto cada vez más sus fronteras para todos los flujos menos los humanos. Es muy conocido el hecho de que occidente está cerrado a inmigrantes y nos convencemos que el motivo es económico. Pero si analizamos las políticas de inmigración de países petroleros del medio oriente o de países del sudeste asiático nos encontraremos con la misma realidad. La llegada de personas de nacionalidades diferentes no es aceptada. El migrante no es bien recibido salvo bajo condiciones específicas y que tienen que ver con que el país recipiente saque réditos de esta presencia física de extranjeros. Es decir, en una evaluación riesgo-beneficio, los beneficios que dejará al país son mayores.

Sin embargo, la columna de hoy pretende mostrar que en este mundo inhumano donde el capital se mueve libremente y las barreras son para las personas –especialmente las más pobres y vulnerables-, Sudamérica está mostrando que existe otro camino. En los hechos, nuestra región está demostrando que el discurso de la patria grande y el gran sueño de Bolívar, no es sólo retórica. En este panorama tan sombrío de egoísmo y odio a nivel mundial, nuestra región está demostrando que sí se pueden aplicar los valores de cooperación y solidaridad que van más allá de lo que la gobernanza global y regional –escasa e hipócrita- ha avanzado.

Específicamente nos referimos a la situación de los migrantes venezolanos que están escapando de su país en búsqueda de oportunidades. Mientras nuestros gobiernos no han podido ponerse de acuerdo sobre el libre movimiento de personas ni en la Comunidad Andina, MERCOSUR o UNASUR (aunque sí se tienen compromisos específicos firmados), en la práctica se evidencian grandes flujos de ciudadanos venezolanos que, escapando la crisis humanitaria que vive este país, emigran al resto de países sudamericanos. En estos últimos años, cientos de miles de venezolanos emigraron hacia los demás países (principalmente a Colombia, Peru y Chile) y no se encontraron con la clasificación de ilegal o delincuente. Se encontraron más bien con hermanos sudamericanos que les abrieron los brazos, y esto incluye a los gobiernos.

Estamos acostumbrados a ver todo lo malo y con la amargura y odio que se destila en las redes sociales, el futuro parecería ser totalmente sombrío. Empero, vale la pena resaltar que mientras los gobiernos a nivel mundial están regresando a la guerra contra el extranjero, al odio contra el extraño, nuestra región muestra una luz que esperamos irradie a al resto. Ya vivimos esto hace años cuando –contrariamente a lo que hacen con nuestros paisanos en Europa- recibimos sin odio a migrantes españoles que no podían conseguir los medios para sobrevivir en su país. Ahora, con el caso venezolano mostramos una contundente solidaridad y que dice que no es necesario ser rico para compartir. Es bastante común escuchar o leer llamados a la solidaridad que dicen “si ves un Venezolano en la calle, vendiendo algún bien o servicio, ¡cómprale! Él solo quiere sobrevivir y, si puede, enviar algo a su familia que se quedó”.


SYNTAGMA

Por muchas razones elegimos para este espacio de opinión el nombre de Syntagma, una de las más fuertes es que, recordando la dicotomía de la lingüística y teniendo presente el antinómico de esta noción desde la epistemología, jamás pretenderíamos ser el paradigma.

 

También elegimos este concepto cargado por miles de años de sentidos por su definición básica: Syntagma es el eje de combinación de las palabras y somos precisamente un grupo de personas que conforman una combinación sintagmática de opiniones muy diversas muchas veces armónicas entre sí y muchas otras en franca contradicción. Con esto Syntagma quiere mostrar que la confrontación de ideas puede convivir, que las disputas de pensamiento muestran los mejores caminos posibles.

 

Por último, los miembros de Syntagma (mayormente, pero con excepciones) han optado por el anonimato debido a diversas razones; sin embargo, también se lo hace como homenaje a la tradición de la expresión de la opinión pública desde el inicio de la germinación del país, cuando en Charcas, las polémicas políticas de los escritos anónimos sembraron el terreno que fructificó y hoy es Bolivia.


 

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