Buscando la Verdad
Gary Rodríguez Álvarez
01/04/2015 - 18:14

La más bella historia de amor

¿Sabía Ud. que Jesús no murió crucificado con un pañito blanco y unas pocas heridas y moretones, como se lo representa? Piadosamente se lo muestra así, porque grotesco sería reflejar como en verdad estaba: su cuerpo flagelado y torturado; todo él acabó siendo una sola llaga; su barba, arrancada, “no había en él hermosura”, “no se halló en él parecer”…¡estaba desfigurado!

Pese a ello no  se quejó: como una oveja fue llevado ante sus trasquiladores y pese al dolor infringido, enmudeció... Soportó tal vejamen para que gracias a ese cuerpo escarnecido, nosotros tengamos salud; y, para quitar el pecado del mundo, por nosotros se hizo maldito muriendo en la cruz totalmente desnudo como estilaban los romanos a fin de escarmentar a los peores malhechores.

Muchos actos litúrgicos y ceremonias se celebran durante la Semana Santa rememorando la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, partiendo un domingo antes recordando su triunfal entrada a Jerusalén con vítores, palmas y gritos de ¡Hossana! como correspondía hacerlo con un rey, aunque Jesús iba montado en un burrito y su séquito era -más bien- de gente humilde.

La venida del Hijo de Dios al mundo para nacer como hombre de una virgen se había profetizado desde los albores mismos de la Humanidad y por la Biblia sabemos que, desde antes de la fundación del mundo, Dios tenía destinado ya a su único Hijo para tal sacrificio, y era necesario que así fuera por el pecado de Adán y Eva que devendría en enfermedad y muerte.

¿Sabía Ud. que Jesús -como un hombre común, despojado de su deidad- sometido a iguales tentaciones que nosotros nunca pecó, pero “se hizo pecado por nosotros” y cargó con ellos en la cruz, para librarnos del infierno? Obediente como era, no contradijo a su Padre y cumplió su cruenta misión.

Pero lo más relevante de esta historia no fue su nacimiento, su vida en santidad y su muerte en la cruz, sino su gloriosa resurrección, a consecuencia de todo lo anterior: nació sin pecado, vivió sin pecar, cargó con los pecados de la humanidad en la cruz y murió, pero al tercer día el Padre lo resucitó por medio de su Espíritu Santo, para nunca más morir, y un día Jesús volverá para juzgar a los vivos y a los muertos…

No puede haber una historia de amor más bella que ésta, la del Padre Celestial dando lo mejor de sí por Ud. y por mí: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. ¿Sabía Ud. de tan grande amor?

(*) Pastor y Anciano del Centro Cristiano Evangélico “Casa de Oración”

 

Fuente: “El Deber”

 

Santa Cruz, 1 de abril de 2015

 

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