Buscando la Verdad
Gary Rodríguez Álvarez
29/12/2014 - 10:51

De tal manera amó Dios al mundo…

¿Cuál es el significado de la Navidad? Para unos, el ansiado día de recibir y dar regalos; para otros, la esperada cena de Nochebuena en familia; para los creyentes, el día en que el Hijo de Dios nació como hombre en el mundo. ¿Qué es la Navidad para Ud.?

El recuento histórico ha develado que diciembre no fue el mes en el que un niño llamado Jesús nació en Belén hace 2014 años. Sin embargo, tal hecho fue tan trascendente que literalmente partió en dos la Historia, al extremo que en el calendario occidental se dice hoy “antes de Cristo” y “después de Cristo”. No podía ser de otra manera porque no fue un serafín, un querubín, un trono, un arcángel o un  simple ángel quien fue enviado desde el Cielo a la Tierra para llevar a cabo la mayor obra de amor de la que se tenga memoria. Quien estaba destinado para quitar el pecado del mundo debía ser alguien muy especial, santo y perfecto: ¡Jesucristo!

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, dice Juan 3:16, el versículo más importante de la Biblia porque nos revela varias cosas.

Primero, el excelso amor que tiene el Padre por su creación, como para llegar a sacrificar a su único hijo por Ud. y por mí. Segundo, la infalible obediencia de Jesucristo, hasta su cruenta muerte en la cruz. Tercero, la revelación de que la salvación del alma no se logra por obras sino por creer en Jesús. Y, que hay una vida eterna de condenación o gloria. Pero pocos recuerdan esto en Navidad.

Es más, en la generalidad de los casos dicho acontecimiento representa el festejo de un cumpleaños donde el cumpleañero prácticamente está ausente. Además, la mayoría celebra el nacimiento de Jesús sin reparar que esta parte de su vida no fue en verdad la más importante, como de cierto lo fue su muerte y mucho más, su resurrección.

Pocos se dan cuenta que no fue el niño Jesús quien hizo la gran tarea sino más bien Jesús-hombre en el Monte del Calvario: torturado, para darnos la sanidad, por su cuerpo llagado; crucificado -hecho maldito en la cruz- para quitar la maldición de nosotros; muerto, derramando su preciosa sangre para redimirnos; resucitado, para dar vida a quien lo confiese como su Salvador y Señor; y, glorificado, para darnos vida en abundancia en esta tierra.

Si Dios le amó de tal manera que sacrificó a su Hijo para que sufriera lo indecible por Ud. -si aún no lo ha hecho- dígale en esta Navidad: ¡Jesús, te acepto como mi Salvador y Señor!

(*) Pastor del Centro Cristiano Evangélico Casa de Oración

 

Fuente: “El Deber”                                                                                                    

Santa Cruz, 24 de diciembre de 2014

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