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Arturo Yáñez Cortes
25/06/2018 - 12:33

¿Seguridad interna y externa?

Si nos atenemos a la CPE y a las leyes orgánicas respectivas, entre los fines y funciones esenciales del estado, encontramos la de: “garantizar el bienestar, el desarrollo, la seguridad y la protección e igual dignidad de las personas” (art. 9.2), para lo que se encarga a las FFAA como misión fundamental defender y conservar la independencia, seguridad y estabilidad del estado, su honor y la soberanía del país (art. 244). Incluso, la CPE se refiere a una “zona de seguridad fronteriza” que estaría –dice- sujeta a un régimen de seguridad especial, para garantizar la integridad del estado (art. 262.II), siendo el deber fundamental de las FFAA la defensa, seguridad y control de las zonas de seguridad fronteriza (art. 263). Finalmente, atribuye a la Policía Boliviana, la misión específica de la defensa de la sociedad, conservación del orden público y el cumplimiento de las leyes (art. 251).

Entonces, queda claro que la seguridad externa es responsabilidad de las FFAA y la interior de la Policía Boliviana. ¿Cumplen razonablemente esas sus funciones esenciales? A la luz de recientes acontecimientos suscitados, permítaseme, razonablemente, dudar de aquello.

Y a la prueba me remito: ha sido grotesco el asalto por un grupo de delincuentes (así sean de la delincuencia organizada) de un cuartel de la Armada de Bolivia en la frontera con Brasil (Capitanía Bruno Racua, en Porvenir) para llevarse sus armas de fuego; el meme que circuló en las RRSS lo resumió todo: se requiere contratar seguridad privada…para cuidar a los militares. Tal parece que las FFAA sólo se dedican a adorar a su jefazo en los desfiles, atarle los watos (en las ciudades, por supuesto) y nada más.

Mientras que tratándose de la seguridad interna, la Policía que cada vez es menos boliviana y cada vez es más y sólo oficialista, pues continuando con su inocultable brutalidad, esta vez le emprendió (ya no pudieron decir que con canicas) a balazos con personas de San Matías, matando a un joven de 17 años. Sin el menor atisbo de vergüenza, trataron de “justificar”??? que se trataba de alguien supuestamente acusado de violación, de venta de drogas, etc., como si de ser evidente aquello, les autorizaría acabar con la vida de un ser humano.

Por si fuera poco, la manifiesta ineptitud de la Policía para garantizar la seguridad dentro de las cárceles produjo también otra nueva víctima, esta vez del delincuente apodado Oti, que, recuérdese fue trasladado del penal de Palmasola a Chonchocoro, por cuestiones de “seguridad”. No es que piense que en los penales la situación sea como en el claustro de Santa Clara aquí en la Capital donde sus monjitas adoran a nuestro Señor durante todo el día, pero precisamente tratándose de penales de “alta seguridad” es elemental que sus responsables debieran tomar los recaudos y tener la formación para cumplir sus obligaciones. ¿O será que, como todos olemos, a cambio de unos pesos, todo está permitido para quienes pueden pagar ciertas licencias?

Y no se trata de un hecho aislado, el ex Director de Régimen Penitenciario, recordó que con ese asesinato, se llegó a 22 víctimas, sólo dentro de ese penal, de “alta seguridad”.

No es que este clamando por aquél totalitario entendimiento de seguridad estatal basado en meterle no más por encima de toda razón y norma jurídica, afín a las dictaduras, pues creo en la seguridad ciudadana democrática que se funda en el respeto de los derechos y garantías de todos los ciudadanos; pero por esos recientes acontecimientos y otros aún frescos, me temo que producto de la desinstitucionalización de aquellos organismos, también nuestra seguridad interna y externa están a la deriva de cuestiones e intereses partidarios, que sólo exigen devoción al jefazo y no a los intereses del ciudadano a las que debieran, deberse. Sería útil considerar aquello de SAVATER: “Aumentar los beneficios que cada cual obtiene de las instituciones y leyes, mejorando por tanto su aquiescencia racional a ellas, es una garantía de seguridad colectiva. Cuanto mayor es el equilibrio de una comunidad, su justicia, el reconocimiento que concede a las demandas razonables de sus miembros y a la diversidad de sus proyectos, más seguro resulta vivir en ella”.

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