Buscando la Verdad
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Gary Rodríguez Álvarez
06/05/2015 - 09:02

Benditos los padres trabajadores

El 1° de Mayo de cada año se celebra el Día Internacional del Trabajador -el Día del Trabajo- recordando a los Mártires de Chicago que lucharon por condiciones dignas en favor de quienes venden su fuerza de trabajo. En Bolivia la recordación se asocia a las “luchas históricas del movimiento social” honrando a los trabajadores que lamentablemente incluye también a los niños que lo hacen por necesidad…mi padre fue uno de ellos.

Pese a que el 1° de Mayo pasó ya, me nace rendir un homenaje a todos los trabajadores de Bolivia -principalmente a mis padres, ambos trabajadores esforzados y valientes- un tributo que espero exprese la gratitud que los hijos sienten por sus progenitores, considerando su desgaste sicofísico.

Mirando un poco más de medio siglo atrás, agradezco a Dios por mi papá Héctor, jubilado ya, y por mi mamá Emma, ambos incansables trabajadores. Recuerdo cómo me partía el alma saber que mi papi se despertaba a las cinco de la mañana para ir a trabajar hasta la noche, nada nuevo para él -seguramente- siendo que desde niño la necesidad le empujó a hacerlo, no parando desde ahí en más para formarse profesionalmente por su propio esfuerzo.

Recuerdo cómo mi corazón se hacía un puñete al verlo llegar a casa preocupado porque algo no le había salido bien -o su tristeza cuando le robaron el sueldo del mes en el colectivo- o cuando de un rato a otro venía a alistar rápido su ropa para viajar ante el desconsuelo de mi mami pues debía ir lejos al campo o a Cochabamba manejando por tierra -¿te hago comida para que te lleves?, escuchaba que le decía- yo, con el Jesús en la boca rezando para que no le pasara nada en el camino y, años después, cuando debía volar, para que nada malo ocurriera con la avioneta…cada despedida era un parto.

Pese a que llegaba cansado a casa, comía rápido y trabajaba de noche arreglando o armando equipos y hasta de carpintero hacía… Igual mi mami, día y noche, incansable con su negocio. Todo ello me ayudó a forjar mi carácter y salir adelante estudiando, sin rendirme ante la adversidad, a fin de no defraudar su esfuerzo. Cuántas veces me sentí culpable de su sacrificio, aunque hoy estoy satisfecho de poder corresponder en algo su amor -trabajando como ellos- haciéndoles ver que su sacrificio valió la pena. Por eso este homenaje a mis papás, agradecido a Dios por guardármelos vivos y sanitos…

¡Benditos los padres trabajadores que no escatiman nada de sí para proveer a los suyos a costa de su fuerza, su salud y su desgaste! ¡Benditos sean!

(*) Economista, Magíster en Comercio Internacional

 

Fuente: “El Deber”

 

 

Santa Cruz, 6 de mayo de 2015

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