Economía de Mercado
Armando Méndez Morales
06/07/2015 - 11:11

Los enemigos del progreso

Quienes hacen más daño a la humanidad son los denominados “revolucionarios”, son aquellos que piensan que todo se puede cambiar de inmediato para asegurar la “felicidad” de los pueblos. En verdad son crónicamente románticos, mientras no toman el poder en los gobiernos, momento en el cual se convierten en duras dictaduras, que hacen retroceder a los países. Ejemplos en la historia abundan, basta citar el caso soviético, la Alemania nazi, y en la región, Cuba. La ideología revolucionaria no se percata de que todo en la vida es un proceso que toma su tiempo. Que todo avance, que es un beneficio, tiene costos. No hace más de tres siglos que el 85 por ciento de la humanidad vivía en pobreza, hoy se ha reducido al 14 %, gracias al desarrollo de la economía.

Hoy, en el mundo, ya no tiene mayor atracción el marxismo ni el socialismo. Ya no se escucha pregonar el principio de la “lucha de clases”, como el motor de la historia. Los revolucionarios, hoy han tomado partido en “defensa del medio ambiente”, a como de lugar. Su versión más extrema plantea parar el desarrollo económico, parar la actividad industrial, para que el hombre viva como en el pasado, bajo la ilusoria creencia que vivirá bien. No se percatan que así fuera, en poco tiempo, la insatisfacción de las necesidades y deseos nos llevaría a catástrofes inimaginables.

Es evidente que las actividades agrícola, ganadera, minera e hidrocaburífera, tienen efectos sobre el medio ambiente, como lo tiene también el transporte, y lo que se está haciendo es desarrollar tecnologías que minimicen sus efectos contrarios.

Lo que los medioambientalistas no se percatan es que el avance del conocimiento y de la ciencia está logrando que se alimenten cada vez más gente con menos cantidad de tierra explotada. La agricultura en el mundo no supera el 3 por ciento del producto mundial y la industria el 27 por ciento, pasando a ocupar el primer lugar la actividad de servicios con el 70%. Hoy este sector es el que da empleo masivo a la gente.

Hace poco se ha realizado la “Cumbre Agropecuaria” en Santa Cruz, donde no se ha podido aprobar el pleno uso de los denominados “transgénicos” que, en rigurosidad, su nombre es: “0rganismo Genéticamente Modificado” (OGM), y que es la consecuencia de la aplicación del conocimiento y de la ciencia a la producción agropecuaria. En Bolivia, predominantemente se está utilizado OGM en la producción de soya, lo que nos permite ser competitivo en esta producción y, por tanto, vender al mundo.

Tampoco los medioambientalitas se han informado que los cultivos de soya en Santa Cruz, están enriqueciendo el suelo con el nitrógeno que incorpora al suelo, que luego sirve para la producción de maíz, trigo, sorgo, girasol y chía, bajo el sistema de rotación de cultivos, todo esto a precios competitivos a nivel mundial. Todo esto lleva a una cadena de creación de valor manteniendo “un adecuado equilibrio de nutrientes en el suelo”.   

La biotecnología comenzó empleando organismos para obtener un producto útil para la industria. La biotecnología moderna se viene desarrollando ya hace más de 30 años en base a la ingeniería genética. Hoy, todo lo que comemos proviene fundamentalmente del mejoramiento de la producción agrícola y no sólo de la naturaleza. Se busca mejorar la calidad de lo que la naturaleza produce. Muy pocos deben saber que el brócoli es un OGM, lo mismo sucede  con las variedades de maíz. Los mejoramientos se hacen por cruzamiento y selección y por otros medios. El cultivo de papa que utiliza OGM es de mejor calidad. Lo mismo sucede con el arroz.

Cada año, en el mundo, aumenta las zonas cultivadas con OGM e incrementan los agricultores sus beneficios. Contrariamente a lo que sostienen sus retractores, esta producción agrícola tiene  un menor impacto ambiental negativo junto a una mayor productividad. Si no hubiese habido este tipo de producción, se hubiese requerido adicionar, en el mundo, 18 millones de hectáreas para producir el mismo volumen alcanzado durante el año 2013.

Las plantas transgénicas tienen mayor resistencia a enfermedades y plagas, a los insectos, mayor tolerancia a herbicidas, a heladas, sequías y salinidad y, por tanto, ofrecen un mayor rendimiento. Adicionalmente eliminan o disminuyen factores antinutritivos y toxinas. “Reducen las emisiones efecto invernadero como consecuencia  de un menor uso de combustibles y un almacenamiento adicional de carbono en el suelo”. En el periodo 1996-2013, esta reducción equivale haber retirado “doce millones de automóviles de las calles”.

Santa Cruz y todo el oriente boliviano pueden constituirse en una zona productora de alimentos para el mundo, sólo si los productores aplican OGM y todo aquello que la biotecnología y la ingeniería genética está descubriendo, porque esta es la única manera de ser competitivos. Una gran producción de alimentos que pueda generar Bolivia se justifica sólo si su horizonte es el mercado mundial. Hay que tomar en cuenta que la producción de alimentos agropecuarios está sujeta a una fuerte competencia, cuyo índice de precios, a nivel mundial, está cayendo a partir del año 2013.

La Paz, 3 de julio de 2015

 

“Profesor emérito de la UMSA y Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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