Buscando la verdad
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Gary Rodríguez Álvarez
15/05/2014 - 17:13

Carta al Ing. Percy Fernández Añez

Nunca imaginé que un día escribiría a su autoridad una carta pública para tocar un tema tan delicado, como el que es de dominio público, pero la actual circunstancia así lo amerita. No porque quiera juzgar a su persona -¡quién soy yo para hacerlo!- sino porque al tener el privilegio de ser columnista de este prestigioso medio, más de uno me pidió y hasta me lo exigió -aclaro, no solo mujeres- hacerlo como una responsabilidad moral.

Confieso que no es fácil para mí. Habría que estar en su condición para entender lo hecho con la periodista Mercedes Guzmán, y aunque éste no ha sido el primer “impasse público”, ruego a Dios que pueda ser el último.

Porque, duelen ver los penosos acontecimientos que se han venido sucediendo durante los últimos años con su persona, nada que ver con la contagiante simpatía y el prestigio profesional que mucha gente admiró en Ud. durante décadas, incluso yo -seducido por su carisma- aposté y no dudé en darle mi voto una y otra vez, para hacerlo Alcalde.

Siempre prefiero pensar -para no juzgar indebidamente cuando se produce algo malo- que no se lo hizo deliberadamente sino por un error; así quiero que se piense también de mí en caso de equivocarme. Por eso le doy el beneficio de la duda de que lo hecho pueda ser algo incontrolable. Si Ud. confirma que así es, entonces debe buscar ayuda. Caso contrario, se trataría de un delito.

“¡Qué vergüenza y no hay castigo social. Qué lástima. Percy, qué asco!”, me escribió un apreciado amigo, respecto a lo cual yo le dije que en verdad era una vergüenza y una falta de respeto a la ciudadanía, tratándose de una autoridad. Pero reflexioné, si el problema no estaría solo en el Alcalde sino también en la sociedad y en sus valores morales relajados, siendo que a muchos parece agradarles y hasta festejables las “ocurrencias del loco”.

Querido Percy: ¡Ud. merece terminar su impresionante y exitosa carrera de una mejor manera! Las redes sociales hacen hoy escarnio de su persona -lo que no comparto- como tampoco apruebo el faltar el respeto a una mujer ¡piense en su familia!

De nada valdrá intentar encubrir su desliz, aunque sus acólitos -¡increíblemente hasta mujeres!- así lo quieran por sus propios apetitos e intereses.

Solo si confiesa su error, se arrepiente de corazón y se aparta de él, alcanzará la victoria.

La Palabra de Dios dice que, así como las moscas muertas hacen heder el mejor perfume, igual pasa con una pequeña locura en quien es estimado por sabio y honorable. ¡Acepte este consejo de amigo!

(*) Economista, Magíster en Comercio Internacional

 

Fuente: “El Deber”

Santa Cruz, 14 de mayo de 2014

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