Economía de Mercado
Armando Méndez Morales
02/02/2015 - 08:37

Populismo y Estatismo

Dos excelentes artículos de opinión sobre el populismo inspiran esta columna. El primero, de Iván Arias, titulado: ¿De seguro ganador a casi perdedor?, y, el segundo, de Gary Rodríguez, titulado: “Macroeconomía del Populismo”.

Iván Arias, compartiendo ideas con Diego Ayo, dice que las características del populismo son: despreciar el orden legal y domesticar a las instituciones de la democracia liberal; exaltar al líder carismático; aplicar el discurso y medidas para preservar el poder y la hegemonía política sin medir costos; culpar a otros de sus fracasos; alentar el odio de clases; movilizar permanentemente a los grupos sociales; utilizar discrecionalmente los fondos públicos para congraciarse con las masas, odia la fiscalización y busca reproducirse en el poder indefinidamente.

La pregunta que conviene hacerse es ¿Por qué aparece y se afianza el populismo? Sus orígenes se remontan al marxismo y a las diferentes corrientes socialistas. El populismo en sus diferentes variantes ha estado presente en el mundo durante el siglo XX y ha retornado con fuerza,  en el siglo XXI, en algunos países de América Latina. No es exagerado decir que la región es la cuna del populismo.

El marxismo y el socialismo prometen construir la sociedad ideal, entendida esta no sólo como aquella que elimina el problema económico básico de la escasez sino también la desigualdad económica, mediante la activa participación del estado para manipular a los mercados en el papel de asignadores eficientes de recursos escasos. Supone que la producción de bienes y de servicios puede decidirse en magnas asambleas de los movimientos sociales y por consenso. Como esto no es posible, porque la actividad económica es una continua y permanente actividad de intereses contrapuestos, que requiere decisiones rápidas, de millones de personas que continuamente están votando en los mercados a favor de sus preferencias, son sustituidas por un grupo de burócratas del estado que toman las decisiones con la venia del caudillo, con la venia de alguien que concentra el poder político.

En la realidad, los poderes económicos privados paulatinamente rodean al caudillo y a la burocracia “planificadora” de la economía, para imponer sus intereses y desarrollar lo que se puede denominar el “capitalismo corrupto de amigos”. El populismo tiene su origen en la asignación desmedida de funciones y competencias que se le otorga al estado en desmedro de los mercados libres.

En este escenario, lo que sostiene Gary Rodríguez nos permite aclarar el papel concreto del populismo en la macroeconomía, que comienza con la nacionalización de empresas y la toma de instituciones. Se lo puede graficar en cuatro momentos: El día del júbilo, el día de la saturación, el día del descontrol y el día de la crisis. En el primer día viene el auge, momento en que se imponen incrementos salariales por decreto, se otorgan subsidios y se aumenta la inversión pública, con lo que crece el Producto Interno Bruto (PIB). En el segundo día viene el rezago cambiario y, con ello, el aumento de las importaciones junto al control de precios pero la economía sigue creciendo. ¡Viene la saturación! La etapa que sigue es la del descontrol con el déficit fiscal, caída de las reservas internacionales y el aumento de la deuda pública. Finalmente, caen las exportaciones y las inversiones, caen los salarios reales por la inflación, cae el PIB y sube el tipo de cambio. ¡Vino la crisis!

A lo acertadamente señalado por Gary Rodríguez, añadiría que otros rasgos del populismo, en el área de la economía, es la creación de empresas estatales más allá de las privadas estatizadas, el control cambiario y la asignación preferencial de divisas para realizar importaciones que así lo ve por conveniente el estado, ya sea en la etapa inicial del proceso o siguiente, pero con seguridad en el periodo de la crisis, con la falsa creencia de que ésta es la manera de enfrentar la insuficiencia de divisas. El resultado es peor que la enfermedad. Otras típicas medidas populistas son: el control de las tasas de interés y la asignación del crédito bancario a los sectores económicos que así ve por conveniente el “plan” estatal, las cuotas de exportación bajo el argumento de que primero se debe satisfacer el mercado interno. Hoy, el ejemplo mayúsculo del populismo en sus cuatro fases es Venezuela.

El populismo es un hecho político motivado por la toma de funciones y competencias por parte del estado en el área económica, y que se basan en el pensamiento, mal comprendido, de Keynes, y en la corriente estructuralista, que hasta ahora sigue dominando el pensamiento económico de la CEPAL.

Si se quiere eliminar el populismo de la vida de las naciones, hay un solo camino: reducir drásticamente el papel y el rol del estado sobre la economía. Hay que impulsar el planteamiento liberal del gobierno limitado a pocas funciones. Cuando esto suceda ya no se verá esta pelea desmedida entre los políticos para la toma del “poder”, porque entonces lo que se entregará a los políticos, cuando ganen elecciones, será el derecho de “gobernar” pero no el derecho de ejercer el poder, como acertadamente sustenta Jorge Lazarte.

 

La Paz, 31 de enero de 2015

 

“Profesor emérito de la UMSA y Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

 

 

 

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