Buscando la verdad
Gary Rodríguez Álvarez
10/02/2016 - 09:04

Ama Sua, Ama Llulla, Ama Quella…

El Presidente Morales anunció a fines del 2014 su deseo de enfrentar juntos, gobierno-empresarios, la baja del precio del petróleo, para lo cual los convocó y recibió sugerencias. Recientemente dio cuenta de una nueva reunión con el empresariado para recibir propuestas y garantizar el crecimiento en un escenario de crisis. ¡Excelente!

Cuando Bolivia sufre ya los efectos de un entorno desfavorable, saber que el gobierno está del lado de quienes arriesgan, invierten, producen y comercian dentro de la legalidad, es saludable. Nadie quiere que Bolivia llegue a la situación de Venezuela, Brasil, Ecuador o Argentina -con pronósticos de recesión e inflación- por los errores cometidos.

Pero, para enfrentar con éxito un indeseado escenario de crisis, la condición indispensable en favor de quienes actúan dentro de la formalidad debería ser un trato justo, equilibrado y -por qué no, amigable- de parte de las instituciones del Estado, las que, sin dejar de fiscalizar pero bajo el principio de la buena fe, ayuden a que el crear riqueza y empleo para los bolivianos sea mucho menos difícil, pues cuando las actitudes y las sanciones contra quienes intentan hacer bien las cosas son mas bien muy severas, la desconfianza aumenta y se arruina todo.

¿Cuál podría ser la consecuencia de enfrentar un entorno económico cada vez más difícil, con fiscalizaciones y controles asfixiantes, como varios dirigentes empresariales han señalado? El inducir a la informalidad, a la ilegalidad, al cierre o a hacer escapar las inversiones, con lo que el PIB crecería menos y la pobreza, mucho más.

Veamos a Bolivia como una gran familia con muchos hermanos, donde unos son empresarios, otros empleados; unos se rajan por mejorar, otros disfrutan del esfuerzo ajeno; unos se esmeran por respetar las normas, otros afrentan abiertamente la ley. En una situación así no es justo tratar a todos por igual. No es justo que al que apuesta por trabajar honradamente queriendo ayudar a los menos favorecidos, se lo castigue por un involuntario error u omisión, mientras otros la pasan bomba en la ilegalidad. No es justo que al que madruga para alimentar a sus hermanos, no se lo apoye y hasta se lo trate mal.

Si gobernantes y gobernados no actuamos en justicia ayudándonos -de buena fe- unos a otros, se corre el grave riesgo de empujar a los buenos a la ilegalidad. Entonces habrán triunfado aquellos para quienes el Ama Sua (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso) y Ama Quella (no seas ocioso) no significa nada…

(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional

Fuente: “El Deber”

Santa Cruz, 10 de febrero de 2016

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