Economía de Mercado
Armando Méndez Morales
25/08/2014 - 11:05

El sentido de la vida

El ser humano en las diferentes etapas de su vida, probablemente desde la adolescencia, se pregunta, implícita o explícitamente, que tiene que hacer durante su vida. Esta es una pregunta permanente que busca respuesta. ¿La vida tiene un solo sentido? Probablemente, no. Tiene varios, no sólo en un periodo sino durante toda la vida. El principal sentido de la vida va cambiando en la medida que avanzan los años. En la juventud una de las principales motivaciones es el enamorarse, puede también ser el deporte e igualmente el capacitarse, mejor si es a nivel universitario. Estos diferentes propósitos no son incompatibles, pueden convivir, pero cada persona dará mayor o menor importancia a cada uno de ellos.

Cuando el hombre/mujer es libre, entonces, le da su propio sentido. Cuando se habla de libertad es importante destacar la libertad de pensar, que es consubstancial al hombre. Que esta libertad pueda ser manipulada por las costumbres, la cultura, los prejuicios y por la misma “educación”, es posible. Sin embargo, el humano es libre para pensar. A  partir de aquí se puede explicar la grandeza del desarrollo de la humanidad desde su aparición en la tierra.

En el pasado el esclavo estaba obligado a darle sentido a su vida trabajando de manera obligatoria sin ninguna remuneración. A cambio de su trabajo el patrón le otorgaba los bienes imprescindibles para su subsistencia. El aristócrata, que vivía del trabajo del esclavo, le daba sentido a su vida en el mundo de las artes, letras, música, filosofía, política, la guerra; tenía abundante tiempo para pensar, si no se dedicaba a alguna de estas actividades probablemente podía enloquecer. El no hacer nada en la vida es la forma para ser permanentemente “infeliz”. Pregúntese usted, que sería de su vida si no realiza sus actividades, muchas de ellas ya rutinarias.

¿Qué es la felicidad? Este es un término muy vago, la gente suele asociar al placer, a sentirse bien, contento, alegre, tranquilo, sin preocupaciones. Se suele definir como el estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo. Para Niestche, el ser humano no fue concebido para la felicidad, sino que estaba destinado a sufrir. Si por felicidad se entiende un “estado emocional” cuando se cree haber alcanzado un objetivo/meta deseada, entonces, por principio la felicidad es momentánea, no es permanente. Si la felicidad se entiende por paz interior esta puede ser más prolongada, pero tampoco permanente. De igual manera, es momentánea, si se la entiende como satisfacción y alegría. Si se entiende por “sentirse bien”, la felicidad es un hecho más prolongado, pero no durable, porque las personas en algún momento se “sienten mal”. Si felicidad es la autorrealización, querría decir que se es feliz cada que se alcanza un propósito buscado.

En el mundo moderno, donde ya no hay esclavos, cada uno es libre de elegir el propósito de su vida. Si usted tiene asegurada la satisfacción de sus necesidades básicas, puede realizar cualquier otra actividad, aunque no le reditúe ningún ingreso. Claro está, esto es sólo posible si tiene asegurada la satisfacción de sus necesidades. Una forma es que realice algún trabajo para obtener estos imprescindibles ingresos, otra es que algún familiar o amigo le de y, por último, que usted tenga la suerte de provenir de una familia adinerada, por lo que usted puede vivir muy bien sin necesidad de trabajar, ya que tiene asegurado su bienestar económico por las rentas que recibe al ser propietario de un capital, que usted lo heredó.

La libertad de pensar lleva a la humanidad a la libertad de acción. En esta libertad de acción se concreta el sentido de la vida. El hombre tiene que realizar cualquier tipo de actividad, sea familiar, religiosa, política, militar, artística y/o económica.

Es tan fuerte la búsqueda del sentido de la vida que incluso hay quienes llegan al fanatismo y a la total intolerancia. Esto fundamentalmente se presenta en el mundo religioso. La religión es buena pero es una plaga cuando sus adeptos se fanatizan. En nombre de su dios se convierten en “terroristas”, se inmolan matando a inocentes. El nacionalismo tiene sus orígenes en la tribu. Hay una tendencia a tener un sentido de vida en la comunidad donde uno vive, lo cual hoy se ha ampliado a lo que denominamos nación. En su nombre se han vivido las más sanguinarias guerras. Así como hay gente joven que le da sentido a su vida ejerciendo el deporte, hay otra que también le da matando a su prójimo; esto se ve en los jóvenes revolucionarias, que se han fanatizado con la ideología socialista, o los otros que van a la guerra. La acción entre el guerrillero revolucionario y el soldado que va a la guerra es la misma. La diferencia estriba en que el primero lo hace por fanatismo, el segundo actúa obligadamente.

La Paz,  25 de agosto de 2014

 

*Profesor Emérito de la UMSA y Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

 

 

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