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Arturo Yáñez Cortes
17/06/2019 - 16:13

Ilegitimidad de ingreso y de ejercicio

Usualmente, la legitimidad se asocia con la legalidad.

Durante la semana recién pasada, quien usurpa el cargo de Gobernador de Chuquisaca, ha hecho de las suyas probando más allá de toda duda razonable aquella sentencia del Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid José Ignacio HERNÁNDEZ: “La legitimidad es el reconocimiento público de una autoridad según la Constitución lo establece, que puede ser de origen (cómo accedo al poder) y de ejercicio (cómo lo ejerzo)”.

Arrastrando precisamente aquella su naturaleza trucha, al retorno de su peregrinación al reino del desastre del dictador Maduro a quien fue a rendirle pleitesía, haciendo gala de su soberbia, bien machito no tuvo el mayor empacho en negarse a ser fiscalizado por un asambleísta electo –no trucho- espetando que no le da la gana hacerlo. Sobre mojado llovido, circula un video en las temibles RRSS en el que continuando con su grosero proceder, en algún acontecimiento mete mano a una mujer, al parecer servidora pública, por lo que tiene ya una investigación penal en curso. WEBER afirmaba que cualquier acción será legítima, sólo en la medida que el sujeto actúe de acuerdo a valores. ¿Cuáles serán los suyos?

Y es que como nos lo ha dejado muy bien probado nuevamente, cuando sin el menor empacho te metes no más por la chimenea a un cargo electivo sin merecerlo, no sólo ese tu vulgar ingreso queda por siempre irreversiblemente manchado, sino todos tus actos posteriores, hagas lo que hagas. Peor será el desastre si además das sistemáticas muestras públicas de un comportamiento grosero, nada propio de una autoridad que fuera representativa y, como ser humano, no exhibes algún respeto de sí mismo o de terceros. Como el mismo lo admitió en abril del año pasado: “Prefiero ser llunk’u del Presidente (Evo Morales) que ser llunk’u del imperio”, daría a entender que su único mérito, si eso podría llamarse, consiste en el burdo ejercicio del llunkherio y nada más: a confesión de parte, relevo de prueba.

Usualmente, la legitimidad se asocia con la legalidad y, ha sido el pensador Max WEBER quien se adentró en ese análisis, distinguiendo tres tipos fundamentales de legitimidad: la carismática, fundada en el prestigio personal del sujeto; la tradicional que depende del referendo constante del tiempo y la racional o legal, basada en el origen y ejercicio democrático. No hace falta ser un politólogo, para advertir que en el caso concreto, ninguna de esas características adorna al personaje. Es que: “No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo”. Giulio ANDREOTTI

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