Roberto Ossio Ortube
14/12/2018 - 14:16

ÁFRICA: El “Emperador” Bokassa: entre delirios monárquicos, uranio, diamantes y presunto canibalismo

El 4 de diciembre de 1977, hace cuarenta y un (41) años, un desconocido capitán se proclamó “emperador” de Centroáfrica.

El 4 de diciembre de 1977 , Bokassa fue coronado "emperador" de Centroáfrica...

Existen ciertos patrones de comportamiento en aquellas personas que llegan a detentar el poder por mucho tiempo. Piensan que son irremplazables, asumiendo posturas erráticas, autoritarias y megalómanas, donde se refugian en un mundo de auto indulgencia y adulación de sus entornos cercanos.

La Historia del Siglo XX y parte del XXI ha mostrado la existencia de estos personajes extravagantes, atávicos y delirantes que piensan que los países a los que dirigen son prácticamente de su propiedad privada y que sus recursos pueden ser dispuestos arbitrariamente como su feudo personal, en detrimento de los intereses comunes y públicos.

Jean Bedel Bokassa, un capitán de ejército nacido en el Congo Francés el 22 de febrero de 1921, quien participó como combatiente de las tropas coloniales francesas en la Segunda Guerra Mundial, asumió el poder de la naciente República Centroafricana el 1 de enero de 1966, tras derrocar a su primo David Dacko. Este país con ingentes recursos mineros, especialmente de uranio y diamantes, era estratégicamente muy importante en la región, especialmente para Francia, que necesitaba desarrollar y fortalecer su arsenal nuclear, por lo que los franceses no dudaron en cerrar una alianza espuria con este extraño y brutal personaje. bokassa-10.jpg

Atenido a ello, Bokassa desarrollo un gobierno autoritario, extravagante y sangriento, donde los recursos del país eran canalizados en obras faraónicas y para incrementar el patrimonio personal del gobernante, que adquiría villas, palacios de veraneo y apartamentos lujosos en Europa. Paradójicamente, el pueblo centroafricano vivía en la extrema pobreza y en contraposición a lo anterior decretó la abolición de la burguesía y fundó un partido único obligatorio llamado Movimiento para la Evolución Social del África Negra

Tal fue el delirio de grandezas de Bokassa, que después de once (11) años de gobierno ininterrumpido, el 4 de diciembre de 1977 se coronó a sí mismo “Emperador”, emulando a Napoleón Bonaparte, su ídolo y referente. El título que se auto confirió fue Su majestad Bokassa I, Emperador de Centroáfrica, mariscal de Centroáfrica, apóstol de la Paz y servidor de Cristo Dios “. La coronación con uniformes y atavíos del Siglo XIX se llevó a cabo en un estadio de su capital Bangui, que fue decorado con gran pompa y boato, con invitados que aplaudieron absortos e incrédulos los fastos imperiales, donde incluso se solicitó al Papa Pablo VI que coronase al monarca, siendo esta petición obviamente rechazada, así como por la gran mayoría de los gobernantes invitados, un desaire que Bokassa alegó a la envidia de quienes no tenían un “imperio” como él. De todos los 2.500 dignatarios internacionales que fueron invitados solo 600 aceptaron la invitación.

Sin embargo, lo que llamó poderosamente la atención, es la anuencia y la permisividad francesa, quienes facilitaron toda la logística para esta charada absurda lejos de la realidad del continente africano. Orfebres y artesanos de las casas más exclusivas de Francia diseñaron las joyas, la capa de armiño, el trono, el cetro, la carroza e incluso el adiestramiento de guardias centro africanos para montar al estilo europeo en caballos espléndidos y caros. Es más, este país mediterráneo pudo costear el embarque aéreo de sesenta (60) automóviles Mercedes Benz para transportar a los invitados al banquete.

Pero, lo peor no se quedaba allí, Bokassa fue acusado de la desaparición de sus posibles contendientes personales y políticos, existiendo severas sospechas incluso que practicaba el canibalismo. Esta atroz circunstancia fue señalada reiteradamente por diversos diplomáticos, periodistas, enviados especiales y ex servidores imperiales. El salvajismo llegó a tal extremo que Amnistía Internacional denunció una matanza de escolares en la capital Bangui donde cien (100) niños fueron asesinados por orden directa de Bokassa por protestar contra los uniformes que estaban obligados a usar y que eran confeccionados por una de las fábricas del “Emperador”

Bokassa llamaba “hermanos” a todos, desde el presidente de Francia Valery Giscard d’Estaing, pasando por el despótico Idi Amin Dada con quien tenía una particular amistad y muchas similitudes, hasta el dictador libio Muamar al Gaddafi, siendo esta última vinculación la que agotó la paciencia de los franceses, quienes complotaron para urdir su derrocamiento, que aconteció el 20 de septiembre de 1979 a través de un golpe de estado. El “Emperador” no se quedó corto y acusó al presidente francés de traición pese a haber recibido regalos en forma de diamantes costosos. Esta afirmación provocó un terremoto mediático en Francia y un daño terrible a Giscard d’Estaing, siendo una de las causas fundamentales para que, en las elecciones presidenciales francesas de 1980, triunfase el socialista Francois Miterrand

Sin embargo, Bokassa no lo pasó mal posteriormente, la inmensa fortuna mal habida de los diamantes centroafricanos fue disfrutada en exuberantes castillos en la campiña francesa y cuentas abultadas en bancos europeos. El “monarca” tuvo más de cincuenta hijos en diversas mujeres. Tal era su confianza, que regresó como si nada hubiese pasado a Bangui el 24 de octubre de 1986, pensando que su pueblo le daría una bienvenida triunfal. Se equivocó.

La justicia del país centroafricano había iniciado un proceso judicial en su contra por diversos delitos cometidos en su “reinado” Ni bien puso pie en Bangui, Bokassa fue detenido y juzgado, se probaron todos los cargos excepto los de canibalismo que no pudieron ser plenamente corroborados, siendo condenado a la pena de muerte, esta sentencia fue conmutada a prisión perpetua. Fue recién en 1993 que se dictó una amnistía general y salió libre, muriendo posteriormente el 3 de noviembre de 1996, signado por el escarnio y la vergüenza.

Bokassa creyó que era un predestinado, llegando su megalomanía a tal extremo que impuso una extravagante monarquía a su medida, sobre las espaldas de uno de los pueblos más pobres de África que paradójicamente tenía uno de los yacimientos mineros más ricos del Mundo. Sin embargo, su poder fue efímero, los mismos que lo respaldaron interna y externamente, le dieron la espalda cuando las necesidades estratégicas internacionales cambiaron y el “emperador” decidió tomar un curso propio contrario a los intereses de Francia.

La riqueza mal habida es efímera y la extravagancia que la acompaña hace pensar que ambas son eternas, sin serlo al final de cuentas. El caso de Jean Bedel Bokassa "Emperador de África Central por la voluntad del pueblo centroafricano, unido al partido político nacional, el MESAN", así lo demostró.

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