Economía de Mercado
Armando Méndez Morales
26/10/2015 - 11:58

El camino hacia la libertad

La libertad es individual. Hay que diferenciar la interior de la exterior. La interior se entiende como libertad de pensamiento y de sentir, y la exterior como la capacidad de expresar lo que se piensa, lo que se siente, y lo que se quiere hacer. La primera se puede ejemplificar recordando dichos muy conocidos: “libre para pensar, pero esclavo para hablar”, “quién dice lo que quiere, escucha lo que no quiere”.

Se podría sostener que lo opuesto a la libertad es la esclavitud. Diríamos: venimos de la esclavitud y vamos hacia la libertad. Sin embargo, esto no es cierto. En su origen el hombre no fue un esclavo. La esclavitud convivió en las diferentes organizaciones económicas que se dieron históricamente.

Se puede sostener que el hombre no fue libre, en su origen, porque era un animal sin capacidad para pensar. Pero por alguna razón este ser comenzó a pensar. Por tanto, la libertad está asociada al individuo quién sería el único ser en la tierra con este atributo. Y la capacidad para pensar y para razonar tiene que haber sido un proceso evolutivo muy lento y que duró mucho tiempo. El individuo, al poseer esta atribución, es el único ser que tiene la capacidad de elegir entre diferentes opciones de manera racional. Por este hecho, el hombre es el único ser vivo que enfrenta el conflicto ético entre el bien y el mal. Se puede decir que en la medida que aparecían las primeras señales de que el hombre comenzaba a pensar, también, de manera incipiente, nacía su capacidad para ser libre. Bajo esta premisa, se podría dialéctica y dinámicamente decir: la tesis es “no libre”, la antítesis “libre” y la síntesis “hacia la libertad”. Como alguien ya dijo: “No existe la libertad sino su búsqueda”.

Una analogía mas adecuada sería calificar a la libertad como un camino que no tiene fin, pero que en la medida que se avanza, se evoluciona de un “ser menos libre” a otro cualitativamente “más libre”, no perfecta libertad pero si perfectible.

Se puede sostener que la humanidad viene de ser “no libre” en lo económico, sus iniciales condiciones materiales eran infrahumanas. En el pasado desde que el hombre/mujer nace hasta que muere tiene un solo propósito: “subsistir”, tener algo para llevarse a la boca. Pocos lo lograban, la gran mayoría moría en cumplimiento a la ley inexorable de la selva; “el fuerte sobrevive”. En este contexto, la vida de hoy era igual que ayer, mañana igual que hoy. La esperanza de vida era muy baja

Uno de los rasgos que distingue a la especie humana de las demás es la evolución cultural. Por cultura se entiende que la capacidad del hombre para pensar se traduce en la capacidad de construir utensilios, herramientas y comportamientos sociales que cambian con el transcurso del tiempo. Por este hecho el Homo Sapiens logra descubrir el fuego, probablemente hace 500 mil años atrás, y aprende a abrigarse con las pieles de los animales que los mata para alimentarse. El fuego también le permite convertir substancias no comestibles, en su estado natural, en alimentos. Desde este momento el hombre se ubica en la parte superior de todas las especies que tienen vida en la tierra. Desde el descubrimiento del fuego, el invento de la rueda, del lenguaje, de la escritura, la creación de núcleos urbanos, la artesanía, la cerámica, el intercambio generalizado de bienes y servicios, la máquina de vapor, hasta la computadora y el Internet demuestran que la única especie que puede descubrir, pensar, reflexionar, relacionar unas cosas con otras, unos hechos con otros, y crear todo lo señalado es ora Homo Sapiens, ora Homo Faber,¡El hombre es el creador por excelencia!

La pregunta que corresponde hacerse es: ¿Por qué se produjo este proceso? Y la respuesta, en palabras del filosofo Hegel, “porque el destino del hombre es la libertad”. Pero esta libertad ¿Cómo se la busca? ¿Cómo se la encuentra? Es el producto de la evolución cultural, que lleva a desarrollar en el hombre la capacidad de hacer ciencia, de entender las leyes naturales que rigen estos mismos procesos, las leyes que rigen el comportamiento del individuo en sociedad y en la capacidad de aplicar todo esto a su medio, dando origen a la ciencia aplicada, hoy llamada tecnología, cuyo propósito final es ofrecer bienes y servicios, crear riqueza, cada vez, siempre en volúmenes crecientes, para satisfacer necesidades y deseos de una población en crecimiento.

Hecha esta contextualización, por tanto, el desafío está en encontrar el camino hacia la libertad, ¿Habrá varios caminos hacia la libertad? o ¿Habrá uno solo? La respuesta es que el camino es uno solo y es la actividad económica libre.

La Paz, octubre de 2015

*Profesor emérito de la UMSA y Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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