Fútbol: ¿quién tiene la pelota?

Syntagma
12/06/2018 - 10:59

A dos días de la inauguración del Mundial la emoción generalizada se puede sentir en todas partes. Conocemos los nombres de los jugadores, los entrenadores y hasta los árbitros. Rusia recibe miles de visitantes. Las apuestas corren. Este es el evento deportivo más importante a escala global y todos son hombres. Sin embargo, hay otra competencia que la FIFA está promocionando: la Copa Mundial Femenina Francia 2019, aunque lo cierto es que cuando decimos “el Mundial”, nadie necesita especificar a cuál nos referimos, porque de uno de ellos no hablamos. Poder, qué.

Este año la revista Forbes sacó una lista de los 100 deportistas mejor pagados en el mundo; cien de ellos, son hombres. Los tres primeros son nombres que todos conocemos: Floyd Mayweather (275 millones), Leo Messi, (111 millones) y Cristiano Ronaldo (108 millones de dólares). En 2017, en un lejano puesto 51, la deportista mejor pagada fue Serena Williams (27 millones). Brecha salarial, qué.

En una entrevista, Roger Federer considerado el mayor tenista de todos los tiempos, declaró que él cree que Serena Williams es la mejor tenista de todos los tiempos. Ante semejante aseveración, el entrevistador atónito le pidió que aclare si se refería a la mejor del circuito femenino y él respondió que no, que ella era la mejor de todos.

El cuerpo es la herramienta de trabajo de los deportistas, pero cómo será que las proezas de un cuerpo de mujer nos son tan ajenas, que al presenciarlas nos shockeamos. Cuántas veces no se ha criticado el cuerpo imponente, grande y musculoso de Serena Williams, despojándolo de lo femenino, para decir que si es buena es porque tiene el cuerpo de un hombre. Esta tiranía corpórea es un tema principal al discutir el deporte. El cuerpo de las mujeres debe ser reducido, pequeño, delgado y débil para ser hermoso. Y por supuesto que un cuerpo adaptado a esas características no puede competir con el cuerpo todopoderoso de un hombre. Al cuerpo también se lo educa. El cuerpo también es social. Violencia, qué.

Hace unos días, a un periodista de Opinión se le ocurrió que era buena idea describir a la colombiana Yenifer Padilla ganadora de una medalla de Oro en los Juegos Odesur, de la siguiente manera: “Esta mujer de rostro dulce, pestañas contornadas y finos cabellos ensortijados”. Volviendo al fútbol, el 2004 Joseph Blatter sugirió que las futbolistas deberían usar pantalones ceñidos y camisetas sin mangas para atraer a espectadores hombres. Y volviendo al Mundial, la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) publicó hace meses un manual para periodistas que tenía consejos prácticos para ligar con las mujeres rusas. Objetivización, qué.

El fútbol es el deporte de equipo más practicado por las mujeres en el mundo, aunque a duras penas habrá algunos que reconozcan estos nombres: Hope Solo o Marta Viera da Silva. Ya ni hablar de entrenadoras o árbitras. Actualmente las mujeres llegan al fútbol casi como una postura política en la adolescencia o juventud, pero sabemos que esa es una desventaja frente a recibir una formación técnica desde la niñez, como sucede con los hombres. Privilegios, qué.

En el mundo ya se practica el fútbol mixto, hombres y mujeres que construyen una relación deportiva desde sus diferencias y proximidades. Porque mientras sigamos haciendo estas divisiones competitivas por género, la gloria deportiva va a seguir siendo un monopolio masculino. Si sabemos que el jugador mejor pagado mide solo 1.70 y pesa 72 kg, bien podríamos estar hablando de una mujer y bien podrían competir.

Para que esto suceda, hay que asumir que los cuerpos de las mujeres no son los impuestos. Para que esto suceda, el cuerpo de Serena Williams y de otras no nos tienen que incomodar ni por su grandeza ni por su poder.

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