La salud como un bien de lujo

Syntagma
16/05/2018 - 09:24

Rosario fue al noticiero del mediodía, ahí la niña de 14 años anunciaba la venta de pulseras hechas por ella misma para recaudar el dinero que necesitaba para su cirugía. “Charito” —como la llamaban cariñosamente— tenía cáncer en los huesos. Su familia no podía pagar ni su tratamiento ni su intervención quirúrgica. Para agravar la situación, su madre tuvo que dejar de trabajar para cuidarla. El Hospital del Niño en La Paz tampoco tenía los insumos suficientes para tratar su enfermedad y el tiempo jugaba en contra. Finalmente, luego de varias campañas solidarias se logró recolectar el dinero necesario. Sin embargo, para el momento en que la operación se llevó a cabo, el cáncer se había expandido irremediablemente.

“Charito” falleció meses más tarde.

Su caso no es aislado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asevera que el cáncer constituye una de las principales causas de muerte en el mundo y que alrededor del 70% de los decesos se concentran en países con ingresos medios o bajos, en los cuales no se cuenta con los equipos, personal, infraestructura, medicamentos y políticas de detección temprana que sí tienen los países con niveles más elevados de desarrollo. En Bolivia, según informes del Ministerio de Salud y de la Defensoría del Pueblo, cada año se detectan centenares de casos de niños y adolescentes con cáncer, de los cuales un elevado porcentaje (aproximadamente 20%) fallece por la imposibilidad de acceder a los tratamientos médicos necesarios debido a sus elevados costos.

Si bien en los últimos años el gobierno de Bolivia ha destinado un mayor porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) a salud, la inversión se ha concentrado mayoritariamente en la creación de hospitales y centros médicos (infraestructura) y no así en los equipos y personal capacitado necesarios para su funcionamiento. Todavía existe en el país una brecha demasiado grande entre la salud pública y la privada, la cual se refleja en la falta de atención e insumos adecuados, suficientes, oportunos y de calidad; peor aún en relación al tratamiento del cáncer.

La crisis del sistema público de salud en Bolivia se hace presente, de manera contundente, a través del caso del complejo hospitalario de Miraflores, sus operadores se han declarado en estado de emergencia y han afirmado encontrarse al borde de la suspensión de actividades por la falta de financiamiento. La escacez actual de recursos es el resultado de trabas administrativas en el desembolso de los fondos destinados a los hospitales. Ante esta situación, el Ministerio de Salud ha anunciado la transferencia de la mitad de la deuda, a modo de adelanto, y su plena predisposición para cancelar la totalidad una vez que se subsanen los asuntos administrativos pendientes.

Si esta deuda millonaria, que se remonta a junio de 2017, ha imposibilitado la adquisición de insumos tan básicos como algodón y gazas, ¿qué consecuencias habrá tenido para la obtención de medicamentos más costosos como los requeridos para el tratamiento del cáncer y otras enfermedades?

Es urgente repensar las políticas de salud en Bolivia con el fin de garantizar un adecuado acceso para todos y evitar que la inflexibilidad administrativa, la excesiva burocracia, la ausencia de coordinación entre instituciones de gobierno y la falta de una adecuada planificación y previsión en políticas de salud afecten a las personas más vulnerables y carentes de recursos; personas como “Charito”, para quienes la salud pareciera ser un bien de lujo que no se pueden permitir.

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