Editorial
Sebastián Michel
02/08/2017 - 17:17

Venezuela enfrentada espera propuestas de oficialismo y oposición

Venezuela está transitando una profunda crisis de estado, esta crisis se ha originado en tres elementos centrales de su identidad país en los últimos 20 años. Primero la muerte de su principal líder Hugo Chávez que ha conducido una política social exitosa, pero que además ha generado un liderazgo internacional muy influyente; segundo, la caída de precios internacionales del petróleo que ha generado una sensación de carencia en una sociedad muy acostumbrada a niveles de consumo similares a los de EEUU; y en tercer lugar, haber perdido por primera vez la mayoría legislativa. Estos tres elementos han generado un clima de crisis que ha sido amplificado por la dificultad del chavismo de generar flujos positivos de información con medios de comunicación internacional, así como líderes de opinión pública que puedan hacer una mayor defensa de los evidentes resultados en materia social.

Esta crisis de estado se ha hecho manifiesta después de la reconfiguración de la mayoría legislativa que pasó a poder de la oposición. Desde el principio, la intención de la asamblea ha sido acortar el mandato de Maduro. Se intentó con un revocatorio que no logró consolidarse, se intentó cesando las funciones presidenciales por ley. Y por el otro lado el poder judicial intentó cesar en sus funciones a la asamblea legislativa. En ambos casos, la intención ha fracasado y hasta el momento tanto presidente como legisladores continúan ejerciendo el mandato popular. Sin embargo, esta crisis se ha trasladado a las calles enfrentando a la sociedad y profundizando una crisis humanitaria y económica.

La crisis de estado expresa una ruptura del contrato social, la sociedad está insatisfecha y necesita ir hacia un nuevo acuerdo. Una de las formas más frecuentes de restituir el contrato social ha sido la reforma total o parcial de la constitución. Sin embargo, concentrar los esfuerzos para centralizar el conflicto en la constituyente requiere de una espalda política que parece no tener el presidente Maduro, al menos en ese momento.

Basados en la supuesta debilidad, lo que le correspondía a la oposición era bajar la iniciativa de que la solución pase por la asamblea legislativa a través de una radicalización del conflicto que no logró frenar que esta asamblea se instale. La movilización de 7 millones de venezolanos fue una forma democrática, -aunque no vinculante- de expresar su rechazo. Estos 7 millones son una muestra impresionante del voto duro opositor que constituye un 33% del padrón.

El día del referéndum era vital para que esos 7 millones logren causar estado con su movilización, pero no logró frenar la jornada electoral y como si eso no fuera suficiente le gente que esperaba una bajada de participación se llevó una sorpresa con más de 8 millones que deja en la población un amargo empate no solo de votos sino de movilización. Pero también deja un desafío a ambos polos enfrentados. El desafío será motivar a esos 6 millones de personas que por lo visto no creen en las salidas que plantea Maduro, pero tampoco están dispuestos a seguir a una oposición cuya estrategia es el conflicto y la confrontación violenta en la calle.

El resultado inmediato de ese 42% de participación es la recuperación de iniciativa política del chavismo y la consolidación de maduro como presidente hasta el 2019. Es muy probable que además recupere capacidad legislativa. La victoria oficial es evidente y hace muy difícil que la oposición logre una escalada del conflicto y todo apunta que el día de la posesión de la asamblea será el punto de inflexión en la movilización que empezará a debilitarse.

Ahora les toca el turno a los estrategas. Como hará la mesa de unidad democrática para ofrecerle a Venezuela algo más que alternabilidad para salir de ese su voto duro y ser opción. Por el otro lado como hará el chavismo para mostrarle al venezolano que puede garantizar la paz, el desarrollo y la seguridad interna sin usar el poder coercitivo. Las primeras señales hablan más de un error comunicacional de origen en el chavismo el primer mensaje a la sociedad de las tareas de la constituyente tenía que ir dirigido al progreso y la satisfacción de necesidades y no mostrarla como herramienta de venganza contra la fiscalía. Las cartas están echadas y quedan dos años para ver quién logra encantar a esos 6 millones que definirán.

Poner fin al beneficio de detención domiciliaria a Ledezma y Leopoldo es cuando menos un error estratégico. Esa detención es innecesaria, lo primero que debe hacer el chavismo es garantizar que Leopoldo y Capriles disputen la presidencia. Con ese 42% que mostró el chavismo, obligará a la oposición a sacrificar a uno de los dos. El chavismo está haciendo fácil el trabajo a la famosa mesa de unidad democrática.

Liberarlos con indulto es el primer paso para revertir el gran logro comunicacional de la oposición. Después de haber tenido por 15 años la mala fama de golpistas -luego de la aventura de Leopoldo y Capriles- que empujaron al precedente de los empresarios privados a tomar el gobierno mediante golpe militar frustrado, la oposición actuó con el rotulo de golpistas. Sin embargo, en los últimos meses han logrado calificar de autoritario cuando no de dictadura a un gobierno elegido por mayoría popular. Ese es el primer desafío ante el mundo.

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