Economía de mercado
Armando Méndez Morales
13/03/2017 - 14:12

¿Qué es el Estado?

Se define al Estado como la organización política que impone un determinado orden a una determinada sociedad, la misma que en su comportamiento acata sus normas.

En la democracia, el Estado posee el monopolio legal de la fuerza en un limitado territorio para garantizar los derechos del ciudadano, lo cual impide que individualmente se pueda aplicar la justicia.

Por esta razón se asocia a este concepto el del poder, porque se supone que para que una comunidad viva armónicamente en paz y no en guerra, debe existir una fuerza capaz de garantizar este comportamiento social. Se define al poder político como la capacidad, por diferentes medios, que tiene alguien o algún grupo de personas para influir sobre el comportamiento de otro, o grupo de personas. El gobierno de todo Estado es el que encarna este poder político.

El Estado es una organización que detenta el poder político y el gobierno es quien administra este poder. Por eso cuando hay elección de gobernantes y gana alguien se dice que “tomó el poder”. Sin embargo, Jorge Lazarte tiene otra percepción que la comparto. En verdad un gobierno no toma el poder, sino que la sociedad por medio de un proceso electoral le encarga la administración de ese poder, porque en esencia el poder permanece en el seno de la sociedad.

Según Max Weber, hay tres tipos de legitimidad de un gobierno: la carismática, la tradicional y la legal racional. La primera descansa en las dotes personales de quién gobierna un determinado Estado, del líder y es la que predomina en los procesos revolucionarios. La segunda se basa en los usos y costumbres, este es el caso de las monarquías. El tercero es el que emana de la ley. Esta última, que tiene sus antecedentes en la antigua Grecia, se desarrolló en los siglos XVIII y XIX en Europa Occidental y en los EE.UU. y es la que da lugar a lo que conocemos como el Estado moderno.

Según Rosseau, los hombres, en el estado natural al cual vinieron al mundo, enfrentan conflictos y obstáculos superiores a las fuerzas que cada individuo posee para poder mantenerse en esa situación, por lo que el estado natural no puede subsistir ni el genero humano asegurar su supervivencia. Esto lleva a los hombres a reunirse en sociedad organizando un Estado lo que da lugar a lo que se conoce como el contrato social, un acuerdo implícito, que los individuos de una comunidad hacen para vivir en paz.

En todo tiempo los hombres difieren en “carácter”, unos son audaces y otros pusilánimes. Unos son valientes y otros no. Otros con su mayor carácter y temperamento se imponen a los demás. Como en todo, los hombres de carácter, fuertes de espíritu, no son los más, son los menos. Un deseo humano es buscar el liderato sobre los demás. Se busca ser reconocido como superior.

La historia nos muestra que un rasgo humano es la subordinación al líder, al poder. De esta situación surge la relación “amo- esclavo”. Los primeros son los que se impusieron en el sangriento combate por el prestigio cuando el hombre vivía en su estado de naturaleza, y los segundos son la consecuencia de la derrota o del miedo a la muerte violenta. De esta manera aparecieron los jefes de las tribus, los señores feudales y los reyes.

Los antecedentes de la organización estatal se remontan al pasado cuando un grupo de personas para mantener su sobrevivencia en un ambiente muy hostil acepta ser mandado y ordenado por alguien que se constituye en el jefe del grupo. La relación es altamente desigual, la organización y la autoridad emana de quién dirige el grupo, quién no tiene ninguna obligación de consultar sus instrucciones a sus subordinados. Todos se someten al jefe. La vida individual no importa y no vale, lo que vale es la supervivencia de la comunidad. Todas las sociedades antiguas comparten este comportamiento.

Los jefes de las tribus y los reyes han sido hombres valientes, capaces de matar y de morir, como  Alejandro Magno, quién sobre el lomo de su caballo y con la espada se impuso sobre pueblos y otros hombres, ya en un lejano pasado. Impusieron su autoridad y, por tanto, expresaron capacidad para influir sobre el comportamiento de los otros.

Una otra característica del humano es su religiosidad, su creencia en Dios y en fuerzas superiores que no las puede controlar. Todos han alabado y se han subordinado a sus dioses. Esta es la razón por las que las primeras normas que rigieron la vida en sociedad tuvieron un origen religioso. El jefe de la tribu estaba acompañado del sacerdote, quién hablaba en nombre de Dios ¡Qué poder!

La Paz, marzo de 2017

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